En aquel mismo punto Abraham, á despecho de su ciencia, veia morir en el
palacio al califa.
Salió de allí con el alma entristecida, y cuando entró en su casa,
encontró á Leila muerta.
Sus hijos dormian.
Cuando los despertaron los gritos de desesperacion de su padre, miraron
á su madre muerta con los ojos enjutos.
Abraham lloró desconsoladamente sobre el cadáver de Leila.
Luego la mandó embalsamar como á una sultana, y la sepultó bajo una
ostentosa tumba.
Despues, no permitiéndole su dolor vivir en Damasco, redujo á un pequeño
volúmen sus tesoros, empleándolos en piedras maravillosas, en perlas
incomparables, y en algunas telas de púrpura, oro y piedras preciosas
que solo podia comprar un rey poderoso.
Cargó su tesoro en un asno, puso sobre él á su hija Zelpha, y
acompañándole su hijo Jamné, salió un dia de Damasco.
* * * * *
Por aquel tiempo el caudillo Ocba-ebn-Nafhe, habia conquistado el
poniente de Africa.
Abraham, para poder vender sus costosísimas joyas, fué á buscar aquel
ejército vencedor que se habia enriquecido con los despojos de la
victoria.
Pero una vez en la parte occidental de Africa en Tánger, supo Abraham
que mas allá, al otro lado del estrecho de Alzacab, estaba la tan
poderosa tierra de las Hespérides; que eran señores de ellas unas gentes
riquísimas; y que allí podria vender sus tesoros, y llorar
tranquilamente bajo un cielo tan azul como el de la Siria, á su perdida
Leila-Fatimah.
Abraham se embarcó con sus hijos y con el jumento que conducia su
tesoro, y pasó el estrecho.
Al fin puso sus plantas en España.
Y una tarde, ya te acuerdas, hermano lagarto, al encontrarse Jamné en un
bosque solitario, en este mismo bosque al lado de esta sima, vió llegada
para él la ocasion mas propicia para deshacerse del viejo padre, y
apoderarse de su tesoro y de su hermana.
Ya sabes lo que sucedió la tarde de horrores.
--Sí, sí, lo sé, amiga culebra.
--Pero lo que tu no sabes, es que en la misma hora en que fué arrojado á
la sima por sus malditos hijos Abraham, se contaban justos tres veces
siete años, desde que Abraham poseyó la maldita hermosura de
Leila-Fatimah.
--¿Y no sabes mas, hermana culebra?
--Sí, sé que el alma de Abraham, por no haber sido dócil al consejo de
los siete astrólogos á quienes habia consultado, cuando Leila le propuso
ofender á Dios, estará penando hasta que sobre esta sima se levante una
torre fuerte de siete suelos, que será la puerta de un alcázar como no
habrá otra sobre la tierra, y hasta que muera en este alcázar y venga á
penar en la torre, una muger que haya sido parricida, adúltera é
incestuosa.
--¿Y quién te ha dicho eso, hermana culebra?
--El alma en pena de Abraham.
--¿Y no sabes lo que fué de los hijos de Abraham?
--No se lo pregunté.
--Dios es vengador, y justo é inexorable, hermana culebra.
--Tienes razon, hermano lagarto. Dios es Dios y no hay otro Señor que
él: él ha criado este sol que abrasa mas de lo que yo quisiera, y me voy
á mis profundidades.
--Y yo á mi grieta.
La culebra y el lagarto desaparecieron, y yo me quedé horrorizada, amigo
ruiseñor, y no pude descansar, añadió la golondrina: de modo que cuando
me puse en camino por la tarde para Toledo, estaba tan rendida, que me
he visto obligada á pararme aquí.
--Vente á mi nido, y en él descansarás: es blando y mullido, dijo
amorosamente el ruiseñor.
--Dios castiga á los adúlteros, dijo con enojo la golondrina, y como ya
he descansado, me voy de un vuelo á mi nido del alcázar de Toledo.
Y la golondrina voló, y el ruiseñor se quedó gorgeando:
--¡Solo! ¡solo! ¡solo!