Pero á pesar del amor que el infante sentia hácia Walidé habia quedado
fija en su memoria, y en su corazon, sin poderse esplicar con qué deseo,
con qué afan vago y misterioso, el recuerdo de doña Catalina de Cardona.
Era muy hermosa esta dama: blanca y pálida, con hermosos cabellos rubios
como el oro, con hermosos ojos negros como el ébano y lucientes como el
carbunclo, y magestuosa y gentil, y esbelta á maravilla: era muy jóven y
su frente resplandecia de pureza.
Y el infante adelantaba hácia la cámara donde el rey de Aragon le
esperaba, murmurando sin ser poderoso á otro pensamiento:
--¡Oh! ¡qué cristiana tan hermosa!
Y sin embargo el amor que sentia por Walidé permanecia vivo, ardiente en
su corazon.
Cuando entró á la presencia del rey, el infante dobló una rodilla.
--Poderoso sultan de Aragon, dijo: el esclarecido, el vencedor, el
magnífico sultan de Granada y del Andalucía, mi señor, á tí me envia:
pero antes de notificarte el objeto de mi embajada, quiero declararme
vasallo tuyo, no embargante el vasallage que confieso al rey mi señor
natural el noble sultan de Granada, y á rendirte pleito homenaje, por
mis villas y castillos de la frontera de Murcia.
Maravilló al rey de Aragon el vasallaje de un infante moro á quien no
conocia y con el cual nunca habia tenido amistad ni guerra, pero se lo
agradeció, lo aceptó, mandó llamar á su canciller, solemnizóse el pleito
homenaje, y el rey de Aragon le abrazó y le besó en la megilla, mandando
escribir su nombre entre los de los grandes vasallos de sus reinos.
--¿Por qué me habrá rendido vasallaje este moro? dijo para sí Alonso IV,
cuando Abd-el-Rahhaman salia de la cámara.
Y Abd-el-Rahhaman murmuraba saliendo:
--Solo me falta satisfacer la codicia del consejero favorito del rey
cristiano: yo averiguaré quién este consejero sea: le daré cuanto oro
sea necesario, y Walidé será mia.
Y á seguida murmuraba suspirando:
--¡Oh! ¡y cuán hermosa! ¡cuán hermosa es aquella cristiana!