Cuando llegó á la entrada de la grieta, encontró dentro á un ermitaño.
Era viejísimo, encorvado, con una larga barba blanca, calzados los pies
con unas sandalias de piel de camello, vestido el cuerpo con un sayo de
lana y ceñidos los lomos con una cuerda.
Sobre sus rodillas tenia abierto un libro negro.
Aquel libro estaba escrito con caractéres rojos.
Cuando entró el jóven, el ermitaño clavó en él sus pequeños ojos grises
y relucientes.
Kaibar retrocedió.
Aquel hombre le ponia espanto.
--Si eres cobarde, dijo el ermitaño con voz profunda y cavernosa, ¿por
qué vienes á mí?
--¿Quién eres? dijo Kaibar.
--Yo soy Eblís[95], el viejo.
--¡Tú! ¡tú Satanás!
--Yo soy.
--Y bien, dijo Kaibar; ¿me puedes tú dar los amores de la doncella
negra?
--Sí; si tú los quieres.
--¡Que si los quiero! por ella se estremece mi corazon.
--¿Sabes quién es esa doncella?
--Debe ser hija de un rey poderoso ó de un poderoso genio.
--En efecto esa doncella es hija de un rey.
--¡De un rey! ¿y cómo se llama?
--Jask-Al-bahul.
--Yo he oido pronunciar el nombre de ese rey.
--Ya lo creo, como que ese rey es tu padre.
--¡Mi padre un rey!
--Sí, dijo el diablo; siéntate y escucha.
Kaibar se sentó.
Eblís le contó la historia de sus padres.
Kaibar le escuchó con atencion.
Cuando el diablo hubo concluido, preguntó á Kaibar:
--¿Y á pesar de saber que esa sombra que te ha enamorado, es la sombra
de tu hermana Zairah, insistes en tus amores?
--¡La amo! ¡oh! ¡sí! ¡la amo! ¿pero por qué es negra la luz de mis ojos?
--Antes era blanca como la luna, pero desde que ha amado á tu hermano
Jacub...
--¡A mi hermano Jacub!...
--Sí, el que vive en el Cairvan.
Un pensamiento de muerte pasó por el corazon de Kaibar.
--Pues bien, dijo, yo quiero ver á mi hermana Zairah, quiero ser amado
por ella.
--La verás, la arrebatarás de su prision, pero yo no sé si te amará.
--¡Oh! ¡véala yo! ¡sea mia!
--Para ello necesitas mi ayuda.
--¿Y no me la darás?
--Sí, pero dame tú tu alma.
--¡Mi alma! ¿pues quién eres tú?
--Yo soy Eblís.
--¿Y puedes tú darme lo que deseo?
--Sí.
--Pues toma en buen hora mi alma.
El diablo metió la mano debajo de su túnica y sacó un pedazo de caña,
con la cual se habia hecho una especie de tubo, cerrado por un nudo
natural en la parte inferior, y tapado con un pedazo de pino en la
parte superior.
El diablo quitó aquel tapon y mostró á Kaibar el interior de la caña,
relleno de una especie de pomada verde.
--Esta es la hiel de un enamorado loco que se ahorcó por una muger que
no le amaba, dijo Satanás.
--¿Y para qué sirve este unto?
--Cuando quisieres penetrar hasta Zairah, úntate con él las sienes,
sobre el corazon, en las palmas de las manos y en las plantas de los
pies y pronuncia su nombre.
El diablo entregó la caña con su contenido maldito á Kaibar.
Kaibar se untó inmediatamente con aquella verde pomada las partes que el
diablo le habia dicho, y pronunció el nombre de Zairah.
Aun no habia acabado de pronunciarle, cuando se encontró sobre una
montaña al pie de un castillo, junto al muro de unos jardines.
Una muger jóven, negra y hermosa, adelantaba sobre un caballo negro,
precedida por un perro, y seguida por un caballero armado con armas
negras, ginete en otro poderoso caballo.