Y pasaron algunas noches, y todas ellas la sultana fué á la torre de la
Cautiva á recibir entre sus brazos al infante Ebn-Ismail, y Masud á
decir sus amores á María.
El infante se mostraba cada vez mas enamorado de Ketirah.
María decia siempre á Masud:
--¡Espera!
Y la sultana moria de amor entre los brazos del infante, y Masud de
impaciencia y de amor al lado de María.
Habia llegado aquella noche, en que, como dijimos al principio de esta
leyenda, Masud estaba delante de María.
De María, que mas pálida y mas triste que de costumbre, doblegaba la
cabeza bajo uno de esos presentimientos oscuros que nos oprimen el
corazon, porque no sabemos si vá á acontecernos una gran ventura, ó una
gran desgracia.
La sultana Ketirah, por su parte, en la habitacion inferior, estaba
consternada.
Al entrar el infante por el ajimez la habia rechazado, y su semblante
estaba lívido y sombrío.
Para que nuestros lectores comprendan lo que pasó aquella noche en la
torre de la Cautiva, es necesario que retrocedamos á la noche aquella en
que el mago tuvo su última entrevista con María.