La culebra siguió diciendo á su amigo el lagarto:
--Entre tanto, el buen Abraham, que habia dejado de llorar de repente, y
se habia sentido inflamar por un fuego dulce y desconocido, olvidó
enteramente á su protector, y saliendo del cementerio montó en su asno,
y se volvió hácia un lugar donde le llamaba una fuerza misteriosa que le
atraia, le atraia, sin que fuese poderoso á contrarestarla y sin saber á
dónde.
Y el asno andaba con la velocidad del Borac[93], y la tierra se quedaba
rápidamente atrás, y parecia un rio que huia.
Y antes del amanecer, Abraham se encontró no lejos de una populosa
ciudad y á la puerta de un jardin deleitoso.
En medio del estensísimo jardin, habia un palacio resplandeciente que
arrojaba sobre el jardin y sobre los montes una luz diáfana, mas diáfana
que la de la aurora.
El asno se detuvo en la puerta del jardin, levantó la cabeza, abrió sus
narices al viento y rebuznó.
En el momento se abrió la puerta del jardin, y aparecieron muchos
esclavos negros.
--¿Eres tú, dijeron, el sábio médico á quien nuestra señora espera?
--¿Y quién es vuestra señora? Yo al ver la hermosura de estos sitios y
los resplandores de aquel palacio, habia creido que Dios el
Misericordioso, me mostraba su jardin de Hiram.
--Estos no son los jardines de Hiram, sino los de nuestra señora, que
está enferma y te espera.
--¿Es acaso la sultana de este imperio vuestra señora?
--Nuestra señora es la poderosa maga Leila-Fatimah.
Al oir la palabra maga, Abraham invocó á Dios, y le invocó tan de
corazon, que fueron inútiles para con él en aquel momento los hechizos
de Leila-Fatimah.
Revolvió su asno, y escapó á cuanto correr pudo el asno por la campiña.
El cuadrúpedo tomó por una senda, y al fin de ella se paró delante de un
humilde edificio.
--Loado sea Dios, que me trae á su santa casa, dijo Abraham.
En efecto, el asno se habia detenido en una pequeña mezquita, donde
hacia penitencia un hombre de Dios, un santo morabitho.
Abraham descabalgó de su asno, y entró en la mezquita.
El morabitho estaba prosternado delante del mirab.
Prosternose tambien Abraham, y oró.
Cuando se levantó, vió delante de sí al morabitho, que era un anciano de
barba blanca.
--¿Qué buscas ante Dios? dijo el morabitho.
--La tentacion me ha acometido, hermano, dijo Abraham, cuando oraba esta
noche sobre la sepultura de mi padre.
--Dios solo es veráz, y Satanás es pérfido; lleno de lazos tendidos por
el demonio está el camino de la vida: dichosos los que, como tú, acuden
en sus tribulaciones á Dios.
--Es que me siento vacilar, hermano mio.
--¿Qué te dice el diablo?
--Ha llenado de amor mi corazon.
--Amar puede el hombre; para él ha nacido la muger.
--Pero mi amor es ardiente, desenfrenado.
--Recurre á la penitencia.
--Mi corazon vacila.
--Véncele.
--¿Querrás consultar la voluntad de Dios en las estrellas, hermano?
--Las consultaré por tu amor, porque te veo lleno de tribulacion.
--Dios te lo pagará.
--Quédate entre tanto conmigo, bajo el amparo de la casa de Dios.