XXIX.

Al dia siguiente, cuando Asenéth se encontraba mas abstraido en sus

pensamientos de amor, tembló el alcázar todo, y yo, Satanás, dije desde

las entrañas de la tierra:

--Ervigio me ha encontrado pescando en la orilla del rio, ha tenido

valor para arrostrar el encanto, y tú y él sois mios.

Inmediatamente Ervigio se presentó á Asenéth.

A la vista de su hermosura, el noble godo palideció y tembló.

--¿Quién eres tú, diosa, dijo, que así brillas ante mis ojos con la

plenitud de tu hermosura?

Yo soy tu esclava, dijo la impaciente Asenéth, arrojándose en sus

brazos.

Y Jamné, ciego, cojo, viejo, enfermo, vagaba gruñendo dolorosamente al

rededor de la habitacion donde su hija, olvidándose de todo, deliraba

entre los brazos de Ervigio.

Y Ervigio permaneció siete dias en el alcázar encantado, y siempre que

salia del misterioso retrete de amor de Asenéth, encontraba á Jamné, y

le daba con el pie, esclamando:

--Horrible y asqueroso animal, ¿qué haces en el paraiso de las delicias?

Y Asenéth no reparaba en que su padre habia sido maltratado, y seguia

bebiendo con sus ojos enamorados, la mirada de amor de Ervigio.

La noche del sétimo dia, él y ella se sentaron en el mismo lugar donde

ella habia oido la conversacion del ruiseñor y de la golondrina.

Ervigio estaba profundamente pensativo.

--¿Por qué estas triste, alegría de mi alma? dijo Asenéth: ¿no tienes

aquí cuanto puede desear una criatura? ¿ó es que mi hermosura no es ya

bastante para alegrarte ni mi amor para satisfacerte, señor de mi alma?

--¡Ah! no, no, dijo Ervigio: pero yo quiero ser rey.

--¡Rey! ¿y de los godos acaso?

--Sí.

--Pero Wamba es su rey.

--¿Y qué importa? ¿no me amas tú?

¡Qué si te amo! tu eres mi luz y mi vida, pero...

--¿Quieres ser rey?

--Sí. Mas que eso: quiero vencer á Wamba.

--¡Le vencerás! ven conmigo.

Ervigio siguió á Asenéth que le llevó al alcázar mágico.

Dejóle en una cámara, se encerró en otra, y á poco salió con un pomito

de oro en las manos.

--Haz que den esto á Wamba y eres rey, le dijo.

--¿Y cómo he de hacerlo sino salgo de este alcázar? contestó el godo.

--¿Me olvidarás, Ervigio, cuando te encuentres fuera de aquí? dijo

Asenéth rodeándole los hermosos brazos al cuello.

--Antes se olvidará el sol de alumbrar el dia que yo te olvide, repuso

Ervigio.

--Pues bien, sino vinieres cuando seas rey, yo iré á buscarte. Acuérdate

de que me quedo.

Ervigio besó amorosamente los ojos de Asenéth.

--Vas á verle en el alcázar de Wamba.

Apenas pronunció Asenéth estas palabras, cuando Ervigio se vió en las

galerías del alcázar de Toledo.

Y entonces le pareció un sueño lo que le habia acontecido en el alcázar

mágico; pero vió en sus manos el pomo de oro que le habia dado Asenéth,

y esclamó:

--No ha sido un sueño: hé aquí el filtro que me ha dado la maga

enamorada. Veamos si por medio de este filtro seré rey.

Y buscó en el alcázar á uno de sus parciales en quien tenia estremada

confianza Wamba, y se encerró con él, y estuvieron hablando largo

tiempo.

La alhambra; leyendas árabes · 第 162 / 311 题