XXIV.

--Habeis de saber, amigos, dijo el cuentista, con la importancia y el

placer del que tiene pendiente de su palabra la atencion de muchos

hombres, que habia en esta tierra, no se sabe cuando, pero sí que hace

mucho tiempo, un rey muy poderoso, que habia pasado los años de su vida

estudiando la astrología, y la ciencia maldita de lo oculto: era pues,

muy sabio, y muy poderoso, pero no era feliz: no tenia que necesitaba, y

para procurárselo, conjuró á Satanás.

--¿Y Satanás obedeció?

--Sí, porque el rey habia estudiado los siete libros mágicos de Salomon,

y se habia hecho mago.

--¿Y que pidió el rey mago á Satanás?

--¡La felicidad!

--¿Y se la dió Satanás?

--Le dió lo que él creia la felicidad, esto es, riquezas, y vasallos;

poder invencible contra sus enemigos, y una juventud y una hermosura

inauditas, durante trescientos cincuenta y cinco años.

--¡Oh! ¡y qué rey tan feliz! dijo un ginete de barba blanca: ¡un hombre

que durante trescientos cincuenta y cinco años, seria jóven, rico,

invencible y hermoso, y no sirviendo á nadie.

--Te engañas, dijo el cuentista: el rey mago era esclavo de sí mismo.

--¡Ah!

--¡Oh!

--¿Y cómo?

--Ya vereis: el rey mago estaba cansado de todo; porque hacia mucho

tiempo, que las aves del aire, los animales de la tierra, los peces del

mar, y los frutos de todo el mundo le servian por su ciencia de

manjares, y no encontraba nada que no le repugnase y que pudiese escitar

su apetito.

--¡Ah!

--Además de esto, el mago era soberbio, y queria tener un palacio como

no le hubiera en el mundo, y en aquel palacio un harém en que hubiera

las mugeres mas maravillosamente hermosas de la tierra. Era además cruel

y se gozaba con la sangre, con la muerte y el estrago.

--¡Ah, maldito!

--En el mismo punto en que pactó con Satanás, que durante trescientos

cincuenta y cinco años le tendria por esclavo, con la condicion de que

pasados los trescientos cincuenta y cinco años, él seria esclavo suyo

por toda una eternidad...

--¿Tanto valía el alma del rey mago?

--El diablo habia tratado con él de mala fé, porque si el diablo fuese

una vez honrado, dejaria de ser el diablo. Ya vereis. En el mismo punto

en que estuvo hecho aquel trato, que se hizo por cierto en aquella

gruta, el rey mago, dijo á Satanás:--Quiero tener un alcázar como no lo

haya tenido el poderoso Salomon.

Apenas dijo el mago estas palabras, cuando sobre la cumbre de esta

montaña, apareció un alcázar... yo no puedo deciros como era el alcázar,

porque no hay palabras en lo humano para encarecerle. Pero era mas

bello, mucho mas bello que la Alhambra, y eso que dicen que la hicieron

las buenas hadas del rey Nazar.

--¡Oh! ¡oh! esclamaron todos los ginetes en coro.

--Y eso que Satanás habia construido el alcázar en un momento.

Repitióse el murmullo de asombro.

--Cuando el rey mago vió aquel palacio tan maravilloso, dijo al

diablo:--Satanás, tengo hambre, los frutos y los animales de la tierra

me enojan: dame un fruto que no le haya ni en la tierra, ni en el

cielo, ni en el infierno.

Y Satanás desapareció por un momento, y volvió á aparecer con una

hermosa manzana en la mano. Habia ido por ella al jardin de Hiram y la

habia cogido del árbol de la vida.

--¡Ah!

