Del estilo que se ha de tener en
entrar en Escuelas, y estar
en ellas.
Mvy Limado y puesto en razon està en todas las Escuelas, el estilo de
entrar y estar en ellas, y especial en la de mi Maestro, que es la que
yo mas he cursado, y de donde yo he sacado y aprendido toda la doctrina
inclussa en este Tratado: y es muy cierto que no ay Escuela que oy
no la obserue y guarde, por ser tal, aunque vnos con mas obseruancia
que otros. Esto consiste en la entereza de los Maestros, porque ay
algunos, que aunque no ignoran lo que deben hazer, dexan passar por
alto algunas cosas, por no parecer prolijos ni desabridos cõ los que
assisten a las Escuelas. Mas yo no puedo dexar de escribir lo que en
este articulo alcanco, por ser vno de los mas importantcs; y que no es
bien dexe de estar impresso, por si alguno quiere poner Escuela, sepa,
sin preguntar, lo que à de hazer: porque los Maestros que oy son (como
tan diestros) no lo ignoran, antes cada vno de por si puede hazer vn
Tratado que auentaje a este, por estar mas en todos los puntos, y ser
mayor su obligacion de estar en ellos, como tales Maestros. Y la causa
de no auer ninguno escrito del Arte, es, porque la mucha ocupacion no
les dá lugar; y el escriuir qualquier cosa, quiere mucho desembaraco.
Digo pues, que qualquier persona que entràre en las Escuelas, debe en
primer lugar hazer la cortesia al Maestro, y luego a los circunstantes,
y tomar el assiento que pudiere, o el que le dieren; que deben los
circunstantes ofrecersele. Debe el Maestro al que entràre cõ el
modo que he dicho, quitarle el sombrero, aũque estè tañendo pot su
entretenimiento; mas si tañere dançando alguno, cumple solo cõ baxar
el rostro: porque no es estilo en tal ocasiõ, dexar de tocar, sino
es entrando vn Iuez, como Oydor, o Alcalde de Corte, ò otro juez desta
calidad. Y si el que entra es algũ Maestro, ha de aguardar a que el
discipulo acabe de dançar, y luego leuantarse y ofrecerle su silla y
instrumento, haziẽdo en ello mucha instancia: lo qual si yo fuera el
Maestro forastero, no aceptàra; y lo que hiziera, fuera, sentarme al
lado de el Maestro, y si huuiera otro instrumento, le tomàra y tocàra
a la par con el otro Maestro. Y por esta razon, y por si falta vna
puente, o cuerda, es mal hecho que el Maestro estè en su Escuela con
vn solo instrumento. Esto de juntarse dos Maestros en Escuelas, sucede
pocas vezes: porque los Maestros de reputacion, jamas han de faltar
de su Escuela a la hora acostumbrada, especialmente de noche; sino es
tal vez, siendo combidado para juzgar algun reto, o otro accidente;
y aun para esto debe auisarlo la noche antes, porque los dicipulos
no se enfaden hallando cerrada la Escuela. Y si la ocasion se mueue
a tiempo que no pueda dar la noticia, debe otro dia en juntandose
los discipulos, darles la disculpa, porque cõ esto, aunque aya hecho
falta, los dexa gustosos con la satisfacion. Suelen entrar algunos en
las Escuelas sin hazer cortesia a nadie, y salirse de la mesma suerte:
y otros, que si la hazen, es en comun, o à algun particular amigo que
alli tienen. Esta aunque es ignorancia, no es crassa, como la primera:
porque el que no sabe de Escuelas, no tiene obligacion de saber si a
de singularizar al Maestro: mas el que no la haze a nadie, debe de
obligacion saber, que a toda aquella gente se ha de hazer cortesia.
