Una noche velaba sola é impaciente Leila en su retrete.
Estaba sola porque habian venido á llamar á Abraham para curar al
califa, que se habia puesto enfermo, y de quien seguia siendo médico.
Estaba impaciente porque Abraham tardaba y no sabia vivir sin él.
De repente Leila oyó ruido cerca de la habitacion, y su alma se inundó
de alegría, porque creyó que era Abraham.
Se levantó del divan y corrió á la puerta; pero al llegar á ella
retrocedió aterrada y dió un grito.
Una figura horrorosa se habia presentado en ella.
Era Satanás.
--¿Qué quieres? le dijo Leila. Yo no te he llamado.
--Vengo por tí, dijo el diablo; ha llegado la hora.
--¿La hora de qué? dijo estremecida de espanto Leila.
--Han pasado tres veces siete años desde que nació tu hijo, respondió
Satanás; pronto llegará la hora precisa, y tu cuerpo morirá.
--¡Oh! ¡no! ¡no! yo creo que solo ha pasado un instante desde que bebí
el amor en los brazos de Abraham.
--¡Tres veces siete años! dijo el diablo: esa era la cuenta de tu vida,
y eres mia.
--Pídeme lo que quieras y no me mates, esclamó juntando las manos Leila.
--Has tenido en tu mano la vida eterna, la felicidad eterna, y la has
cambiado por una felicidad de muerte.
--¡La vida! ¡la vida! esclamó Leila que empezaba á sentir un frio
estraño.
--Solo Dios podia dártela, y los decretos de Dios son inmutables.
--Te daré lo que me pidas.
--No puedes darme nada: me diste tu alma y despues las almas de tus
hijos: tus hijos que son malditos, como tú, me darán el alma de sus
nietos.
--¡La vida! ¡oh mi vida de amores! ¡un instante mas! que me vea yo a
antes de morir entre los brazos de Abraham.
--El momento llega, ya han pasado tres veces siete años desde que nació
Jamné, el maldito.
Y mientras Satanás decia estas palabras, Leila cayó sobre el diván, y se
puso fria, muy fria.
Murió.