XIX.

La culebra siguió diciendo á su amigo el lagarto:

--Entre tanto, el buen Abraham, que habia dejado de llorar de repente, y

se habia sentido inflamar por un fuego dulce y desconocido, olvidó

enteramente á su protector, y saliendo del cementerio montó en su asno,

y se volvió hácia un lugar donde le llamaba una fuerza misteriosa que le

atraia, le atraia, sin que fuese poderoso á contrarestarla y sin saber á

dónde.

Y el asno andaba con la velocidad del Borac[93], y la tierra se quedaba

rápidamente atrás, y parecia un rio que huia.

Y antes del amanecer, Abraham se encontró no lejos de una populosa

ciudad y á la puerta de un jardin deleitoso.

En medio del estensísimo jardin, habia un palacio resplandeciente que

arrojaba sobre el jardin y sobre los montes una luz diáfana, mas diáfana

que la de la aurora.

El asno se detuvo en la puerta del jardin, levantó la cabeza, abrió sus

narices al viento y rebuznó.

En el momento se abrió la puerta del jardin, y aparecieron muchos

esclavos negros.

--¿Eres tú, dijeron, el sábio médico á quien nuestra señora espera?

--¿Y quién es vuestra señora? Yo al ver la hermosura de estos sitios y

los resplandores de aquel palacio, habia creido que Dios el

Misericordioso, me mostraba su jardin de Hiram.

--Estos no son los jardines de Hiram, sino los de nuestra señora, que

está enferma y te espera.

--¿Es acaso la sultana de este imperio vuestra señora?

--Nuestra señora es la poderosa maga Leila-Fatimah.

Al oir la palabra maga, Abraham invocó á Dios, y le invocó tan de

corazon, que fueron inútiles para con él en aquel momento los hechizos

de Leila-Fatimah.

Revolvió su asno, y escapó á cuanto correr pudo el asno por la campiña.

El cuadrúpedo tomó por una senda, y al fin de ella se paró delante de un

humilde edificio.

--Loado sea Dios, que me trae á su santa casa, dijo Abraham.

En efecto, el asno se habia detenido en una pequeña mezquita, donde

hacia penitencia un hombre de Dios, un santo morabitho.

Abraham descabalgó de su asno, y entró en la mezquita.

El morabitho estaba prosternado delante del mirab.

Prosternose tambien Abraham, y oró.

Cuando se levantó, vió delante de sí al morabitho, que era un anciano de

barba blanca.

--¿Qué buscas ante Dios? dijo el morabitho.

--La tentacion me ha acometido, hermano, dijo Abraham, cuando oraba esta

noche sobre la sepultura de mi padre.

--Dios solo es veráz, y Satanás es pérfido; lleno de lazos tendidos por

el demonio está el camino de la vida: dichosos los que, como tú, acuden

en sus tribulaciones á Dios.

--Es que me siento vacilar, hermano mio.

--¿Qué te dice el diablo?

--Ha llenado de amor mi corazon.

--Amar puede el hombre; para él ha nacido la muger.

--Pero mi amor es ardiente, desenfrenado.

--Recurre á la penitencia.

--Mi corazon vacila.

--Véncele.

--¿Querrás consultar la voluntad de Dios en las estrellas, hermano?

--Las consultaré por tu amor, porque te veo lleno de tribulacion.

--Dios te lo pagará.

--Quédate entre tanto conmigo, bajo el amparo de la casa de Dios.

La alhambra; leyendas árabes · 第 152 / 311 题