XXVIII.

Asenéth permaneció por algun tiempo inmóvil donde se habia sentado.

Luego, á pesar de la terrible historia de sus abuelos, que habia oido

cantar á la golondrina, se levantó y dijo:

--¡Yo amo á Ervigio!

Y se volvió al palacio maravilloso.

Aun dormia á los pies del diván, donde habia estado reclinada, su padre.

Asenéth le contempló profundamente.

--¿Con que si te dejo tu fuerza, esclamó la jóven maldita, despedazarás

á mi mas amado?

Jamné, aunque dormido, hizo un movimiento que parecia una contestacion

afirmativa á la pregunta de su hija.

--¡Oh! no le despedazarás, dijo Asenéth, porque yo te reduciré á un

estado miserable.

Y pronunciando un horrible conjuro, esclamó:

--¡Oh tú, hombre convertido en leon, conviértete en un perro viejo é

impotente.

Inmediatamente el leon se trasformó en un perro lanudo, cojo, ciego,

miserable, que empezó á arrastrarse gruñendo dolorosamente á los pies de

Asenéth.

Pero Asenéth, le hirió con el pie en el vientre, le arrojó lejos de sí,

y abandonó la cámara donde Jamné, castigado de nuevo por Dios, quedaba

lanzando dolorosos ahullidos.

La alhambra; leyendas árabes · 第 161 / 311 题