LETRE dibº y litº Lit de J.J. MARTINEZ Madrid]

Masud-Almoharaví, que acompaña al rey, mira con recelo al infante y á

los suyos, pero no se atreve á espresar sus temores, porque no son por

la vida del rey, sino porque espera que aquellos caballeros se quejen de

él amargamente al rey, y el segundo wazir, que tambien al rey acompaña,

permanece en su puesto y sin recelar nada, grave é inmóvil.

Empieza la audiencia, y sigue, y es larga, porque son muchos los

querellosos que acuden al rey.

Quedan sin embargo pocos, y los conjurados no oyen el rumor que

esperaban, y que debe ser la señal para consumar su delito.

En fin, el último de los del pueblo es oido, y no habiendo ya mas á

quien juzgar, el rey dirige severamente la palabra á Ebn-Ismail.

--¿De qué tienes que quejarte, mi noble primo? le dice.

En aquel momento suena un rumor sordo en la parte de la ciudad, allá

abajo, que aumenta y zumba.

El semblante de Ebn-Ismail palidece aun mas; sus ojos centellean, y dice

adelantando hácia el trono.

--Me querello de tu tiranía, dice sin inclinarse, con la frente alta y

terrible acento de amenaza.

El rey palidece y tiembla de cólera; salta abajo del trono empuñando su

espada, y se dirige furioso á Ebn-Ismail apellidándole traidor.

Pero Ebn-Ismail mas pronto, ó mas afortunado, ase al rey por sus

vestiduras, le arroja contra la puerta, saca un puñal de la manga de su

aljuba, y dice con voz terrible hiriendo al rey:

--¡Tú me robaste en Martos una doncella cristiana, y yo te robo la vida!

Y en el mismo punto, y cuando el rey cae exánime, y el segundo wazir,

que ha pretendido defender al rey, cae hecho pedazos por los conjurados,

el rumor, los gritos que se acercan, resuenan ya distintos, y se escucha

á una turba inmensa que adelanta hácia el alcázar gritando:

--¡Muera el wazir Masud-Almoharaví! ¡muera el tirano!

Y la confusion cunde, y los guardas se arremolinan, y Ebn-Ismail y los

suyos se abren paso con sus espadas entre la revuelta y sorprendida

guardia africana, y se reunen al populacho que llega sediento de la

sangre del wazir, escitado y pagado por los caballeros de la

conjuracion, y gritando cada vez con mas furor:

--¡Muera el wazir Masud-Almoharaví! ¡muera el ladron! ¡muera el tirano!

Y en aquel momento terrible, el wazir amenazado, ase al rey moribundo,

le carga sobre sus hombros, y se pierde con él en el interior del

alcázar, despues de gritar á los de la guardia africana:

--¡Cerrad las puertas! ¡á los muros los ballesteros! ¡sígame, siga al

rey el que no sea traidor!

Y la puerta cierra sus dos hojas de hierro antes que puedan llegar los

conjurados, que sacian su corage despedazando á los africanos que han

quedado fuera, y combaten inútilmente durante todo aquel dia el alcázar,

del cual son rechazados.

La alhambra; leyendas árabes · 第 90 / 311 题