El infante Ismail fué proclamado rey.
Paseole á caballo por la ciudad su cuñado y favorecedor Abu-Abdallah
entre sus parciales, y sin perder tiempo escribió al rey de Castilla
para que le favoreciese y le tuviese por su vasallo, lo que consiguió
fácilmente.
Entretanto el destronado rey Muhamad, aunque confiaba en la lealtad de
los de Guadix, envió mensageros al emir de Fez participándole lo que le
acontecia y pidiéndole ayuda.
Pidiósela de igual modo al rey de Castilla.
Pero viendo que ninguno de los dos le socorria, partió de Guadix
acompañado de gran número de caballeros, se embarcó en Marsella y se
trasladó á Fez, donde el emir Abu-Salen le recibió con grande aprecio,
honores y distinciones, obsequiándole con nunca visto aparato y
magnificencia, prometiéndole su ayuda, y con tanta presteza y
generosidad, que mandó levantar dos ejércitos que fuesen con él, y con
los cuales se embarcó para dar la vuelta á Andalucía Muhamad, y cuando
estuvo en España, escribió al rey de Castilla (Don Pedro el Cruel)
participándole el estado de sus asuntos y las razones que le habian
obligado á buscar auxilio en Africa.
Tembló España á la presencia de la inmensa morisma que habia
desembarcado con Muhamad, y sobre todo, el usurpador Ismail, que se
apresuró á salir contra aquella hueste á probar la fortuna de una
batalla.
Pero Muhamad era desgraciado.
En estos momentos supremos, cuando las armas iban á decidir su fortuna,
murió el emir de Fez Abu-Salen, que habia sido asesinado en Africa.
A esta noticia los caudillos de los berberiscos que ayudaban á Muhamad
se volvieron á Africa dejando solo á Muhamad, que se refugió en Ronda,
que se le mantenia fiel.
Desde allí volvió á pedir socorro al nuevo emir de Fez.
Entretanto, el usurpador Ismail-Ebn-Juzef ocupaba el trono de la
Alhambra.
Era de buena estatura, y tan bello, que parecia una muger hermosa, pero
tenia tambien el ánimo afeminado, débil, y dado á los deleites y al amor
de las mugeres.
Su cuñado Abu-Albdallah-Abu-Sayd, que le habia ayudado á subir al trono,
le trataba con desprecio, y muy pronto su ambicion no se satisfizo con
mandar á nombre del débil rey, sino que quiso su corona.
Otra nueva conspiracion ensangrentó la Alhambra.
Abu-Sayd y sus parciales se apoderaron del alcázar, y el usurpador
Ismail se vió obligado á huir al palacio del Albaicin, donde fué cercado
y preso, y conducido á la Alhambra á la presencia de Abu-Sayd.
Este le trató con desprecio, le despojó de sus magníficas vestiduras y
le envió á una prision.
En el camino, los soldados que le conducian, le mataron de órden de
Abu-Sayd, y le cortaron la cabeza, que fué paseada en público.
De la misma manera cortaron la cabeza á su hermano menor el infante
Caís.
Nadie se atrevió á recoger los cuerpos despedazados de los dos infelices
infantes, que se pudrieron al aire, colmando el horror de aquella
traicion miserable.