XXIV.

Encontróse de repente Abraham caminando entre montañas, llevando delante

su asno, y sobre su asno una muger hermosísima y sencillamente vestida.

Abraham habia perdido completamente la memoria de lo que le habia

acontecido.

Del mismo modo la habia perdido Leila-Fatimah.

Pero Abraham se abrasaba en los amores de ella, y ella en los amores de

él.

Aquel amanecer llegaron á Damasco.

Abraham tomó una casita en los arrabales de la ciudad, y empezó á curar

como médico.

Y como era muy sábio, adquirió una gran fama, y le llamaron los mas

ricos, y le pagaron maravillosamente sus curas.

Antes del año de haberse unido Abraham y Leila-Fatimah, ésta dió á luz

un niño.

Aquel niño se llamó Jamné.

Púsose enfermo el califa, y de tal modo y con una enfermedad tan

estraña, que los médicos de la córte no atinaban con ella.

Al fin fué llamado Abraham.

Y Abraham, despues de muchos dias, restituyó su salud al califa.

Y el califa dió á Abraham, en premio de su curacion, un palacio con

jardines dentro del mismo Damasco, y muchos miles de mitcales de oro.

Y entonces dijo Leila á Abraham:

--Oye, amado mio, el oficio de médico es trabajoso: ir de acá para allá,

correr todo el dia; levantarte de noche de entre mis brazos para ir á

curar dolencias... te tengo muy poco tiempo á mi lado, y yo te amo

mucho, con toda mi alma, y quisiera estar siempre á tu lado.

--¿Y qué hemos de hacer?

--Deja de curar á otro que al califa: pídele licencia para vender el

palacio que te ha dado, y que es muy grande y demasiado magnífico para

nosotros, y con el dinero de la venta del palacio, y el que te ha dado

el califa, compremos joyas y ricas telas y perfumes, y pongamos una

tienda: yo atraeré á los magnates, que comprarán sin escusar el precio

por hablar conmigo, y además prestaremos con usura y nos pondremos muy

ricos.

--Pero eso es ofender á Dios.

--Yo no tengo mas Dios que tú, y además, tenemos un hijo.

--Lo pensaré, dijo Abraham.

Abraham hasta entonces era inocente: no habia ofendido á Dios; creia

haber encontrado en un camino sola y abandonada á una hermosa y casta

doncella que habia huido de casa de unos parientes codiciosos que

querian venderla, porque habia olvidado lo del encanto y aquel

resplandeciente alcázar donde habia quitado su cíngulo de pureza á

Leila-Fatimah, que al perder el talisman no habia perdido su ciencia y

habia engañado á Abraham. Este se habia casado con ella y habia seguido

siendo bueno y compasivo.

Cuando Leila le propuso que aumentara su dinero con la usura, Abraham,

que amaba ciegamente á su esposa, vaciló; pero aun le quedaba temor de

Dios, y consultó á los astrólogos.

Estos, uno tras otro, hasta siete, á quienes buscó, le dijeron una misma

cosa.

--Esto es: sepárate de tu muger, que le perderá: porque es un espíritu

maldito vendido al diablo.

Pero creia tan buena y tan inocente á su esposa Abraham, que creyó mas

bien que los astrólogos eran unos ignorantes, que no que decian la

verdad, y despreció sus avisos.

Desde aquel momento pecó Abraham desoyendo las revelaciones de Dios.

Y como amaba á Leila-Fatimah, sobre todas las cosas, cedió al fin á sus

halagos; vendió con licencia del califa en una gran cantidad á un

príncipe de Persia el palacio que el califa le habia regalado, y con

este dinero, y el que antes tenia, compró púrpuras, y sedas, y brocados,

y perfumes, y alhajas, y puso una hermosa tienda en el bazar de Damasco.

Al mismo tiempo se negó á curar á todo el mundo, menos al califa, lo que

fué una falta de caridad, y se pasaba los dias enteros en el fondo de la

tienda, sobre una tarima y una alfombrilla, mascando opio, jugando sobre

sus rodillas con su pequeñuelo Jamné, y tocando la guitarra, mientras

Leila escitaba con sus miradas á los hombres poderosos que pasaban por

delante de su tienda, y que compraban muy caro el breve placer de hablar

algun tiempo con la hermosísima mercadera.

A puestas del sol se cerraba la tienda, y los dos esposos comian

espléndidamente, bebian contra la ley licores espirituosos, y luego se

entregaban á un amor desenfrenado.

Su oro se habia aumentado y se aumentaba cada dia mas, por medio de la

usura.

Desde muy pequeñito, Leila á hurtadillas de su padre, enseñaba á su hijo

su ciencia maldita.

Los dos esposos estaban continuamente ofendiendo á Dios.

Pero se amaban de una manera tal, que eran felices.

Las artes mágicas de Leila-Fatimah aumentaban cada dia el amor de

Abraham.

Y así pasaron seis años, durante los cuales, Leila no tuvo mas hijos.

Pero al empezar el sétimo se encontró en cinta.

Al cumplirse los siete años del nacimiento de Jamné, Leila dió á luz una

niña.

Aquella niña se llamó Zelpha.

La alhambra; leyendas árabes · 第 157 / 311 题