Era Jask tan temeroso de Dios, que no vaciló en arrostrar el nuevo y
terrible sacrificio que el Señor le exigía.
Aprovechando la ocasion del paso de los árabes á España, una noche,
convirtiéndose en ladron de sí mismo, penetró en las habitaciones donde
se criaba su hija y la robó recatadamente, y la sacó de su palacio.
Luego, disfrazándose de labrador, se fué á la campiña, y para que
amamantase á su hija, sedujo con oro á una aldeana, que abandonó á su
esposo y al pequeño hijo que criaba.
Jask, por imprevision, arrastrado por su amor de padre, habia cometido,
sin sospecharlo, dos grandes pecados; habia robado una madre y una
esposa á su familia, y habia dado por nodriza á su hija una mala madre y
una mala esposa.
Débil para el dolor de Aidamarah, Jask habia cometido además otro
pecado: habia amargado el corazon de su esposa haciéndola concebir la
horrible duda de si su hija era muerta ó viva.
Jask además habia mentido.
Jask, sin sospecharlo, habia vuelto sus espaldas á Dios.
Su amor hácia Aidamarah le habia perdido.
Habia pecado, y no podia arrepentirse de su pecado porque no sabia que
lo habia cometido.
Dios es infinito y único, é incomprensible.
¡Loado sea su nombre!