Encontróse de repente Abraham caminando entre montañas, llevando delante
su asno, y sobre su asno una muger hermosísima y sencillamente vestida.
Abraham habia perdido completamente la memoria de lo que le habia
acontecido.
Del mismo modo la habia perdido Leila-Fatimah.
Pero Abraham se abrasaba en los amores de ella, y ella en los amores de
él.
Aquel amanecer llegaron á Damasco.
Abraham tomó una casita en los arrabales de la ciudad, y empezó á curar
como médico.
Y como era muy sábio, adquirió una gran fama, y le llamaron los mas
ricos, y le pagaron maravillosamente sus curas.
Antes del año de haberse unido Abraham y Leila-Fatimah, ésta dió á luz
un niño.
Aquel niño se llamó Jamné.
Púsose enfermo el califa, y de tal modo y con una enfermedad tan
estraña, que los médicos de la córte no atinaban con ella.
Al fin fué llamado Abraham.
Y Abraham, despues de muchos dias, restituyó su salud al califa.
Y el califa dió á Abraham, en premio de su curacion, un palacio con
jardines dentro del mismo Damasco, y muchos miles de mitcales de oro.
Y entonces dijo Leila á Abraham:
--Oye, amado mio, el oficio de médico es trabajoso: ir de acá para allá,
correr todo el dia; levantarte de noche de entre mis brazos para ir á
curar dolencias... te tengo muy poco tiempo á mi lado, y yo te amo
mucho, con toda mi alma, y quisiera estar siempre á tu lado.
--¿Y qué hemos de hacer?
--Deja de curar á otro que al califa: pídele licencia para vender el
palacio que te ha dado, y que es muy grande y demasiado magnífico para
nosotros, y con el dinero de la venta del palacio, y el que te ha dado
el califa, compremos joyas y ricas telas y perfumes, y pongamos una
tienda: yo atraeré á los magnates, que comprarán sin escusar el precio
por hablar conmigo, y además prestaremos con usura y nos pondremos muy
ricos.
--Pero eso es ofender á Dios.
--Yo no tengo mas Dios que tú, y además, tenemos un hijo.
--Lo pensaré, dijo Abraham.
Abraham hasta entonces era inocente: no habia ofendido á Dios; creia
haber encontrado en un camino sola y abandonada á una hermosa y casta
doncella que habia huido de casa de unos parientes codiciosos que
querian venderla, porque habia olvidado lo del encanto y aquel
resplandeciente alcázar donde habia quitado su cíngulo de pureza á
Leila-Fatimah, que al perder el talisman no habia perdido su ciencia y
habia engañado á Abraham. Este se habia casado con ella y habia seguido
siendo bueno y compasivo.
Cuando Leila le propuso que aumentara su dinero con la usura, Abraham,
que amaba ciegamente á su esposa, vaciló; pero aun le quedaba temor de
Dios, y consultó á los astrólogos.
Estos, uno tras otro, hasta siete, á quienes buscó, le dijeron una misma
cosa.
--Esto es: sepárate de tu muger, que le perderá: porque es un espíritu
maldito vendido al diablo.
Pero creia tan buena y tan inocente á su esposa Abraham, que creyó mas
bien que los astrólogos eran unos ignorantes, que no que decian la
verdad, y despreció sus avisos.
Desde aquel momento pecó Abraham desoyendo las revelaciones de Dios.
Y como amaba á Leila-Fatimah, sobre todas las cosas, cedió al fin á sus
halagos; vendió con licencia del califa en una gran cantidad á un
príncipe de Persia el palacio que el califa le habia regalado, y con
este dinero, y el que antes tenia, compró púrpuras, y sedas, y brocados,
y perfumes, y alhajas, y puso una hermosa tienda en el bazar de Damasco.
Al mismo tiempo se negó á curar á todo el mundo, menos al califa, lo que
fué una falta de caridad, y se pasaba los dias enteros en el fondo de la
tienda, sobre una tarima y una alfombrilla, mascando opio, jugando sobre
sus rodillas con su pequeñuelo Jamné, y tocando la guitarra, mientras
Leila escitaba con sus miradas á los hombres poderosos que pasaban por
delante de su tienda, y que compraban muy caro el breve placer de hablar
algun tiempo con la hermosísima mercadera.
A puestas del sol se cerraba la tienda, y los dos esposos comian
espléndidamente, bebian contra la ley licores espirituosos, y luego se
entregaban á un amor desenfrenado.
Su oro se habia aumentado y se aumentaba cada dia mas, por medio de la
usura.
Desde muy pequeñito, Leila á hurtadillas de su padre, enseñaba á su hijo
su ciencia maldita.
Los dos esposos estaban continuamente ofendiendo á Dios.
Pero se amaban de una manera tal, que eran felices.
Las artes mágicas de Leila-Fatimah aumentaban cada dia el amor de
Abraham.
Y así pasaron seis años, durante los cuales, Leila no tuvo mas hijos.
Pero al empezar el sétimo se encontró en cinta.
Al cumplirse los siete años del nacimiento de Jamné, Leila dió á luz una
niña.
Aquella niña se llamó Zelpha.