Al grande, al sabio, al justo rey Abul-Hegiag, sucedió su hijo Muhamad
V, tenia veinte años de edad, era hermoso, de carácter firme, y de trato
apacible, siendo además muy humano, generoso y franco. Dicen las
crónicas árabes que era tan compasivo, «que muchas veces sus lágrimas
manifestaban cuanto sentia su corazon las aflicciones y calamidades que
le referian, y asimismo tan benéfico y liberal, que ganaba el amor de
cuantos tenian la fortuna de tratarle; negó la entrada de su alcázar á
los aduladores y ministros de lujo inútil y de vana ostentacion, y
estableció en su casa un arreglado número de sirvientes, y cuanto
convenia á la decente magnificencia de la casa del rey, de un estado ni
opulento y vicioso, ni pobre ó malandante. Con estas virtudes solo era
aborrecido de los malos y viciosos cortesanos; pero los principales y
gente noble del reino le estimaban, y todo el pueblo le miraba con
respeto, amor y confianza: sus principales entretenimientos y
diversiones eran los libros y los ejercicios de caballería, torneos y
gentilezas á caballo.
»Puso las avenencias con el rey de Castilla y con Abu-Salem de Fez, y
gozaba el reino de bonancible calma. Luego que subió al trono cedió á su
hermano Ismail, y á sus hermanos y madrastra el alcázar vecino al
principal palacio de su padre, donde él moraba, casa magnífica y llena
de comodidades, para que la habitasen con toda su familia. La sultana
madre del infante Ismail habia sacado inmensas riquezas el dia de la
muerte del rey Juzef, y desde luego trató de destinarlas en facilitar el
camino del trono á su hijo Ismail: ganó á su hija que habia casado su
padre con uno de los príncipes de la sangre, llamado Abu-Abdallah, que
amaba perdidamente á su esposa, y por sus persuasiones entró en las
intenciones de la reina, madre de Ismail y de su muger y por este
príncipe y derramando riquezas, formaron un numeroso ejército de
conjurados.»
Esta conjuracion empezó á dar resultados.
Poco tiempo despues de la exaltacion de Muhamad al trono, se reveló
alzándose con título de rey en Gibraltar el walí de aquella fortaleza
Iza-ebn-Alasun-ebn-Alí-Mandil-Alascarí, y trató cruelmente á los que
habian permanecido fieles al rey. Pero las mismas crueldades de este
walí, hicieron que se volvieran contra él todos los habitantes de
Gibraltar, que le prendieron, enviándole á Ceuta con su hijo, donde
murieron ambos entre los mas crueles tormentos á manos del reyezuelo de
Africa, señor de Ceuta Abu-Anan.
Apesar de este mal éxito, las rebeldías continuaban sostenidas por la
sultana madrastra del rey Muhamad, por su hermana y por su cuñado
Abu-Abdallah.
Creyéronse al fin en estado de dar el golpe, y habiendo escogido ciento
de los mas osados y valientes de sus parciales, escalaron de noche
silenciosamente la parte mas alta de la Alhambra y se ocultaron hasta la
media noche al canto del gallo del dia veinte y ocho de Ramazan del año
setecientos setenta.
Dada la señal, los conjurados acometieron dando grandes voces,
atropellando y matando á cuantos encontraban; al mismo tiempo otros
conjurados rompieron las puertas de la casa del wazir y le mataron y á
su hijo y á muchos de la familia: el príncipe Abu-Abdallah, cuñado del
rey, entró en la Alhambra proclamando á su otro cuñado el infante
Ismail, creyendo muerto al rey Muhamad; pero los encargados de matarle,
se habian entretenido en el saqueo, y dieron tiempo para huir al rey
Muhamad, á quien una de las doncellas del harem disfrazó de esclava,
huyendo con él á caballo, sin parar hasta la ciudad de Guadix, donde
libre el rey del peligro, fué recibido con entusiasmo por los leales
habitantes.