XXXVI.

Los libertados y sus familias, proclamaron su padre á Jask.

El rey Al-Munassar renunció con alegría su corona, y la puso sobre sus

sienes.

La bandera de los jigantes, doblada y redoblada, fué á servir de

alfombra á la grande Aljama, y en ella se bordaron inscripciones en loor

de Dios por mandato de Jask que no quiso que se consagrasen en honor

suyo.

Su reino desde entonces fué feliz y próspero; ya no se vieron talados

los campos, ni yermas las aldeas.

Los moradores durmieron tranquilos sin temor á los jigantes, y no hubo

uno solo que no fuese á ser testigo del prodigio de la trasformacion de

aquellos monstruos en rocas.

Sobre cada una de aquellas rocas, habia una palma agostada y estéril.

Aquella palma habia sido la clava del jigante.

La alhambra; leyendas árabes · 第 169 / 311 题