Jask se precipitó hácia ellos.
--¿A dónde vais, desdichados? esclamó.
--¿Quién eres tú? esclamó Jacub con fiereza.
--¡Yo!... ¿quién soy yo? esclamó Jask sin atreverse á contestar á
aquella pregunta.
--¿Querrás tú impedir acaso que yo lleve conmigo á mi esposa?
--Zairah no puede ser tu esposa.
--Lo es ya, esclamó Jacub.
--¡Ah! sí, sí, era blanca y está convertida en negra, esclamó Jask
cubriéndose el rostro con las manos.
--¿Qué quiere decir este hombre? esclamó Zairah, que se veia blanca como
antes.
--¡Ese mancebo es tu hermano! esclamó con desesperacion Jask.
Al oir estas palabras Zairah, se vió negra, y exhaló un grito de horror.
Se desasió de la mano de Jacub, y pretendiendo huir de él, saltó en el
caballo de batalla de su padre.
Al sentirla sobre sí el bruto, partió á correr.
--¡Ah! esclamó Jacub palideciendo de muerte y cerrando con su padre sin
conocerle: tú me has robado á mi alma.
--¡Ah desdichado! esclamó Jask cayendo herido de muerte á los pies de
Jacub: has sido impuro con tu hermana, y has teñido tus manos en la
sangre de tu padre.
Y espiró.
Las últimas palabras de Jask-Al-bahul, retumbaron terribles en el
corazon de Jacub.
Y sin embargo, saltó sobre el arzon de su caballo, y siguió á la carrera
á Zairah que se alejaba.
Entonces fué cuando apareció Kaibar, y se puso en seguimiento de Zairah.
El perro-leon, rugió dolorosamente junto al cadáver de su hermano, y
siguió á su sobrina, precediendo á Kaibar.