IX.

La entrada fué magnífica: le salió á recibir toda la nobleza; las calles

estaban adornadas de arcos de triunfo y cubiertas de flores; las paredes

entapizadas de ricos paños de seda y oro, y por todas partes resonaban

las aclamaciones populares.

Paseó la ciudad dos dias, manifestando su agradecimiento y amor á los

habitantes, y cada vez las demostraciones del afecto popular crecian,

porque sus virtudes y su afabilidad eran muy conocidas.

Fué proclamado con el nombre de Juzef III.

Inmediatamente envió un embajador al rey de Castilla don Juan II,

participándole su advenimiento al trono, y para darle á conocer sus

pacíficas intenciones, y cuánto era su deseo de establecer una paz

sólida y duradera entre Granada y Castilla.

Recibieron favorablemente en la corte de Castilla al embajador, y se

convinieron las treguas como en tiempo del difunto rey Muhamad.

Pasado el tiempo de la tregua, Juzef envió á su hermano Alí á Castilla,

á que la prorogase, pero los gobernadores de Castilla pretendian que el

rey Juzef se declarase vasallo de su rey.

El infante Cid Alí se negó á esta humillacion, y dijo que no tenia

licencia de su hermano el rey para obligarse hasta tal punto, y se tornó

á Granada sin concertar las treguas.

Por lo tanto, en el momento que terminaron las anteriores, el infante

don Fernando, gobernador de Castilla, entró poderosamente en el reino de

Granada, y puso sitio á la ciudad de Antequera.

Acudieron al socorro de la ciudad los infantes hermanos del rey Cid

Ahmed y Cid Alí, pero el infante don Fernando habia mandado levantar una

cerca muy alta al rededor de la ciudad, y estrechados los habitantes por

el hambre, se avinieron á entregar la ciudad, saliendo salvos con todos

sus haberes.

Desde entonces el infante de Castilla se llamó don Fernando el de

Antequera.

Despues de la rendicion de esta ciudad, rindió á Hins-Híjar, y otras

fortalezas de la comarca.

Por este tiempo, oprimidos los moros de Gibraltar por las tiranías y las

exacciones de su walí, y cansados de su sujecion al rey de Granada,

escribieron al emir de Fez, y se le ofrecieron por sus vasallos si les

socorria.

El emir Abu-Sayd, recibió con gozo este embajador, y envió á su hermano

Cid Abu-Sayd con dos mil hombres á que ocupase á Gibraltar.

Pasó el infante de Fez el estrecho, llegó á Gibraltar, abriéronle los de

la ciudad las puertas, y el walí se retiró á la fortaleza, y viendo que

no le acudia socorro de Granada, estaba á punto de entregarse cuando

llegó el infante Cid Ahmed con un fuerte escuadron de caballería y

rescató la ciudad.

Insistió de nuevo Juzef en sus treguas con el rey de Castilla, y las

pactó por dos años.

Mientras vivió el rey Juzef, Granada gozó los beneficios de la paz, y la

corte era el refugio de los caballeros agraviados de Castilla y Aragon:

allí iban á concluir sus diferencias, eligiendo por juez al rey Juzef, y

este les daba campo para sus desafíos y combates de honor; siendo al

mismo tiempo tan conciliador, que despues de darles campo, y apenas

principiada la lid, los daba por buenos caballeros y los hacia volver

amigos y vivir juntos y honrados de su corte.

Amábanle, pues, propios y estraños, y especialmente la reina doña

Catalina de Lancaster, madre del rey de Castilla, con quien mantenia

correspondencia muy familiar, y se hacian mutuos presentes.

Este buen rey murió de una manera súbita en 1425.

La alhambra; leyendas árabes · 第 197 / 311 题