XLV.

Zairah se puso de pie.

Al verla Jacub tan hermosa, tan deslumbrante, retrocedió y quedó

inmóvil.

--¿Quién eres tú? dijo Zairah con voz dulce, adelantando hácia él.

--Yo te amo, dijo Jacub saliendo á su encuentro.

Y Zairah vió en Jacub al amante de su vision.

Y Jacub vió en Zairah á la amada de su pensamiento.

--Y yo te amo, dijo Zairah, arrojándose en los brazos de Jacub.

Entonces resonó leve, amarga, distante como venida de la inmensidad una

carcajada horrible.

Una carcajada del infierno.

Y los jóvenes no la oyeron, porque habian nacido para amarse y estaban

trasportados de amor el uno en los brazos del otro.

Y tras la infernal carcajada, sonó una voz tan pavorosa como ella.

Y aquella voz esclamó:

«Lo que está escrito se cumple: la descendencia de Abraham vuelve á ser

maldita.»

Y zumbó el huracan al rededor de los muros.

Y penetrando en un pujante remolino por los ajimeces, apagó la lámpara

que alumbraba el retrete de Zairah.

La alhambra; leyendas árabes · 第 178 / 311 题