Por un postigo del muro de Toledo, entraban aquella misma noche una
muger envuelta de los pies á la cabeza en un velo blanco, y un hombre
envuelto asimismo, de la cabeza á los pies, en una clámide roja.
El hombre y la muger atravesaron las calles de la ciudad, subieron á lo
alto, y el hombre se detuvo junto al muro de un frondoso huerto, y llamó
á un postigo.
Un esclavo abrió, y el hombre y la muger entraron.
Siguieron adelante, y penetraron en una noble cámara estensa y hermosa.
Pero los adornos de aquella cámara eran banderas africanas, y los
muebles severos, y las paredes desnudas de tapicerías.
Una lámpara de hierro la iluminaba.
Cuando estuvieron dentro, la muger se desenvolvió de su velo y el hombre
de su clámide.
Eran Wamba y Zelpha.
* * * * *
Zelpha, durante muchos dias, permaneció al lado de Wamba.
Su tienda estaba cerrada, y los rugidos del leon hambriento asustaban á
los vecinos y á los que pasaban por la calle.
Zelpha, sin embargo, no parecia.