La entrada fué magnífica: le salió á recibir toda la nobleza; las calles
estaban adornadas de arcos de triunfo y cubiertas de flores; las paredes
entapizadas de ricos paños de seda y oro, y por todas partes resonaban
las aclamaciones populares.
Paseó la ciudad dos dias, manifestando su agradecimiento y amor á los
habitantes, y cada vez las demostraciones del afecto popular crecian,
porque sus virtudes y su afabilidad eran muy conocidas.
Fué proclamado con el nombre de Juzef III.
Inmediatamente envió un embajador al rey de Castilla don Juan II,
participándole su advenimiento al trono, y para darle á conocer sus
pacíficas intenciones, y cuánto era su deseo de establecer una paz
sólida y duradera entre Granada y Castilla.
Recibieron favorablemente en la corte de Castilla al embajador, y se
convinieron las treguas como en tiempo del difunto rey Muhamad.
Pasado el tiempo de la tregua, Juzef envió á su hermano Alí á Castilla,
á que la prorogase, pero los gobernadores de Castilla pretendian que el
rey Juzef se declarase vasallo de su rey.
El infante Cid Alí se negó á esta humillacion, y dijo que no tenia
licencia de su hermano el rey para obligarse hasta tal punto, y se tornó
á Granada sin concertar las treguas.
Por lo tanto, en el momento que terminaron las anteriores, el infante
don Fernando, gobernador de Castilla, entró poderosamente en el reino de
Granada, y puso sitio á la ciudad de Antequera.
Acudieron al socorro de la ciudad los infantes hermanos del rey Cid
Ahmed y Cid Alí, pero el infante don Fernando habia mandado levantar una
cerca muy alta al rededor de la ciudad, y estrechados los habitantes por
el hambre, se avinieron á entregar la ciudad, saliendo salvos con todos
sus haberes.
Desde entonces el infante de Castilla se llamó don Fernando el de
Antequera.
Despues de la rendicion de esta ciudad, rindió á Hins-Híjar, y otras
fortalezas de la comarca.
Por este tiempo, oprimidos los moros de Gibraltar por las tiranías y las
exacciones de su walí, y cansados de su sujecion al rey de Granada,
escribieron al emir de Fez, y se le ofrecieron por sus vasallos si les
socorria.
El emir Abu-Sayd, recibió con gozo este embajador, y envió á su hermano
Cid Abu-Sayd con dos mil hombres á que ocupase á Gibraltar.
Pasó el infante de Fez el estrecho, llegó á Gibraltar, abriéronle los de
la ciudad las puertas, y el walí se retiró á la fortaleza, y viendo que
no le acudia socorro de Granada, estaba á punto de entregarse cuando
llegó el infante Cid Ahmed con un fuerte escuadron de caballería y
rescató la ciudad.
Insistió de nuevo Juzef en sus treguas con el rey de Castilla, y las
pactó por dos años.
Mientras vivió el rey Juzef, Granada gozó los beneficios de la paz, y la
corte era el refugio de los caballeros agraviados de Castilla y Aragon:
allí iban á concluir sus diferencias, eligiendo por juez al rey Juzef, y
este les daba campo para sus desafíos y combates de honor; siendo al
mismo tiempo tan conciliador, que despues de darles campo, y apenas
principiada la lid, los daba por buenos caballeros y los hacia volver
amigos y vivir juntos y honrados de su corte.
Amábanle, pues, propios y estraños, y especialmente la reina doña
Catalina de Lancaster, madre del rey de Castilla, con quien mantenia
correspondencia muy familiar, y se hacian mutuos presentes.
Este buen rey murió de una manera súbita en 1425.