Llegaba la media noche.
El anciano morabitho de la mezquita del valle, consultaba tristemente
las estrellas.
Junto á él estaba Abraham.
--El espíritu del mal te persigue, dijo el morabitho al hebreo.
--¿Y cómo podré conjurarle? dijo este.
--La muerte se acerca: si la arrostras sin temblar serás salvado, pero
si no caerás en poder de Satanás y te perderás.
--¿Y no hablan mas claro las estrellas?
--Las estrellas hablan siempre misteriosamente; pues te avisan de un
peligro y te dan el medio de conjurarlo; ese medio es morir con el valor
de un mártir sin estremecerte ante la muerte.
--Voy á orar, dijo Abraham, para que Dios me dé su fortaleza.
--Oremos juntos, hermano, dijo el morabitho, porque la hora de la
tribulacion se acerca para los dos.
--Y entraron en la mezquita y entrambos se prosternaron ante el mirab.