XXX.

Al dia siguiente, Wamba adoleció.

Habia bebido el filtro compuesto por Asenéth.

Perdió el sentido súbitamente á las primeras horas de la noche, y todos

creyeron que moria.

Para enterrarle con muestras de humildad, cortáronle el cabello, señal

de nobleza entre los godos, y le pusieron la mortaja.

Cuando Wamba volvió en sí, y encontró su cabeza trasquilada, esclamó:

--Hé aquí que queda franco mi trono á los traidores, porque yo no puedo

ser rey[94].

Y en aquel mismo punto, pidió que le trajesen á Ervigio.

Wamba estaba loco.

--Yo he muerto le dijo; pero tú vives y eres fuerte; ¿querrás tú la

corona que se me ha caido de la cabeza? ¡Ah! ¡ah! ¡y qué bien llevarás

tú mi corona!

Y los parciales de Ervigio, aprovechándose de aquella estraña locura de

Wamba, le hicieron firmar la renunciacion de su corona en Ervigio.

Luego Wamba espresó su deseo de retirarse del mundo, y partiendo á

Pampliega tomó el hábito de monge.

Ervigio era rey de los godos.

Debíalo á las artes mágicas de Asenéth, y sin embargo de la embriaguez

de su grandeza se olvidó de Asenéth.

Y en vano Asenéth le llamó; en vano desesperada con su soledad y con sus

lágrimas me evocó y me pidió que la ayudase.

--Mata á Ervigio, decia yo.

Pero ella no se atrevia á matarle porque le amaba.

Pasaron siete años; siete años desde que Ervigio poseyó á Asenéth y

Ervigio murió.

Murió de una enfermedad desconocida, y Asenéth á causa de su ciencia le

vió morir, se aterró y esclamó:

--Sea yo llevada de esta tierra maldita, donde le he conocido, donde le

he amado, donde le he esperado y donde reposan sus cenizas: conviértame

Dios en una fiera, que no pueda amar á hombre, ni de hombre ser amada, y

noche de quebranto y de duelo sea conmigo.

Y apenas Asenéth, impulsada por su desesperacion, habia pronunciado

estas palabras, cuando se encontró en un profundo y oscuro antro.

Junto á ella habia un perro.

Pero un perro formidable: habia pasado el poder de Asenéth, y su padre

habia recobrado su fuerza de leon.

Asenéth, convertida en leon, rugia de dolor por la muerte de Ervigio.

Y entonces Jamné fué dueño de su hija, y así vivieron algun tiempo en

aquel profundo antro los dos malditos.

Pero Jamné fué un dia muerto por unos cazadores.

Asenéth quedó sola.

Y en su soledad dió á luz esos dos gemelos que tengo sobre mis rodillas;

el uno hombre con cabellos, ojos y piel de leon, el otro estraña mezcla

de leon y de perro.

Ya sabes la larga historia de los padres y de los abuelos de ese niño, y

de ese perro, Almedí.

¿Quieres ahora que te dé los amores de la Eva maldita?

La alhambra; leyendas árabes · 第 163 / 311 题