Muhamad-al-Zaquir fué proclamado bajo el nombre de Muhamad VIII, en
1427.
Reconociéronle por su rey las principales ciudades del reino; hubo
magníficas fiestas en Granada, y él mismo, que se jactaba de ser buen
justador, entraba en las parejas y contiendas, y hacia notables
gallardías arrojando las cañas con singular acierto y ligereza, evitando
los tiros con facilidad, y volviendo y revolviendo con sin igual
destreza su caballo.
Observando una conducta enteramente opuesta á la de Al-Hayzarí,
frecuentaba el trato de sus caballeros, comia con ellos, les hacia ricos
presentes, captándose su voluntad por todos los medios imaginables.
Del mismo modo cuidó de inutilizar á los partidarios del depuesto
Al-Hayzarí, y el wacir Juzef-Ebn-Zeragh se vió obligado á salir de
Granada con la mayor parte de los caballeros de su linage, que avisados
á tiempo de las aviesas intenciones del rey hácia ellos, huyeron al
reino de Murcia, donde tenian amigos que los ocultaron.
Algunos de estos abencerrages que se quedaron confiadamente en Granada,
probaron el tiránico rigor de Al-Zaquir, que creyéndose ya asegurado en
el trono, empezó á dar muestras de su condicion sanguinaria y cruel.
Con el wazir Juzef habian huido á Murcia veinte caballeros abencerrages,
que habiendo recibido seguro del rey don Juan el II, pasaron á besarle
la mano á la corte de Castilla.
Sabedor el rey, por la relacion de estos caballeros, de las tiranías de
Al-Zaquir, y que huyendo de ellas habian pasado á Castilla y á África
mas de quinientos caballeros, y movido á compasion por la desgracia de
su aliado el rey Muhamad-Al-Hayzarí, ofreció al wazir Ebn-Zeragh
restituir al trono al depuesto rey.
A este propósito acordó que el alcaide de Murcia, en compañía de
Ebn-Zeragh, pasase á Túnez con cartas suyas para que el emir Abu-Farís
ayudase á cobrar el reino de Granada y restituir al trono á su legítimo
rey, y el de Castilla pedia al de Túnez que le enviase al destronado
rey, que él haria de modo que fuese restituido á su anterior dignidad.
Recibido este mensage, el emir de Túnez dió órden para que
Muhamad-Al-Hayzarí pasase á España con quinientos caballeros y muchas
riquezas, y al mismo tiempo envió al rey de Castilla, con el alcaide de
Murcia, telas de seda y oro, linos muy delicados, aromas, preciosidades,
y una cria de leoncillos domesticados.
Al-Hayzarí pasó á Orán en compañía de Ebn-Zeragh y de sus caballeros,
embarcóse en aquel puerto, saltó en tierra de Granada por la parte de
Vera, cuya ciudad le recibió con aclamaciones de alegría, y Almería del
mismo modo le recibió de nuevo por su rey.
Cuando estas novedades llegaron á oidos del usurpador Al-Zaquir se
alarmó sériamente, y envió sin perder momento á su hermano con
setecientos caballos escogidos, contra la gente del rey Al-Hayzarí, pero
mas de la mitad de esta gente se pasó á la del rey, y el infante, no
atreviéndose á acometer nada con los que le habian quedado, se volvió.
Facilitado el paso á los del rey Al-Hayzarí, desde Almería, adelantaron
hasta Guadix, y esta ciudad abrió sus puertas y recibió por su señor al
rey, jurándole obediencia en el mismo dia.
No tardaron en llegar á Guadix gran número de caballeros de Granada que
animaron á Al-Hayzarí para pasar á ella, asegurándole tan buena acogida
como en Almería y Guadix: así, pues, confiando en la fortuna, aunque con
algun recelo, partió Al-Hayzarí á Granada, llevando consigo un gentío
inmenso que de todas partes le seguia ávido de novedades, por las que
sin otra causa ni motivo le aclamaba aquella muchedumbre.
Al ver el usurpador acercarse esta tormenta, tuvo miedo; se pasó de
noche del Albaicin al alcázar de la Alhambra, y se fortificó en él.
Al dia siguiente entró Al-Hayzarí en Granada, que le recibió con grandes
aclamaciones, y cercando á seguida la Alhambra, se apoderó de Al-Zaquir
y le mandó cortar la cabeza.
Acaecieron estos sucesos en 1427.