XXXVII.

Algun tiempo despues, y cuando Jask era un rey adorado por sus vasallos

y respetado por sus vecinos, que le pagaban tributo, Aidamarah dió á luz

una niña.

En la fiesta de las buenas hadas, pusieron por nombre á aquella niña

Zairah.

Era hermosa á maravilla, de apacible sonrisa y de mirada dulce y

tranquila.

Jask quiso saber el horóscopo de su hija, y los astrólogos, despues de

haber consultado siete veces las estrellas en siete veces distintas, le

dijeron:

--Tu hija ¡oh rey! está sujeta á grandes desgracias.

--¿Y qué desgracias son esas?

--Tendrás otros dos hijos, el uno se llamará Jacub y el otro Kaibar.

Jacub será un hermoso mancebo, pero continuará en él la maldicion de tu

raza, que el Altísimo ha suspendido para tí.

El otro será salvage y feróz, amará la sangre y el crímen y participará

de la crueldad y la malicia de tus padres.

Tus hijos serán tu postrera prueba.

Si la resistieses sin entregarte á la desesperacion y sin blasfemar de

Dios, se abrirán para tí las puertas del paraiso.

Pero prepárate, rey, porque le esperan grandes dolores.

--Cúmplase la voluntad de Dios, replicó Jask: ¿y qué dolores son esos

que Dios me envia para prueba? ¿os los han puesto patentes los astros?

--Tu hermosa Aidamarah morirá cuando dé á luz á Kaibar: sus entrañas se

romperán al dar á luz á tal monstruo.

--Dios me la ha dado, y Dios puede quitármela, esclamó Jask con los ojos

llenos de lágrimas. ¿Y cuándo morirá la luz de mi alma?

--Pasadas tres veces siete lunas.

--¿Y qué mas desgracias me amenazan?

--Pasados tres veces siete años, tus hijos conocerán á su hermana y la

amarán.

--¡Oh, Señor!

--Y ella amará á su hermano Jacub y será suya.

--¡Oh, Señor!

--Y Kaibar conocerá tambien á su hermana, y la amará.

Y ambos por el amor á su hermana se venderán á Satanás.

Y despues el un hermano matará á su hermano por celos de Zairah.

--¡Oh, Señor, Señor, y cuán dura es esta prueba! esclamó Jask: y

decidme, añadió; vosotros que sois sabios, ¿no sabeis si hay algun medio

para prevenir tanta desgracia?

--Consultaremos de nuevo á los astros, dijeron los astrólogos.

Y el rey esperó á que trascurriesen otras siete noches.

--Señor, le dijeron los astrólogos trascurrido este tiempo: no te queda

mas que una esperanza dudosa.

--¿Y cuál es esa esperanza?

--Aparta de tí á tu hija Zairah.

--¡A la prenda de mi amor!

--No la veas jamás.

--¡Ah!

--Pon entre tu reino y el lugar donde se encuentre los mares.

--¡Desdichado de mí!

--Entrega su crianza á varones justos y mugeres virtuosas, que no sepan

que es hija de rey.

--¿Y para qué eso?

--Para que sea como si tu hija no hubiera nacido.

--Si así salvo su alma y la de mis otros hijos, lo haré.

--Además procura que tu hija no sea vista mas que durante su primera

edad por los que pusieres á su lado para que aprenda á conocer á Dios.

Luego, que nadie la vea ni ella pueda ver á nadie.

--¡Desdichada hija mia!

--Así acaso se librará de su funesto destino, y del crímen tus otros

hijos.

--Cúmplase la voluntad de Dios.

--Pero para que esa dudosa esperanza se realice, es necesario que

apartes de tí á Zairah antes que tu esposa dé á luz á otro hijo.

Y los sabios se inclinaron profundamente ante Jask y le dejaron solo.

La alhambra; leyendas árabes · 第 170 / 311 题