Al dia siguiente se presentó Abd-el-Rahhaman con toda la ostentacion de
su embajada al rey de Aragon.
Le precedian los presentes del rey de Granada.
Entre ellos iba Walidé maravillosamente vestida y cubierta con un velo
de gasa que sin cubrir su hermosura la aumentaba, como una ligera
nubecilla aumenta la belleza de la luna.
El infante adelantó con ella llevándola asida de la mano y la presentó
al rey, levantando su velo con una mano y dando con la otra á Alfonso IV
una cédula en pergamino, en que constaba la voluntad del rey de Granada
respecto á su sobrina la infanta Walidé al presentarla al rey de Aragon.
Un interprete leyó aquel pergamino.
Al escuchar los caballeros de la córte de Alfonso IV, que estaban
presentes, que el rey de Aragon podia dar en matrimonio, con su rico
dote aquella muger, aquella niña de tan maravillosa hermosura, todas las
miradas se fijaron con codicia en Walidé, especialmente la de Men Roger
de Cardona.
Despues Abd-el-Rahhaman notificó al rey el objeto de su embajada.
Las treguas que el rey de Granada pedia, convenian tambien al de Aragon,
y fueron concedidas y estipuladas sin dificultad. Cuando el tratado
estuvo concluido, Abd-el-Rahhaman dijo á Alonso IV:
--Recordarás noble y poderoso rey que soy tu vasallo.
--Es cierto, dijo el rey de Aragon: hace tres dias me rendiste pleíto
homenaje, y yo le recibí: ¿pero por qué me recuerdas eso?
--El rey de Granada al entregarte la infanta Walidé, ha sido con la
condicion de que la tengas para tí, ó de que la dés por esposa á uno de
tus vasallos. Ahora bien: ¿guardas tú para tí á la infanta?
--Yo no tengo ni tendré mas que una esposa, dijo el rey.
--Pues entonces, señor, replicó el infante, yo te pido por esposa á la
infanta Walidé.
Y antes de que el rey pudiese contestar, Men Roger de Cardona adelantó
pálido y trémulo hácia el dosel del rey y esclamó:
--Y yo la pido tambien á vuestra señoría, yo que soy rico-hombre de
solar, y que he vertido mi sangre en cien batallas matando moros.
--¡Ah! ¡tú eres un perro traidor, sin fé y sin lealtad en sus palabras!
dijo el infante á Men Roger.
--Pídeme mi hermana y te la daré, infante, dijo el baron catalan: pero
yo pido al rey esa doncella.
--Y me la pides tú tambien infante de Granada, mi vasallo? dijo Alfonso
IV.
--Sí, si señor, esclamó con toda su alma Abd-el-Rahhaman: es mi prima,
la amo y ella me ama.
La incertidumbre hacia temblar á Men Roger.
--Yo os la concedo á los dos, dijo el rey: á tí canciller de mis reinos,
valiente y leal vasallo mio, á tí infante de Granada mi noble vasallo.
--Pero señor, esclamó Abd-el-Rahhaman, la infanta no puede dividirse en
dos: sobra pues uno.
--Dices bien, esclamó todo descompuesto Men Roger: sobra uno de los dos.
--Pues caballeros, dijo el rey, que Dios y San Jaime decidan vuestra
contienda: dentro de tres dias en la Tela, en un palenque cerrado,
obtendrá por premio de su victoria la infanta de Granada, cualquiera de
los dos que venza.
Y el rey despidió á su córte, y Walidé se quedó en el alcázar del rey, y
Abd-el-Rahhaman y Men Roger salieron cada cual por su lado, convertidos
en los enemigos mas implacables del mundo.