VI.

La muerte del rey de Castilla, Enrique IV; la reunion de las dos coronas

de Aragon y Castilla, por el casamiento de Isabel I y Fernando V; el

formidable carácter del rey de Granada Abul-Hhacem, y la desunion de sus

vasallos, habian marcado al momento en que debia sucumbir Granada.

Añadíanse otras ambiciones secundarias á las del hermano y el hijo de

Muley-Hhacem, y otras rivalidades terribles.

Estas ambiciones eran las de dos hijos de Abul-Hhacem, llamados los

infantes Cidí Yahye y Cidí Al-Hhamar, hijos de una renegada cristiana

que Abul-Hhacem habia cautivado en su juventud en la frontera de Martos,

por lo que habia repudiado á su prima la sultana Aixa-la-Horra[120], lo

que habia establecido odios y banderías entre las dos sultanas,

Aixa-la-Horra y Zoraya[121] la renegada[122].

Ayudaba la poderosa familia de los zegríes á la sultana Zoraya: la no

menos poderosa de los abencerrages, á la Horra: los Zenetes, los

Masamudes, los Mazas, los Gomeles, todas las familias, en fin, estaban

entre sí enemistadas y divididas.

Los Reyes Católicos eran demasiado políticos para no volver en su

provecho estas disensiones de Granada, y á su advenimiento al trono, al

pretender Muley-Hhacem ratificar con ellos las treguas que habian tenido

con Enrique IV, Fernando é Isabel le habian impuesto como condicion, que

se confesase su vasallo y les pagase tributo.

La respuesta de Muley-Hhacem fué altiva y dura.

«Id y decid á vuestros reyes, dijo á los embajadores castellanos que

habian ido á hacerle tal proposicion, que ya murieron los reyes de

Granada que pagaban tributo á los cristianos, y que en Granada no se

labra sino alfanges y lanzas contra nuestros enemigos.»

Dicho esto despidió á los embajadores y mandó hacer los preparativos

para una guerra con Castilla, á pesar de que los Reyes Católicos

concedieron la tregua sin otra condicion.

Pero no tardó él mismo en romperla: en el año de ochocientos ochenta y

seis[123], aprovechando el descuido de los cristianos en la frontera,

entró por ella á sangre y fuego; se puso sobre Zahara, villa situada

entre Ronda y Medina Sidonia, y á pesar de que estaba bien guarnecida,

la sorprendió durante las tinieblas de una noche oscurísima y

tempestuosa, en que se desplomara el aguacero y bramaba el huracan. Los

cristianos, á quienes la tregua y lo tempestuoso de la noche, hacian

creerse seguros, despertaron despavoridos y pasaron del sueño á la

muerte.

Al regresar Muley-Hhacem á Granada y en medio de los plácemes de sus

cortesanos, dicen que el anciano fakí Al-Macer dijo con sobrado valor al

salir del alcázar:

--«¡Las ruinas de Zahara caerán sobre nuestras cabezas! ¡Ojalá mienta

yo, que el ánimo me dá que el fin y acabamiento de nuestro señorío en

España es ya llegado!»

A pesar de esto, el rey Abul-Hhacem sin hacer caso de los alimes[124] y

de los fakies[125] seguia en sus algaras y cabalgadas y amagaba á las

villas fronterizas aunque no podia tomarlas, porque los cristianos, con

el escarmiento de Zahara, estaban prevenidos, contentándose con talar la

tierra y cautivar y robar lo que encontraba de muros afuera.

No se hizo esperar mucho tiempo la venganza de los cristianos por la

desgracia de Zahara. A principios del año de ochocientos ochenta y

siete[126], don Rodrigo Ponce de Leon, señor de Marchena, con gentes de

Sevilla, se encaminó á la frontera con el bravo intento de tomar la

ciudad de Alhama: á media legua de la ciudad, se detuvo con sus ginetes

y peones en unos profundos valles rodeados de recuestos y collados muy

altos, y oculto en aquel lugar esperó á la noche; cuando esta hubo

llegado, y por cierto densa y oscura, se encaminaron á Alhama, y como al

acercarse notasen que todo estaba tranquilo en el castillo, algunos de

los cristianos pusieron con gran silencio escalas á la muralla, subieron

con gran ánimo á ella, mataron los centinelas que encontraron dormidos,

abrieron las puertas que daban al campo, y dieron entrada al resto de

sus gentes. Los moros, sorprendidos por aquella hazaña, resistieron muy

poco, y los mas se salieron del castillo, bajaron á la ciudad y cerraron

sus puertas, procurando defenderse con palizadas y barreras.

A la venida del dia, los cristianos emprendieron el asalto; pusieron

escalas por diferentes puntos, y á pesar de que los moros se defendian

bravamente, los cristianos, aunque á costa de una gran mortandad,

lograron penetrar en Alhama.

El combate duró todo el dia y parte de la noche.

Los moros se defendian de calle en calle, en las que hacian barreras con

los muebles, con las puertas, con los carros, con cuanto encontraban á

mano; pero la llegada de un refuerzo de cristianos, decidió en favor de

estos la victoria.

Los moros fueron casi en su totalidad degollados.

Las mugeres, los viejos y los niños, que se habian acogido como débiles

é inermes á la mezquita principal, fueron muertos sin compasion, y casas

y calles y mezquitas solo mostraban cadáveres.

La venganza que los cristianos tomaron por el desastre de Zahara, fué

completa y horrible.

La noticia de este desastre llenó de luto á Granada, los fakies cruzaban

por las plazas y por las calles llorando á voces y pronunciando las mas

terribles y funestas profecías: el pueblo estaba espantado, y aumentaba

el espanto la llegada de los habitantes de las villas fronterizas que

venian desalados á encerrarse en Granada con sus haberes, temerosos de

una suerte igual á la de Alhacen.

Pero Muley-Hhacem no se aterró; reunió de golpe tres mil caballos y

cincuenta mil peones y marchó sobre Alhama, pero con la precipitacion se

habia olvidado de llevar artillería y no pudo recobrar la ciudad.

Mas adelante volvió á cercar á Alhama, y ya casi estaba á punto de

rendirse cuando le avisaron de que su presencia era necesaria en

Granada.

Su hijo y su hermano se le habian rebelado cada cual por su parte, y era

llegado el momento en que los bandos interiores no le dejasen tiempo ni

fuerza para atentar á la defensa de sus fronteras.

La alhambra; leyendas árabes · 第 211 / 311 题