XLVIII.

Hacia algun tiempo que Jask veia en sueños una vision terrible.

Un jóven hermoso y pálido adelantaba hácia él llevando á una jóven de la

mano.

Jask queria ponerse entre ambos jóvenes; pero en el punto en que lo

pretendia, sus ojos se nublaban, zumbaban sus oidos y un frio de muerte

helaba su corazon.

Este sueño se repitió siete veces consecutivas.

Entonces, lleno de un vago terror, Jask hizo que sus astrólogos

consultasen las estrellas.

Y los astrólogos le dijeron:

--Señor, tú tienes una hija y dos hijos.

--Es verdad, dijo el rey.

En otro tiempo, por consejo de tus astrólogos, que habian consultado por

tu mandato el libro infinito, alejaste de tí á tu hija y procuraste que

de nadie fuese vista.

--Es verdad.

--Mas tarde separaste de tí á tus otros dos hijos; enviaste el uno al

Oriente y el otro al Occidente, y procuraste que no conociese su origen.

--Es verdad.

--Pero el diablo los hará conocerse: es mas, los reunirá: tu hija será

de uno de sus hermanos, y éste matará al otro. Además hay delante de tu

horóscopo una nube roja.

--¿Y cuándo conocerá mi hijo á su hermana? ¿Cuándo el un hermano matará

al otro?

--Dentro de muy pocas horas, dijeron los astrólogos, si hemos de creer á

las estrellas.

--¡Dentro de muy pocas horas! esclamó aterrado Jask. ¿Y cómo impedir

esas horribles desgracias? El castillo en que tengo encerrada á mi hija

está al otro lado de los mares, en las tierras de Occidente: de aquí á

allá hay centenares de leguas.

--Tú puedes hacer ese viaje en un instante, dijeron los astrólogos.

--¿Y cómo? un águila tardaria en llegar.

--Tú posées algo que vuela con mas rapidez que un águila.

--¡Yo!

--Sí, tú. Tienes en la grande aljama, sirviendo de alfombra....

--¡Ah! ¡sí, es verdad! la bandera de los jigantes que vencí con la ayuda

de Dios.

--Pues bien; monta á caballo para llegar mas pronto á la grande aljama;

toma esa bandera, ponte sobre ella, y ella te llevará á donde deseas;

pero si cuando llegares vieres á tu hija convertida de blanca en negra,

habrás llegado tarde; tu hija habrá sido la manceba de su hermano.

Bajó á las caballerizas, seguido del perro su hermano, puso un freno á

su caballo de batalla, y sin entretenerse á encubertarle, ni aun á

ensillarle, por no perder tiempo, montó en él en pelo y se dirijió á la

carrera á la grande aljama; tomó la bandera, la estendió, y él, su

hermano y su caballo se pusieron sobre ella.

Inmediatamente la bandera se levantó en los aires y condujo

instantáneamente á Jask al castillo de las Alpujarras, á punto que

salian por la poterna Zairah y Jacub asidos de las manos.

La alhambra; leyendas árabes · 第 181 / 311 题