XXV.

Pasaron otros siete años, durante los cuales se multiplicó la riqueza de

los dos esposos.

Leila por medio de su ciencia hacia que siempre apareciese para ella

jóven y buen mozo Abraham, y que ella pareciese á Abraham hermosísima;

pero no sucedia lo mismo con los estraños.

Leila, en verdad, aparecia cada vez mas hermosa; pero Abraham, gastado

por los placeres y por los licores, parecia ya un viejo decrépito,

cuando en realidad era aun jóven.

Al ver las gentes tan solícita y tan enamorada á la hermosísima

mercadera de su viejo marido, se maravillaban y decian:

--Ese hombre debe de haber dado á su muger hechizos para que le ame de

tal modo.

Y las gentes no sabian que el hechizado era Abraham.

Porque Leila parecia la mejor muger del mundo, con sus grandes y dulces

ojos de gacela y su alegre sonrisa.

Pasaron aun siete años.

Centuplicóse el caudal de los esposos.

Jamné era ya un hermoso mancebo y un terrible mago, y su hermana Zelpha

una hermosa niña de siete años, que parecia haber nacido de una sonrisa

de la aurora.

Al cumplirse los siete años de la vida de Zelpha, Jamné empezó á amarla

con un amor incestuoso y maldito.

Zelpha estaba crecida de una manera maravillosa.

Parecia una muger.

Y Leila se complacia en el amor de Jamné hácia su hermana.

Esta no habia llegado aun á la edad del amor, y aunque su madre la

enseñaba la mágia y la astrología, su corazon aun no habia hablado.

Se acercaba el dia en que se cumplia el tercer periodo de siete años,

desde el dia en que habia nacido Jamné.

Las riquezas de los esposos habian llegado á una suma maravillosa.

La hermosura de Leila, en vez de amenguarse, habia crecido.

Abraham estaba decrépito para las gentes; pero cada dia mas fuerte y mas

hermoso para Leila.

Jamné era un mancebo hermoso, sabio, valiente, y amaba cada dia mas á su

hermana.

Zelpha era una doncella hermosísima; tan hermosa como su madre, y soñaba

ya con su primer amor.

Pero aquel primer amor no era para su hermano.

Era para un hombre soñado.

Todos envidiaban á Abraham, que era tan rico y que tenia una muger tan

hermosa y unos tan hermosos hijos.

¡No sabian á qué precio pagaba Abraham aquella felicidad!

La alhambra; leyendas árabes · 第 158 / 311 题