A la puerta de aquella cámara se retiraron las doncellas.
Jask adelantó solo.
La puerta se cerró silenciosamente.
Y entonces de un divan se levantó una doncella cuya hermosura deslumbró
á Jask.
Y se acercó á él y le miró, y luego se arrojó en sus brazos.
El perro, que habia seguido á Jask, que nunca se separaba de él, gruñó
dolorosamente y se echó á los pies del divan sobre la alfombra de pieles
de tigre.