XXI.

Y pasaron algunas noches, y todas ellas la sultana fué á la torre de la

Cautiva á recibir entre sus brazos al infante Ebn-Ismail, y Masud á

decir sus amores á María.

El infante se mostraba cada vez mas enamorado de Ketirah.

María decia siempre á Masud:

--¡Espera!

Y la sultana moria de amor entre los brazos del infante, y Masud de

impaciencia y de amor al lado de María.

Habia llegado aquella noche, en que, como dijimos al principio de esta

leyenda, Masud estaba delante de María.

De María, que mas pálida y mas triste que de costumbre, doblegaba la

cabeza bajo uno de esos presentimientos oscuros que nos oprimen el

corazon, porque no sabemos si vá á acontecernos una gran ventura, ó una

gran desgracia.

La sultana Ketirah, por su parte, en la habitacion inferior, estaba

consternada.

Al entrar el infante por el ajimez la habia rechazado, y su semblante

estaba lívido y sombrío.

Para que nuestros lectores comprendan lo que pasó aquella noche en la

torre de la Cautiva, es necesario que retrocedamos á la noche aquella en

que el mago tuvo su última entrevista con María.

La alhambra; leyendas árabes · 第 118 / 311 题