--Cuando el rey mago comió la manzana, su corazon ardió, sus ojos se

pusieron rojos, le devoró una sed terrible, y gritó:--Satanás, quiero

recrear mis ojos en ver el esterminio; quiero ver los cadáveres hechos

pedazos sobre el campo de batalla, y devorados por los buitres; tengo

sed, y quiero aplacarla con sangre humana.--En el mismo punto, Satanás

tomó al rey sobre sus alas de murciélago, y en un solo instante le

condujo á un campo donde se embestian los egércitos de dos reyes

enemigos: y cuando el horno de la pelea estaba encendido y bravo,

Satanás se mezcló con el rey entre los combatientes, y el rey veia

morir, las unas á las manos de las otras, criaturas de Dios: y se

recreaba en cada herida, se alegraba con cada muerte, bebia la sangre de

los moribundos, y luego, cuando se hubo acabado la batalla y traspuso el

sol, vió á los buitres venir en bandadas, caer sobre el campo de batalla

y devorar los cadáveres desnudos. Y entonces esclamó:--¡Satanás! la

noche empieza; tengo sueño; la sangre me ha embriagado; quiero dormir mi

embriaguez entre los brazos de la doncella mas hermosa del mundo;

llévame donde yo repose y temple mi sed de amor.--Y como Satanás era su

esclavo, le tomó sobro sus hombros y le llevó á una cabaña.

--¡A una cabaña!

--Las mugeres mas hermosas, son las que respiran el aire saludable de

las montañas, las que se egercitan apacentando sus rebaños, las que

templan su sed con el agua pura de los manantiales, y satisfacen su

hambre con los sazonados frutos de los árboles; las que nunca se han

pintado con alheña las uñas y los cabellos, las que nunca han oprimido

con el ceñidor su cintura, ni con el borceguí su pie; las que no han

olido otro perfume, que el de los romeros y el que los vientecillos

arrancan de las flores; las que para enamorar no conocen el artificio,

ni mienten ni tienen celos, ni las devora la envidia: ¡oh! ¡sí! las

montañesas de mi tierra son las mugeres mas hermosas del mundo.--Pues,

como decia, el diablo llevó á la cabaña de una de estas vírgenes al

mago, y como el mago era hermoso y parecia jóven, y le ayudaba Satanás,

la pobre muchacha, aunque estaba enamorada de otro, se enamoró de él y

le sonrió amorosa, y el mago satisfizo su sed de amor, y durmió entre

sus brazos su embriaguez de sangre; y cuando despertó, dijo á

Satanás:--Esta muchacha me enoja; llévame á mi alcázar.--Y el diablo le

llevó, y este fué el primer dia del pacto del rey mago con Satanás.--Y

cuando la muchacha despertó se encontró sola, y buscó enamorada al rey y

no le encontró, y empezó á empalidecer y á enflaquecer, y murió á los

pocos dias y con ella murió antes de nacer, y teniendo ya un alma

impura, la hija que la desdichada habia concebido en sus breves amores

con el rey mago.

Y el segundo dia de su pacto con el diablo, el rey comió otra manzana

del árbol de la vida, y vió otra batalla, y bebió sangre, y tuvo otra

doncella, y la doncella murió, y con ella una hija no nacida.

Y durante el primer año de su pacto con el diablo, comió el rey mago

trescientas cincuenta y cuatro manzanas del árbol de la vida, y vió

otras tantas batallas, y se embriagó otras tantas veces con sangre

humana, y el diablo le dió otras tantas doncellas, que murieron

abandonadas, y con ellas, antes de ver la luz, sus hijas. Y el dia en

que se cumplia el año, todas estas hijas no nacidas vinieron al palacio

del rey mago convertidas en unas hermosísimas hadas, engalanadas con

vestiduras tales, tan sútiles, tan trasparentes y tan ricas, como no hay

artífice que las hiciese iguales, y adornadas con oro, perlas y

diamantes, como no se encuentran ni en los senos de la tierra, ni en las

entrañas de las rocas, ni en los abismos del mar. Y el mago vió

alrededor de sí, trescientas cincuenta y cuatro hijas, una por cada año

de la vida que le habia concedido Satanás, y todas tan hermosas, tan

resplandecientes, tan magníficas como el rey mago no habia podido soñar

en sus mas ardientes sueños de deseo. Sucedió que cuando el mago vió

delante de sí á su primera hija se enamoró perdidamente de ella, y su

hija de él; pero por mas que hacian por unirse, los separaba siempre un

muro invisible, impenetrable, que les impedia tocarse: y el mago y la

hada gemian y giraban alrededor el uno del otro, siempre separados por

un muro tan delgado como un cabello y tan claro como el diamante, y como

el diamante tan duro. Y cuando el mago vió su segunda hija mas hermosa

que la primera, se obstinó más, y así sucesivamente hasta que, rodeado

de las trescientas cincuenta y cuatro, y rodeándose todas ellas, y

siempre sin poder tocarse, llamó desesperado á Satanás.--Yo muero, dijo;

