Entre tanto Abd-el-Rahhaman, sin poder contener á su caballo, era
llevado por él con la velocidad del huracan á través de los campos.
Nadie supo en Tarazona lo que habia sido del infante.
A los tres dias los caballeros y las gentes y los esclavos que habian
acompañado á Abd-el-Rahhaman en su embajada, partieron de Tarazona.
El rey, antes de que partiesen, les preguntó por el infante.
--No sabemos lo que ha sido del bravo Abd-el-Rahhaman, señor, respondió
un xeque que habia acompañado al infante.
--Dios le ayude, dijo el rey de Aragon, porque es un buen caballero.