Esto se murmura la primera y segunda vez; mas si a la tercera no se
enmiẽda, ya se puede presumir q̃ vno y otro es maliciosamente hecho,
pues en las dos vezes que ha entrado en la Escuela, no puede dexar de
auer visto entrar a otros, que sabẽ lo que an de hazer. Y puesto que
no saca fruto de ver, es bien se le diga, o por el Maestro, o por vn
discipulo diestro, o antiguo que allí se hallàre, y advertirle por
muy cortes modo, por no ocasionar a disgusto. Y tal faccion como
esta siempre la executa el discipulo mas antiguo, o diestro. Antes
que se empiece a dançar en las Escuelas, no se debe dar lugar a que
nadie estè en pie ni passeãdose, sino assentados; y el que no tuuiere
donde sentarse, se ha de poner en parte q̃ no estorue. Si entran
algunas mugeres en la Escuela, debe el Maestro leuantarse cõ mucha
cortesia, y acomodarlas en parte q̃ no esten junto a los hombres, ni
conuersando con ellos. Y lo que yo hiziera, fuera tener vnas tarimas
a mi lado donde sentarlas con mucha decencia: porque de otra suerte
tiene mal remedio. Y esto de no cõsentir esten las mugeres con los
hombres, se debe hazer aunque vengan con sus maridos, o hermanos,
porque los circunstantes no lo sabẽ: y si acierta a entrar vn juez,
no lo puede saber, y debe euitar la comunicacion, o por lo menos
aueriguar la verdad: lo qual cessa con hallarlos apartados. Mientras
se dança, se ha de tener tanto silencio, que por ningun caso se ha
de oir hablar, ni reir a nadie; por que es vna de las descortesias
mas dañosas que se hazen, y especial la de la risa, por dos cosas.
La primera, porque siempre el que dança, colige que se rien del. La
segunda, porque el ruido por poco que sea, embaraça el oido del que
dança, mayormẽte si es discipulo moderno, o tiene poco oido: y del
reir quãdo se dãça, o por caida, o por algũ mouimiẽto mal hecho, o
por otro acidente, se hã originado muchos retos. Quando el q̃ dãça
haze la reuerencia, debe hazerla a todo el auditorio, y todos deben
quitarle el sombrero. No debe dar lugar el Maestro, a que dãçãdo
atrauiesse ninguno por entre el Maestro y el que dança: y esta en si
bien se conoce es descortesia euidente. Si algun discípulo viene a la
Escuela a dançar con malos çapatos, o roto el vestido, de suerte q̃ se
le vea la camisa, o pũtos en las medias, o otro desasseo deste genero,
debe el Maestro corregirlo: porque el desaliño, ya se vè, es muy mal
parecido, especialmente para dançar. No puede ninguna persona pedir,
de suerte que se oyga, a ninguno que se dãce particularmente alguna
pieça, sino aguadar a que se dance en Escuela, pues alli se executa
todo quanto ay que ver: que esta particularidad solo la puede pedir el
Maestro, por complacer a quien quisiere. No debe ningun Maestro dar
lugar a que en su Escuela se murmure de otros Maestros, ni discipulos,
ni de otra persona alguna, antes reprehenderlo, y reñirlo, porque a el
solamẽte le toca: y aueriguada la murmuracion, se le culpará mucho al
Maestro auerla cõsentido. Por todas estas razones que hé dicho en este
Capitulo, no tan solamente se deben frequentar las Escuelas para saber
dançar, sino tambien para aprender cortesia, aliño, compostura, y bien
hablar, y a ser capazes de muchas materias: porque los que estan en
Escuelas, miẽtras no se dança, se habla de la destreza de las armas,
de la Gramatica, de la Filosofia, y de todas las demas auilidades que
los hõbres de buen gusto professan; de que los oyentes suelen salir
aficionados, y desseosos de seguir los passos que los demas. Ha auido
muy pocos que dancen, que no ayã frequentado las armas; porque como
se hallan diligentes y prestos de pies, y cõ fuerça en las piernas,
y tienen los oydos llenos de oyr en la Escuela tratar de la destreza,
que es de lo que mas se trata, en viendose con medianos pulsos, van
à aprẽder: y estos tales se hazen capazes mas apriessa, que el que
no sabe dançar. Y por esso el dançar y juego de armas los tẽgo por
hermanos, porque ambas cosas en vn sujeto se dan muy bien las manos.
Y en este Tratado podia yo poner muchos diestros de ambas auilidades,
como lo son Alberto de la Cuesta, Familiar del Santo Oficio: Iuan de
Pastrana, Escriuano de su Magestad, vezinos de Madrid, y otros muchos
que no pongo por no ser enfadoso. Y singularizo estos dos, porque
efectiuamente estan en esta Ciudad obrando ambas cosas con excelencia,
que es notorio a todos los que los conocen.