dame la mas hermosa de mis hijas.--Por cada hija tuya, un año de tu

vida, dijo Satanás.--Te lo doy, dijo el mago.--Y Satanás rompió el muro

de diamante que le separaba de la primera hija, y el uno y el otro se

estrecharon en sus brazos.

--¡Ah, malditos, malditos!

Pero apenas tocó el mago á su primera hija, sintió cansancio de ella y

le pareció mas hermosa la segunda.--Dáme mi segunda hija, Satanás, dijo

el mago.--¿Me darás por ella otro año de tu vida?--Sí, contestó el

mago.--Ten, pues, dijo Satanás, y le entregó su segunda hija. Pero

apenas la tocó el mago, la aborreció. Pidió una tercera á Satanás, y

Satanás le pidió otro año de su vida.--Y así, pidiendo una á una sus

hijas á Satanás, y dándole por cada una de ellas un año de su vida, y

aborreciendo á sus hijas apenas las tocaba, desde el anochecer de una

noche de horror, hasta el amanecer de un dia de tormenta, el diablo dió

al mago sus trescientas cincuenta y cuatro hijas, y el mago gastó sus

trescientos cincuenta y cuatro años sin haber apagado su sed de amor,

sin haber cometido un solo incesto. Dios no lo quiso permitir, y el

diablo se alegró de ello, porque en un año que llevaba de servir al rey

mago, habia conocido que su esclavitud era insoportable. Cuando el mago

rechazaba á su última hija, cantó el gallo en la alborada.--Eres mi

esclavo, dijo Satanás al mago; tus vicios han sido mas poderosos que tu

ciencia, y has gastado en una noche de deseo los trescientos cincuenta y

cuatro años que yo te dí por tu alma.--Y asiéndose del rey mago, le

arrebató consigo á los abismos, y con el rey mago se hundió su negro

palacio, y solo quedó esa caverna, donde sedientas de amor, penan las

trescientas cincuenta y cuatro[88] hadas malas, sus hijas. Y por su sed

de amor, cuando un hombre que no lleva sobre si un amuleto entra en la

rambla, las hadas malas llaman á la tempestad, y el viagero, huyendo de

ella, trepa á la gruta, y cuando está dentro las hadas se apoderan de él

y todas le quieren para sí, y lo despedazan pretendiendo arrebatárselo

las unas á las otras, y en el momento en que el desdichado muere,

mordido, arañado, sofocado, estrangulado, despedazado, cesa la tempestad

y se vé el torrente que se precipita por la rambla, rojo como sangre

humana.

¡Y nuestro señor ha entrado en esa maldita caverna!

--Dios tenga piedad de él si no lleva consigo un amuleto.

--¿Y quién te ha contado ese cuento?

--¡Qué! ¿dudareis de él?

--No dudo; ¿pero cómo se sabe lo que pasa en esa caverna, si todos los

que entran en ella mueren?

--Yo no sé quien lo habrá contado; algun varon justo y temeroso de Dios.

--Además de eso, ¿crees tú que sea falso un cuento que tiene tan

provechosa enseñanza?

--¿Y qué enseñanza es esa?

--Que al hombre le matan sus vicios, le hacen odioso á Dios, y le

condenan.

--¡Ah! ¡ah!

--Pero ved que la tempestad pasa y sale la luna.

--Es verdad; pero nuestro señor no sale de la caverna.

--Sí; pero su katib Zuleka, está sentado tranquilamente á su entrada.

--¡No importa! ¡no importa! ¿qué habrá sucedido á nuestro señor?

La alhambra; leyendas árabes · 第 121 / 311 题