X.

Pasaron los tres dias del plazo.

Fuera de los muros de Tarazona se habia levantado un palenque.

Aquel palenque era el campo cerrado donde las armas debian dirimir la

contienda de dos hombres enamorados de una muger.

Aunque el plazo habia sido breve, la fama del duelo habia cundido; gran

número de damas y caballeros de las ciudades y villas cercanas á

Tarazona habian acudido á presenciar aquel raro litigio entre un

cristiano y un moro, que debia sentenciarse por Dios y por San Jaime.

Desde muy temprano los estrados y las barreras estaban llenos de gente:

en los primeros se veian hermosas damas, hidalgos, caballeros y

mesnaderos, todos engalanados, todos impacientes porque llegase la hora

del trance. En las barreras se agolpaba el popular ruidoso, que á cada

momento crecia, y los ballesteros del rey guardaban aquellas barreras y

aseguraban el palenque.

A un estremo de él estaba un tablado cubierto de hermosos tapices, y

sobre aquel tablado dos doseles; el uno mas rico y mas bello que el

otro.

Pero es de advertir que en el dosel menos rico estaban recamadas las

armas de Aragon, y en el otro mas adornado, mas bello, se veia entre

flores una aljaba, un arco y un cendal, armas del amor.

Al pie de estos dos doseles habia una larga gradería cubierta de

almohadones rojos y alfombras á los pies, donde debian sentarse, en la

primera grada las damas de la reina, en la segunda y tercera los

oficiales de la casa del rey.

A la derecha de estos dos doseles, habia un estrado cubierto por paños

rojos; aquel estrado debian ocuparle los jueces del campo, los heraldos,

los farautes, los persevantes, los escuderos y demás oficiales de armas:

á la izquierda se levantaba otro estrado cubierto de paños turquíes con

estrellas de plata, donde debian presenciar el duelo los caballeros

granadinos que habian venido acompañando en su embajada al infante

Abd-el-Rahhaman.

Al otro estremo del palenque habia dos tiendas de las mejores que se

habian visto en mucho tiempo, aunque diferentes entre sí: la una era

cuadrada, de tafetan verde con galones de oro, y sembrada toda de un

blason rojo con cuatro vástagos de oro, armas de la casa de Cardona, lo

que demostraba que aquella tienda, en la cual habia guarda de hombres de

armas con el mismo blason que se veia en la tienda al pecho, estaba

destinada á Men Roger de Cardona, rico-hombre de Aragon y gran privado

del rey Alonso IV.

La otra tienda era redonda y resplandecia por su tela de oro y seda

recamada de ricas labores arabescas y rodeada de una alfombra de Persia:

á su puerta habia, dando la guarda, esclavos negros con marlotas y

capellares rojos y arneses dorados, lo que decia claro que aquella era

la tienda del infante de Granada Abd-el-Rahhaman.

Y todo esto, los dos nobles doseles, los estrados, las graderías, las

tiendas, la arena igualada y estendida dentro de las barreras, la

multitud noble y plebeya que llenaba andamios, estrados y graderías: las

galas de las damas, las empresas de los caballeros, el aspecto feróz de

los ballesteros aragoneses, las brillantes armaduras de los hombres de

armas y escuderos de Men Roger, y los ostentosos trages y las armaduras

doradas de los esclavos del infante de Granada, ofrecian vivos matices,

y brillantes destellos, y cien cambiantes de color y de luz, bajo el sol

que salia por un horizonte azul y despejado.

La alhambra; leyendas árabes · 第 106 / 311 题