XX.

Entretanto, Leila se paseaba furiosa por el magnífico alcázar, viendo

que Abraham se le huia.

Consultaba al génio esclavo del abanico de Fatimah la Santa, y el génio

se le reia diciéndole que no podia nada contra Dios.

--Pero Abraham saldrá alguna vez de la mezquita, decia la enamorada

maga.

--Cuando salga te prometo traértelo. Entretanto, y para que te

diviertas, te voy á traer al califa que se ha asombrado al ver

levantarse desde sus miradores este magnífico alcázar que yo he

construido para tí.

--En efecto, el califa al ver aquellas altas torres, y aquellos

magníficos jardines que el dia anterior no existian delante de su

palacio afrentándole con su hermosura, llamó á los sábios y les dijo:

--¿Qué alcázar es aquel resplandeciente que se levanta sobre un monte

donde ayer era un llano cubierto de viñas?

Los sábios miraron y se restregaron los ojos, porque dudaban.

Y del mismo modo las gentes de Damasco se asomaban á los terrados de sus

casas, maravilladas de aquello.

Y los sábios dijeron al califa:

--Artes mágicas debe haber en esto, porque ni los hombres pueden hacer

una obra tan grande en tan poco tiempo, ni el mas sábio trabajando toda

su vida podria idear una obra tan magnífica.

El califa envió á su wazir para que se informara de aquello.

El wazir volvió asombrado y enloquecido.

--No vayas, señor, le dijo, á ese alcázar, porque en él encontrarás una

muger tal y tan hermosa que perderás tu alma.

Esto mismo incitó con mas fuerza al califa para ver aquella peregrina

hermosura que, como una perla en su concha, se escondia en una obra tan

magnífica.

Hízose preceder por sus esclavos, montó en un caballo blanco, y

precedido de su córte se encaminó al alcázar misterioso.

La alhambra; leyendas árabes · 第 153 / 311 题