El nuevo rey Juzef-Abul-Hegiag, entabló inmediatamente negociaciones,
por las que obtuvo una tregua de cuatro años entre Alonso XI de
Castilla, el emir de Fez Abul-Hassau y él. Ocupóse durante esta paz
transitoria en la administracion de sus reinos. Dió muchos decretos para
precisar la acepcion de las leyes oscurecidas por las sutilezas de los
imanes y de los katibs; estableció fórmulas sencillísimas para los actos
públicos y particulares, creó distinciones honoríficas para recompensar
los servicios á imitacion de sus vecinos cristianos, concluyó la
Alhambra y erigió otros muchos monumentos de que él fué el único
arquitecto.
Apenas terminada la tregua, el emir de Fez envió á su hijo á hacer
escursiones en la Andalucía cristiana. Este jóven príncipe, murió en
esta espedicion. Su padre Abul-Hassau juró vengar su muerte sujetando
de nuevo a los matadores al antiguo dominio de los Almoravides, y
publicó el _alqihed_ ó guerra santa, reuniendo sobre Ceuta las fuerzas
de su imperio, y atravesando el estrecho con doscientas naves, en las
que se trasladaban á España cuatrocientos mil infantes y sesenta mil
caballos. El rey de Granada fué á unirse con él á Gezira Alhadra
(Isla-verde), y los dos ejércitos combinados marcharon sobre Tarifa y la
cercaron.
Los reyes cristianos se estremecieron de espanto ante este nuevo
esfuerzo del Africa, y Alonso XI escitó á los reyes de Portugal y de
Aragon para que su uniesen con él á fin de contrarestar al enemigo
comun.
La batalla del Salado decidió la suerte de aquella empresa.
Los moros fueron vencidos.
El harem del emir de Fez, su hermana, su hijo y sus tesoros cayeron en
poder de los cristianos.
Encerrado el rey de Granada en la Isla verde, se vió obligado para
volver á Granada á embarcarse secretamente, yendo á desembarcar en
Almuñecar.
Sucesivamente, Alonso de Castilla se apoderó de Tarifa, de la Isla verde
y de Algeciras.
Juzef era decididamente desgraciado en la guerra.
Habia nacido para la paz, para la ciencia, para las artes.
Fué el Augusto de Granada.
Instituyó numerosas escuelas, y determinó para todas las del reino una
enseñanza igual; embelleció con mezquitas, algibes, cisternas,
hospitales y palacios la ciudad de Granada, y formó ó renovó sobre
muchos objetos reglamentos que llevaron su nombre y que fueron, mientras
subsistió el reino, sus leyes.
Al fin, en 1354, un loco asesinó á este gran rey mientras estaba orando
en la mezquita.
Hé aquí el epitafio de su sepulcro:
«Aquí yace el rey mártir y de alto linage, gentil docto, virtuoso, cuya
clemencia y bondad y demás escelentes virtudes, publica el reino de
Granada, y hará época en la historia de la felicidad de su tiempo:
soberano príncipe, ínclito caudillo, espada cortante del pueblo muzlime,
esforzado alférez entre los mas valientes reyes, que por la gracia de
Dios aventajó á todos en el gobierno de la paz y de la guerra, que
defendió con su prudencia y valor al Estado, y que consiguió sus
deseados fines con la ayuda de Dios, el príncipe de los fieles,
Juzef-Abul-Hegiag, hijo del gran rey Abul-Walid, y nieto del escelente
rey Abu-Walid-Ferag-ebn-Ismail, de la familia Nazarí, de los cuales el
uno fué leon de Dios, invencible domador de sus enemigos y sojuzgador de
los pueblos, mantenedor de los pueblos en justicia con leyes, y
defensor de la religion con espada y lanza, y digno de la memoria eterna
de los hombres: el otro á quien Dios haya recibido en su misericordia
entre los bienaventurados; pues fué columna y decoro de su familia, y
gobernó con loable felicidad y paz el reino, mirando por la pública y
privada prosperidad, que en todas las cosas hacia notar su prudencia,
justicia y benevolencia, hasta que Dios Todopoderoso, colmado ya de
méritos, le llevó del mundo, coronándole antes con la corona del
martirio, pues habiendo cumplido la obligacion del ayuno, cuando
humildemente oraba postrado en la mezquita pidiendo á Dios perdon de sus
debilidades y deslices, la violenta mano de un impío, permitiéndolo así
Dios justísimo, para pena de aquel malvado, le quitó la vida, cuando mas
cercano estaba de la gracia del Todopoderoso: lo que acaeció el dia
primero de Jawal, año de setecientos cincuenta y cinco. ¡Ojalá esta
muerte, que hizo ilustre el lugar y la ocasion le haya sido de galardon,
y haya sido recibido en las moradas deliciosas del paraiso, entre sus
felices mayores y antepasados! Principió á reinar miércoles catorce de
Dilhagia, año setecientos treinta y tres. Habia nacido dia veinte y ocho
de Rabie postrera, año setecientos diez y ocho; alabado sea Dios Unico y
Eterno que da la muerte á los hombres y galardona con la
bienaventuranza.»