XLVI.

Empezó á amanecer.

Una blanca faja de luz orló el horizonte.

Aquella luz débil fué creciendo, creciendo, y al fin iluminó los objetos

de la cámara de Zairah.

Zairah dormia en el divan.

En sus entreabiertos labios vagaba una sonrisa de deleite.

Y Jacub la contemplaba con espanto.

Porque Zairah, de blanca que era como el alba, se habia tornado negra

como la noche.

Y sin embargo, su hermosura habia crecido hasta el punto de ser

irresistible.

Del mismo modo que habia cambiado el color de su tez, habia cambiado el

color de sus ropas.

Su túnica, de blanca que era se habia vuelto roja.

El collar de azabache que antes enaltecia la blancura de su garganta, se

habia convertido en una gargantilla de perlas, cuya lasciva blancura

contrastaba con el luciente negro de su cuello y de su seno.

Y Jacub la contemplaba con espanto y con adoracion á un tiempo.

Y como si la mirada fija y candente de Jacub hubiera tenido una fuerza

sobrenatural, Zairah abrió los ojos.

¡Oh! ¡y qué mirada la de los ojos de Zairah!

Brillaban como astros de amor, enamoraban como las mas dulces palabras,

como las mas regaladas armonías, como los perfumes mas suaves.

Jacub se sintió morir.

Y Zairah, al ver la luz del dia esclamó:

--¡Huyamos, amado mio! ¡huyamos! si es que puedes sacarme por donde tu

has entrado; ¡huyamos! porque si te encuentran aquí, te matarán.

Huyamos y vivamos siempre juntos.

No quiero volver á estar sola.

Si tu me dejases, aquí moriria; y moriria desesperada.

Y tú no querrás que tu Zairah muera.

--¡Oh! ¡no!

Cuánto te amo. Creo que tu amor me ha dado una nueva vida.

Y sí, sí; me estoy viendo en mi hermoso espejo de plata y estoy mas

blanca, mas blanca: y mis ojos y mis cabellos son mas negros.

--¡Blanca! ¡blanca! esclamó con terror Jacub.

Y miró al espejo en que se miraba la jóven.

Y su terror se aumentó.

En efecto, en el espejo Zairah parecia blanca, de una manera

deslumbradora.

Pero cuando la miraba Jacub, la veia negra.

¿Qué podia ser aquello?

Y Zairah esclamaba:

--¡Huyamos, amado mio! ¡huyamos! porque si te encuentran aquí te

matarán.

La alhambra; leyendas árabes · 第 179 / 311 题