Pero llegó un momento en que Zelpha tuvo celos.
Celos, no ciertamente de una muger, sino celos de la guerra.
Wamba la habia dicho:
--Voy á partir á Africa.
--Llévame contigo, habia contestado Zelpha.
--Aquella tierra abrasa, tus megillas se quemarán bajo aquel sol
ardiente, y luego... esponerte á los peligros... no, no: el guerrero,
solo debe llevar al combate su lanza y su escudo.
Wamba era muy firme; Zelpha no tenia sobre él mas poder que el de su
hermosura, y se acercaba el dia de la partida.
Zelpha quiso detenerle, y no pudiendo detenerle por su voluntad, pensó
en valerse de un filtro.
Pero no queria confiarse á nadie, ni podia tampoco hacer el filtro en el
palacio de Wamba.
Una mañana muy temprano, con el pretesto de ir á visitar su casa, salió
del palacio de Wamba.
Al acercarse á la tienda, la sorprendieron los horribles rugidos del
leon su hermano, y una espiral de negro humo que salia por encima de la
casa.
--¿Qué será eso? dijo Zelpha.
Aquello era que Jamné, que aunque habia perdido la forma de hombre no
habia perdido la inteligencia, hambriento, celoso, desesperado, habia
llamado al infierno y hablaba conmigo.
Me pedia que yo le restituyese á su forma de hombre y á su poder de
hechicero.
Pero yo no podia hacerlo, porque Jamné estaba hechizado por un conjuro
invencible para mí.
--Pero le dije: Zelpha se acerca.
Jamné se echó á temblar.
--Y me maltratará, dijo, porque me aborrece y es cruel.
--Zelpha no puede maltratarte, le dije.
--¿Y por qué?
--Porque ha perdido su poder y su ciencia al perder su pureza entre los
brazos de Wamba.
--¡Ah! esclamó Jamné en un rugido mezcla de dolor y de alegría; ¿conque
Zelpha apagará la sed de mi amor?
--Recuerda que es tu hermana.
--¿Y qué me importa?
--Ofenderás á Dios, y Dios te castigará.
--Yo la amo.
--Si tu hermana es tuya, concebirá y tendrá una hija.
--No importa.
--Zelpha morirá al ser madre, y su hija heredará la ciencia y el poder
que ella ha perdido.
-¡Ah!
--Y como has amado á tu hermana amarás á tu hija, porque estás maldito
de Dios; y tu hija, que no le conocerá, será mas cruel contigo que lo ha
sido Zelpha.
--¡No importa! esclamó rugiendo con mas fuerza Jamné, yo la amo.
--Pues héla que abre la puerta, le dije; quedad en paz.
Y desaparecí.