Almedí habia escuchado atentamente aquel largo relato, y se habia
estremecido mas de una vez.
Cuando Satanás concluyó aquel cuento, Almedí invocó poderosamente á
Dios.
Entonces la Eva, la hermosísima Eva maldita, y el maravilloso alcázar
que la contenia desaparecieron.
Solo quedaron delante de Almedí, el pequeño hombre-fiera, y el estraño
cachorro de perro y de leon.
Almedí circuncidó al hombre-fiera y le puso por nombre Jask-Al-bahul.
Buscó una nodriza á propósito para cada uno de los dos hermanos, y se
dedicó á la enseñanza del que podia comprenderle y serle comprensible,
por que Almedí no conocia el lenguaje de los animales.
Cuando Jask-Al-bahul fué crecido, le contó su historia, revelóle que
aquel lanudísimo perro era hermano suyo, que debia tratarle como á tal,
y ser bueno y temeroso de Dios si queria apartar de sobre sí la
maldicion que pesaba sobre su familia.
Jask-Al-bahul, por el contrario de los suyos, crecia en la virtud, amaba
á su hermano, aunque bajo aquella figura, y el feróz perro era para él,
como para Almedí, sumiso y manso como un cordero.
Y pasaron así desde el nacimiento de Jask-Al-bahul y de su hermano, tres
veces siete años.
Almedí murió, teniendo de un lado al hombre-fiera y del otro al
perro-leon.
Despues que le hubieron enterrado y honrado, Jask-Al-bahul, dijo á su
hermano:
--Hemos quedado solos, pero somos fuertes y valientes; yo voy á vender
la escasa herencia que nos ha dejado el buen Almedí, y compraré una
lanza y un caballo, iremos al ejército de los árabes que siguen sus
conquistas en Africa, y ganaremos nuestro sustento en batalla.
El perro movió la cola y lanzó un leve gruñido como aprobando la
determinacion de su hermano, y éste vendió lo que les habia dejado
Almedí; compró una lanza y un caballo y salió de Tánger precedido de su
hermano que rastreaba el camino.
El perro-leon habia tomado el camino de las montañas, y caminaba aprisa,
tan aprisa, que apenas podia seguirle el caballo de Jask-Al-bahul.
--¿Y dónde me llevas, hermano? decia Jask.
El perro seguia rastreando y callando, y cada vez mas de prisa.
Al fin, para no perderle de vista, Jask tuvo que poner su caballo á la
carrera.
Muy pronto se aventuraron en la montaña.
Corria el perro, y corria el caballo.
--¿Y adónde me llevas, hermano? decia Jask.
Y el perro y el caballo, el uno detrás del otro, seguian corriendo.
Llegó la tarde, bajo el sol, apareció la noche y lució en los cielos la
luna.
Y el perro y el caballo seguian corriendo.
De repente se presentó á los ojos de Jask una llanura inmensa,
inmensísima.
Las anchas colinas de arena, se perdian en el horizonte.
Allá á lo lejos se veia una ciudad.
Y antes de la ciudad una torre.
Y el perro siguió corriendo hasta la torre.
Algunos hombres pasaban por el camino en sus camellos, y decian á Jask:
--¿Vas á caso en busca de la doncella pálida, buen caballero? Si así es,
que Dios te ayude.
Y uno tras otro siete viageros, dijeron las mismas palabras á Jask.
Cuando le habló el sétimo, Jask procuró detener á su caballo, y por
primera vez, el caballo obedeció; paróse, y delante de él se tendió en
tierra el perro.
--Díme tú por tu vida, así Dios te ayude, ¿qué doncella es esa pálida,
de que me hablas?
