Entretanto, Leila se paseaba furiosa por el magnífico alcázar, viendo
que Abraham se le huia.
Consultaba al génio esclavo del abanico de Fatimah la Santa, y el génio
se le reia diciéndole que no podia nada contra Dios.
--Pero Abraham saldrá alguna vez de la mezquita, decia la enamorada
maga.
--Cuando salga te prometo traértelo. Entretanto, y para que te
diviertas, te voy á traer al califa que se ha asombrado al ver
levantarse desde sus miradores este magnífico alcázar que yo he
construido para tí.
--En efecto, el califa al ver aquellas altas torres, y aquellos
magníficos jardines que el dia anterior no existian delante de su
palacio afrentándole con su hermosura, llamó á los sábios y les dijo:
--¿Qué alcázar es aquel resplandeciente que se levanta sobre un monte
donde ayer era un llano cubierto de viñas?
Los sábios miraron y se restregaron los ojos, porque dudaban.
Y del mismo modo las gentes de Damasco se asomaban á los terrados de sus
casas, maravilladas de aquello.
Y los sábios dijeron al califa:
--Artes mágicas debe haber en esto, porque ni los hombres pueden hacer
una obra tan grande en tan poco tiempo, ni el mas sábio trabajando toda
su vida podria idear una obra tan magnífica.
El califa envió á su wazir para que se informara de aquello.
El wazir volvió asombrado y enloquecido.
--No vayas, señor, le dijo, á ese alcázar, porque en él encontrarás una
muger tal y tan hermosa que perderás tu alma.
Esto mismo incitó con mas fuerza al califa para ver aquella peregrina
hermosura que, como una perla en su concha, se escondia en una obra tan
magnífica.
Hízose preceder por sus esclavos, montó en un caballo blanco, y
precedido de su córte se encaminó al alcázar misterioso.