VI.

Pero á pesar del amor que el infante sentia hácia Walidé habia quedado

fija en su memoria, y en su corazon, sin poderse esplicar con qué deseo,

con qué afan vago y misterioso, el recuerdo de doña Catalina de Cardona.

Era muy hermosa esta dama: blanca y pálida, con hermosos cabellos rubios

como el oro, con hermosos ojos negros como el ébano y lucientes como el

carbunclo, y magestuosa y gentil, y esbelta á maravilla: era muy jóven y

su frente resplandecia de pureza.

Y el infante adelantaba hácia la cámara donde el rey de Aragon le

esperaba, murmurando sin ser poderoso á otro pensamiento:

--¡Oh! ¡qué cristiana tan hermosa!

Y sin embargo el amor que sentia por Walidé permanecia vivo, ardiente en

su corazon.

Cuando entró á la presencia del rey, el infante dobló una rodilla.

--Poderoso sultan de Aragon, dijo: el esclarecido, el vencedor, el

magnífico sultan de Granada y del Andalucía, mi señor, á tí me envia:

pero antes de notificarte el objeto de mi embajada, quiero declararme

vasallo tuyo, no embargante el vasallage que confieso al rey mi señor

natural el noble sultan de Granada, y á rendirte pleito homenaje, por

mis villas y castillos de la frontera de Murcia.

Maravilló al rey de Aragon el vasallaje de un infante moro á quien no

conocia y con el cual nunca habia tenido amistad ni guerra, pero se lo

agradeció, lo aceptó, mandó llamar á su canciller, solemnizóse el pleito

homenaje, y el rey de Aragon le abrazó y le besó en la megilla, mandando

escribir su nombre entre los de los grandes vasallos de sus reinos.

--¿Por qué me habrá rendido vasallaje este moro? dijo para sí Alonso IV,

cuando Abd-el-Rahhaman salia de la cámara.

Y Abd-el-Rahhaman murmuraba saliendo:

--Solo me falta satisfacer la codicia del consejero favorito del rey

cristiano: yo averiguaré quién este consejero sea: le daré cuanto oro

sea necesario, y Walidé será mia.

Y á seguida murmuraba suspirando:

--¡Oh! ¡y cuán hermosa! ¡cuán hermosa es aquella cristiana!

La alhambra; leyendas árabes · 第 102 / 311 题