Cuando concluyó la comida, doña Catalina se retiró y el baron catalan y
el infante granadino quedaron solos.
Despues de hablar de varios asuntos, Abd-el-Rahhaman dijo á Men Roger:
--Tú eres valido del rey tu señor.
--El noble rey don Alonso conoce mi lealtad y la premia concediéndome su
confianza, contestó el aragonés con cierta reserva porque no sabia á
donde iba á parar el moro.
--¿De modo que si tú pidieras una gracia para mí al rey tu señor, para
mí que desde ayer soy su vasallo?...
--¿Y qué gracia es esa?
--Una muger.
--¿Una vasalla del rey?
--Sí; mas que eso aun; una sierva.
--¿Para hacerla tu esposa?
--Sí.
--¿Y quién es?... ¡sierva del rey! ¡no puede ser noble!
--El rey puede concedérmela.
--Te prometo que si concedértela puede, te la concederá.
El infante estrechó la mano del baron catalan, y poco despues se separó
de él.