Al dia siguiente, cuando Asenéth se encontraba mas abstraido en sus
pensamientos de amor, tembló el alcázar todo, y yo, Satanás, dije desde
las entrañas de la tierra:
--Ervigio me ha encontrado pescando en la orilla del rio, ha tenido
valor para arrostrar el encanto, y tú y él sois mios.
Inmediatamente Ervigio se presentó á Asenéth.
A la vista de su hermosura, el noble godo palideció y tembló.
--¿Quién eres tú, diosa, dijo, que así brillas ante mis ojos con la
plenitud de tu hermosura?
Yo soy tu esclava, dijo la impaciente Asenéth, arrojándose en sus
brazos.
Y Jamné, ciego, cojo, viejo, enfermo, vagaba gruñendo dolorosamente al
rededor de la habitacion donde su hija, olvidándose de todo, deliraba
entre los brazos de Ervigio.
Y Ervigio permaneció siete dias en el alcázar encantado, y siempre que
salia del misterioso retrete de amor de Asenéth, encontraba á Jamné, y
le daba con el pie, esclamando:
--Horrible y asqueroso animal, ¿qué haces en el paraiso de las delicias?
Y Asenéth no reparaba en que su padre habia sido maltratado, y seguia
bebiendo con sus ojos enamorados, la mirada de amor de Ervigio.
La noche del sétimo dia, él y ella se sentaron en el mismo lugar donde
ella habia oido la conversacion del ruiseñor y de la golondrina.
Ervigio estaba profundamente pensativo.
--¿Por qué estas triste, alegría de mi alma? dijo Asenéth: ¿no tienes
aquí cuanto puede desear una criatura? ¿ó es que mi hermosura no es ya
bastante para alegrarte ni mi amor para satisfacerte, señor de mi alma?
--¡Ah! no, no, dijo Ervigio: pero yo quiero ser rey.
--¡Rey! ¿y de los godos acaso?
--Sí.
--Pero Wamba es su rey.
--¿Y qué importa? ¿no me amas tú?
¡Qué si te amo! tu eres mi luz y mi vida, pero...
--¿Quieres ser rey?
--Sí. Mas que eso: quiero vencer á Wamba.
--¡Le vencerás! ven conmigo.
Ervigio siguió á Asenéth que le llevó al alcázar mágico.
Dejóle en una cámara, se encerró en otra, y á poco salió con un pomito
de oro en las manos.
--Haz que den esto á Wamba y eres rey, le dijo.
--¿Y cómo he de hacerlo sino salgo de este alcázar? contestó el godo.
--¿Me olvidarás, Ervigio, cuando te encuentres fuera de aquí? dijo
Asenéth rodeándole los hermosos brazos al cuello.
--Antes se olvidará el sol de alumbrar el dia que yo te olvide, repuso
Ervigio.
--Pues bien, sino vinieres cuando seas rey, yo iré á buscarte. Acuérdate
de que me quedo.
Ervigio besó amorosamente los ojos de Asenéth.
--Vas á verle en el alcázar de Wamba.
Apenas pronunció Asenéth estas palabras, cuando Ervigio se vió en las
galerías del alcázar de Toledo.
Y entonces le pareció un sueño lo que le habia acontecido en el alcázar
mágico; pero vió en sus manos el pomo de oro que le habia dado Asenéth,
y esclamó:
--No ha sido un sueño: hé aquí el filtro que me ha dado la maga
enamorada. Veamos si por medio de este filtro seré rey.
Y buscó en el alcázar á uno de sus parciales en quien tenia estremada
confianza Wamba, y se encerró con él, y estuvieron hablando largo
tiempo.