VII.

Hay allá, en las tierras de occidente, una tierra fértil, de cielo

radiante, cubierta de flores y de verdor.

La guardan sierras que la dan su nieve en claros raudales; la surcan

rios que fertilizan sus praderas, y sobre la vega y sobre sus montes se

ven alquerías blancas y torres bermejas.

Esta tierra, paraiso del mundo, jardin de delicias, huerto de amores,

bendita y riente, guardada por Dios para los mas valientes y fervorosos

de sus escogidos, estaba entonces en poder de unos cristianos, nietos de

unos bárbaros que habian venido á las regiones del mediodia, desde las

regiones donde jamás se derrite el hielo.

Aquellos cristianos eran los visigodos.

Corria el año de seiscientos sententa y cuatro.

Era rey de los visigodos Wamba.

Wamba, á quien habian obligado á ser rey.

Este rey era muy bravo.

En los primeros tiempos de su reinado subleváronse algunos de sus mas

poderosos vasallos; pero Wamba fué sobre ellos, los venció y les puso en

temor y respeto de su nombre.

Entre estos grandes, habia uno que se llamaba Ervigio.

Era mancebo y hermoso á maravilla, y tenia tanta soberbia como

hermosura.

Era pariente del pasado rey Recesvinto, y aunque no se atrevia á

declarar abiertamente sus intentos, alentaba esperanzas de ser rey y se

procuraba en secreto parciales.

Pero luchaba con el temor que imponia la bravura de Wamba, y andaba

desalentado y triste.

La alhambra; leyendas árabes · 第 139 / 311 题