XXXIX.

Jask tuvo algun tiempo escondida á su hija y á su nodriza en la cabaña

de un valle.

El mismo cuidaba de la nodriza; la llevaba el alimento y las ropas, y

cuanto habia menester.

Encubierto siempre; siempre desconocido para la nodriza.

Y entre tanto hacia correr á los suyos por todas las tierras comarcanas

en busca de su hija.

Y todas las tardes cuando el sol se ponia, Aidamarah rodeaba sus brazos

á su cuello y le decia con las lágrimas en los ojos y el seno

palpitante, pálida y consternada:

--¿Han encontrado tus esploradores á nuestra hija?

Y Jask respondia tambien con las lágrimas en los ojos.

--Dios no lo quiere.

Aidamarah iba á sentarse en el suelo en un ángulo con el rostro vuelto á

la pared, y allí permanecia inmóvil.

Jask se limpiaba los ojos con el estremo de la toca, y salía.

Y así pasaron una luna y otra, hasta siete.

Un dia Jask anunció á Aidamarah, que se veia obligado á hacer un largo

viage á las tierras de occidente.

Aidamarah estaba de nuevo en cinta.

Al saber que su esposo, á quien amaba con toda su alma, iba á separarse

de ella, la desdichada se desmayó.

Jask, aprovechando su desmayo, montó en su corcel y solo, al tiempo que

amanecia, sin llevar consigo mas que una bolsa llena de oro, su espada,

su lanza y su escudo, y su hermano el perro-leon que le precedia y que

jamás se separaba de él, partió de la ciudad y se trasladó al valle

donde la nodriza amamantaba á su hijo.

En el camino entró en un rebaño de camellos que pastaban en la ribera, y

compró el mas fuerte y poderoso.

Al pasar por una aldea, compró jaeces y almohadones para el camello, y

un palanquin cubierto.

Luego siguió su ruta, llegó á la cabaña del valle, puso sobre el camello

á su hija y á la nodriza, agua y mantenimientos, y tomó el camino de

Tánger.

La alhambra; leyendas árabes · 第 172 / 311 题