Detuvo el viagero su camello y contestó:
--Esa doncella es la mas hermosa doncella del mundo; túvola el rey de
estas regiones, Almunassar, de una maga con quien se habia casado; pero
por ser tan hermosa esta doncella, su madre, que no queria que se casase
sino con un hombre muy valiente, hizo que el rey Almunassar encerrase á
la doncella en una torre, que es aquella que se vé allá, bajo los rayos
de la luna, y para que la guardase, puso un jigante, que siempre de dia
y de noche sin comer y sin dormir, está dando vueltas alrededor de la
torre con su clava al hombro. Muchos caballeros muy valientes, atraidos
por la fama de la hermosura de Aydamarah, que este es el nombre de la
doncella pálida, y aun por el tesoro que encontrara con esta doncella
el que venciese al jigante, han venido, pero los huesos de todos
blanquean allá alrededor de la torre formando una muralla horrorosa,
porque han venido miles de caballeros y á todos los ha esterminado el
jigante, que es invulnerable y solo puede matársele hiriéndole en el ojo
izquierdo: pero tiene puesta sobre el ojo una defensa de acero tan
fuerte, y es tal su destreza para guardarse de los golpes, que todos los
que han pretendido matar al gigante han perecido; además, para vencerle
es necesario pronunciar al herirle ciertas palabras misteriosas que
nadie sabe; con que así, buen caballero, si vas en busca de la doncella
pálida, que Dios te ayude.
Y tras estas palabras el viagero arreó á su camello, y siguió su camino.
Jask era tan valiente como la fiera á quien se parecia tanto, y bastó
con que conociese aquel peligro, para que desease vencerlo.
--Y llévame á la torre donde se guarda por ese gigante la doncella de la
frente pálida, la hermosa hija del rey Almunassar y de la maga, dijo al
perro:
Y el perro partió de nuevo á la carrera, y siguióle á la carrera el
caballo de Jask.
Y se acercaba la torre, se acercaba hasta el punto de ver sus almenas y
sus ajimeces, y el jigante que como una muralla de hierro movible, daba
vueltas alrededor de ella, relumbrando bajo los rayos de la luna.
Y el perro y Jask seguian corriendo.
De improviso se escuchó un bramido tan aterrador y tan fuerte como el de
una tempestad desencadenada, y se vió venir hácia el perro y hácia Jask
al jigante.
Y resonaban las piezas de su armadura, retemblando y retumbando á la
redonda con un estridor atronante y pavoroso, y parecia que la tierra
temblaba bajo los pies del monstruo, que adelantaba con su terrible maza
en alto.
El perro se paró, se replegó sobre sí mismo amenazador y rugiente, y
Jask detuvo su caballo, y requirió su lanza para arrojarla al jigante,
antes de que éste pudiese tocarle.
Llegó al fin el momento, faltaba poco espacio para que llegase á los dos
hermanos el jigante, cuando Jask se aseguró en los estribos, y poniendo
su corazon en Dios, esclamó arrojando su lanza contra el monstruo:
--¡Señor! ¡señor! ¡tú solo eres el Fuerte y el Invencible!
Y despues de haber arrojado su lanza con toda la fuerza de su brazo de
leon contra el gigante, cerró los ojos y esperó la muerte.
Pero en aquel punto oyóse un estruendo horrible; tembló la llanura y
gimieron los distantes ecos.
Jask abrió los ojos, y vió al jigante tendido delante de él; su lanza
estaba clavada en el ojo izquierdo del monstruo.
[imagen no disponible: Le llevaron á una hermosa cámara]
Y al mismo tiempo se abrió la puerta de la torre, y lucieron antorchas y
sonó una alegre música, y aparecieron doncellas vestidas de blanco, cada
una de las cuales llevaba en las manos una luminaria.
Y todas aquellas doncellas cantaban en coro y decian en su canto:
«Bien venido sea el esposo, el esposo de la doncella pálida.»
«Para él, valiente entre los valientes, hermoso entre los hermosos,
guarda Aidamarah su hermosura.»
«Bien venido sea el esposo de la doncella pálida á poseer su belleza y
sus tesoros.»
«Bien venido sea.»
Y las doncellas adelantaron, y llegaron á Jask y se arrodillaron y le
presentaron un palanquin en que Jask subió, y las doncellas blancas le
llevaron á la torre, y una conducia su caballo, y otras rodeaban y
acariciaban á su hermano el perro.
Y cuando llegaron á la torre, otras doncellas le desnudaron y le lavaron
con aguas olorosas, y le vistieron preciosas túnicas.
Y entonces, otras doncellas mas hermosas aun le tomaron en medio, y
cantando y tocando alegremente, le llevaron á una hermosa cámara.