Hacia algun tiempo que Jask veia en sueños una vision terrible.
Un jóven hermoso y pálido adelantaba hácia él llevando á una jóven de la
mano.
Jask queria ponerse entre ambos jóvenes; pero en el punto en que lo
pretendia, sus ojos se nublaban, zumbaban sus oidos y un frio de muerte
helaba su corazon.
Este sueño se repitió siete veces consecutivas.
Entonces, lleno de un vago terror, Jask hizo que sus astrólogos
consultasen las estrellas.
Y los astrólogos le dijeron:
--Señor, tú tienes una hija y dos hijos.
--Es verdad, dijo el rey.
En otro tiempo, por consejo de tus astrólogos, que habian consultado por
tu mandato el libro infinito, alejaste de tí á tu hija y procuraste que
de nadie fuese vista.
--Es verdad.
--Mas tarde separaste de tí á tus otros dos hijos; enviaste el uno al
Oriente y el otro al Occidente, y procuraste que no conociese su origen.
--Es verdad.
--Pero el diablo los hará conocerse: es mas, los reunirá: tu hija será
de uno de sus hermanos, y éste matará al otro. Además hay delante de tu
horóscopo una nube roja.
--¿Y cuándo conocerá mi hijo á su hermana? ¿Cuándo el un hermano matará
al otro?
--Dentro de muy pocas horas, dijeron los astrólogos, si hemos de creer á
las estrellas.
--¡Dentro de muy pocas horas! esclamó aterrado Jask. ¿Y cómo impedir
esas horribles desgracias? El castillo en que tengo encerrada á mi hija
está al otro lado de los mares, en las tierras de Occidente: de aquí á
allá hay centenares de leguas.
--Tú puedes hacer ese viaje en un instante, dijeron los astrólogos.
--¿Y cómo? un águila tardaria en llegar.
--Tú posées algo que vuela con mas rapidez que un águila.
--¡Yo!
--Sí, tú. Tienes en la grande aljama, sirviendo de alfombra....
--¡Ah! ¡sí, es verdad! la bandera de los jigantes que vencí con la ayuda
de Dios.
--Pues bien; monta á caballo para llegar mas pronto á la grande aljama;
toma esa bandera, ponte sobre ella, y ella te llevará á donde deseas;
pero si cuando llegares vieres á tu hija convertida de blanca en negra,
habrás llegado tarde; tu hija habrá sido la manceba de su hermano.
Bajó á las caballerizas, seguido del perro su hermano, puso un freno á
su caballo de batalla, y sin entretenerse á encubertarle, ni aun á
ensillarle, por no perder tiempo, montó en él en pelo y se dirijió á la
carrera á la grande aljama; tomó la bandera, la estendió, y él, su
hermano y su caballo se pusieron sobre ella.
Inmediatamente la bandera se levantó en los aires y condujo
instantáneamente á Jask al castillo de las Alpujarras, á punto que
salian por la poterna Zairah y Jacub asidos de las manos.