El ambicioso infante Muhamad habia hecho que sus intrigas y la ayuda de
sus parciales, prevaleciesen sobre la voluntad de su padre, que habia
dejado el reino á su hermano mayor Juzef, y le proclamasen en su lugar
rey los mas poderosos del reino.
Su primer decreto fué el que reducia á prision á su hermano Juzef, que
inmediatamente fué llevado á Jalubania (Salobreña) y encerrado en una
torre, con órdenes rigorosísimas para que fuese bien guardado.
Permitióle, sin embargo, llevar consigo su familia y su harem, y dió
órden para que nada faltase á su comodidad y regalo.
Era Muhamad hermoso, de buen ingenio, valiente, afable, y muy apropósito
para ganarse la voluntad del pueblo.
Queriendo evitar un rompimiento con los cristianos, tomó una resolucion
audaz. Partió de Granada sin pompa de ningun género, como un caballero
particular, y de incógnito, fingiéndose embajador de sí mismo,
acompañado de veinte y cinco valientes y esforzados caballeros, pasó á
Toledo y se presentó al rey de Castilla, que le honró, y renovó con él
las paces que habia tenido con su padre.
Al mismo tiempo escribió al rey de Fez escusándose de la determinacion
que habia tomado de encerrar á su hermano, por el bien de la paz y la
tranquilidad del reino.
Poco tiempo despues, los fronteros de Andalucía entraron en tierra de
Granada adelante, talándola contra lo concertado en las treguas.
Muhamad prefirió tomar el desagravio por sí mismo, á quejarse al rey de
Castilla, y entró á su vez en tierra de cristianos por el Algarbe,
talando y saqueando, y apoderándose de la fortaleza de Ayamonte, que á
pesar de las reclamaciones del rey de Castilla no devolvió, por lo que
se rompió de todo punto la tregua.
Suspendió la llegada del invierno esta guerra en su principio, y cuando
el rey de Granada esperaba que viniese sobre él en persona con un
poderoso ejército el de Castilla, murió éste, dejando el reino a su hijo
Yahye (Juan el II) que era muy niño, y la gobernacion, en su nombre, á
su tio el infante don Fernando, conocido mas adelante con el renombre de
_el de Antequera_.
Don Fernando continuó la guerra que no habia podido proseguir su difunto
hermano don Enrique III, y tomó á Zahara y la fortaleza de Azeddin, y la
de Setenil, y las de Ayamonte, Priego, Lacobin y Ortegicar.
En vez de salir Muhamad al encuentro de este ejército vencedor, y para
dividirle y fatigarle, entró por el reino de Jaen talándolo todo y
obligando á los cristianos á acudir al reparo, y á dejar sus recientes
conquistas.
A principios del año siguiente, Muhamad marchó contra Alcalá con un
ejército de siete mil caballos y doce mil infantes, con el cual sostuvo
con los cristianos tantos y tan reñidos encuentros, que entrambas
huestes perdieron sus principales capitanes, y se vieron obligadas de
comun acuerdo á pactar una tregua de ocho meses, que fué ratificada por
el rey de Castilla, á quien Muhamad envió sus mensageros.
Durante esta tregua se sintió tan enfermo Muhamad, que los médicos
desconfiaron de curarle, y declararon que el término de aquella
enfermedad era su muerte.
Creyólo al fin Muhamad, y por asegurar la corona en su heredero,
determinó dar muerte á su hermano Juzef, que estaba preso en Jalubania,
y escribió la siguiente carta al gobernador de aquella fortaleza.
«Alcaide de Jalubania, mi servidor, luego que de mano de mi arraez,
Ahmed-ebn-Jarac recibas esta carta, quitarás la vida á Cid Juzef, mi
hermano, y me enviarás su cabeza con el portador: espero que no hagas
falta en mi servicio.»
Cuando el arraez llegó con esta funesta carta á Jalubania, Juzef, el
príncipe sentenciado, jugaba al ajedrez con el alcaide de la fortaleza,
sentados sobre preciosos tapices bordados de oro y en almohadones de oro
y seda.
Cuando el alcaide leyó la órden, se inmutó y tembló, porque Juzef por
sus escelentes prendas, se ganaba los corazones de todos.
El arraez daba prisa al alcaide para que cumpliese la órden del rey, y
el alcaide no se atrevia á dar parte al príncipe de tan cruel decreto.
Pero Juzef, conociendo por la turbacion del alcaide la importancia de la
órden, le dijo:
--¿Qué manda el rey? ¿trata de mi muerte? ¿pide mi cabeza?
Entonces el alcaide le dió la carta, y despues de leerla dijo al arraez:
--Permíteme algunas horas para despedirme de mis doncellas y distribuir
mis alhajas entre mi familia.
--Señor, dijo el arraez: no puede detenerse la ejecucion, porque he
traido por horas el tiempo de mi vuelta.
--Pues á lo menos, dijo Juzef, acabemos el juego, y acabaré perdiendo.
Era tanta la turbacion del alcaide, que no movia pieza que no cometiese
un desacierto, y tanto el valor y la serenidad del príncipe, que le
avisaba de sus equivocaciones.
Seguia el juego, y el arraez se impacientaba, cuando llegaron dos
caballeros de Granada á rienda suelta, aclamando á Juzef y pregonando la
muerte de su hermano Muhamad.
Dudaba de ello Juzef, y apenas creia lo que pasaba, cuando la llegada de
otros caballeros principales confirmó la noticia, y Juzef fué llevado
apresuradamente á Granada.