Algun tiempo despues, y cuando Jask era un rey adorado por sus vasallos
y respetado por sus vecinos, que le pagaban tributo, Aidamarah dió á luz
una niña.
En la fiesta de las buenas hadas, pusieron por nombre á aquella niña
Zairah.
Era hermosa á maravilla, de apacible sonrisa y de mirada dulce y
tranquila.
Jask quiso saber el horóscopo de su hija, y los astrólogos, despues de
haber consultado siete veces las estrellas en siete veces distintas, le
dijeron:
--Tu hija ¡oh rey! está sujeta á grandes desgracias.
--¿Y qué desgracias son esas?
--Tendrás otros dos hijos, el uno se llamará Jacub y el otro Kaibar.
Jacub será un hermoso mancebo, pero continuará en él la maldicion de tu
raza, que el Altísimo ha suspendido para tí.
El otro será salvage y feróz, amará la sangre y el crímen y participará
de la crueldad y la malicia de tus padres.
Tus hijos serán tu postrera prueba.
Si la resistieses sin entregarte á la desesperacion y sin blasfemar de
Dios, se abrirán para tí las puertas del paraiso.
Pero prepárate, rey, porque le esperan grandes dolores.
--Cúmplase la voluntad de Dios, replicó Jask: ¿y qué dolores son esos
que Dios me envia para prueba? ¿os los han puesto patentes los astros?
--Tu hermosa Aidamarah morirá cuando dé á luz á Kaibar: sus entrañas se
romperán al dar á luz á tal monstruo.
--Dios me la ha dado, y Dios puede quitármela, esclamó Jask con los ojos
llenos de lágrimas. ¿Y cuándo morirá la luz de mi alma?
--Pasadas tres veces siete lunas.
--¿Y qué mas desgracias me amenazan?
--Pasados tres veces siete años, tus hijos conocerán á su hermana y la
amarán.
--¡Oh, Señor!
--Y ella amará á su hermano Jacub y será suya.
--¡Oh, Señor!
--Y Kaibar conocerá tambien á su hermana, y la amará.
Y ambos por el amor á su hermana se venderán á Satanás.
Y despues el un hermano matará á su hermano por celos de Zairah.
--¡Oh, Señor, Señor, y cuán dura es esta prueba! esclamó Jask: y
decidme, añadió; vosotros que sois sabios, ¿no sabeis si hay algun medio
para prevenir tanta desgracia?
--Consultaremos de nuevo á los astros, dijeron los astrólogos.
Y el rey esperó á que trascurriesen otras siete noches.
--Señor, le dijeron los astrólogos trascurrido este tiempo: no te queda
mas que una esperanza dudosa.
--¿Y cuál es esa esperanza?
--Aparta de tí á tu hija Zairah.
--¡A la prenda de mi amor!
--No la veas jamás.
--¡Ah!
--Pon entre tu reino y el lugar donde se encuentre los mares.
--¡Desdichado de mí!
--Entrega su crianza á varones justos y mugeres virtuosas, que no sepan
que es hija de rey.
--¿Y para qué eso?
--Para que sea como si tu hija no hubiera nacido.
--Si así salvo su alma y la de mis otros hijos, lo haré.
--Además procura que tu hija no sea vista mas que durante su primera
edad por los que pusieres á su lado para que aprenda á conocer á Dios.
Luego, que nadie la vea ni ella pueda ver á nadie.
--¡Desdichada hija mia!
--Así acaso se librará de su funesto destino, y del crímen tus otros
hijos.
--Cúmplase la voluntad de Dios.
--Pero para que esa dudosa esperanza se realice, es necesario que
apartes de tí á Zairah antes que tu esposa dé á luz á otro hijo.
Y los sabios se inclinaron profundamente ante Jask y le dejaron solo.