Ebn-Ismail entre tanto, sale de Generalife por la parte alta, desciende
rápidamente por la falda de la Silla del Moro, llega á los cármenes del
Darro, atraviesa el rio, trepa por la opuesta vertiente, recorre una
ladera y se encuentra en el barranco donde están las cuevas de
Dinadamar.
Pero reina un silencio profundo: la luna ilumina en paz desde lo mas
alto del cielo el barranco: todas las cuevas están cerradas[83] y
oscuras.
--¿Me habrá engañado el viejo que encontré en el castillo? dice
Ebn-Ismail adelantando por el barranco: ¿aquí no hay señal alguna de
conspiracion ni de conspiradores?
Pero no ha acabado aun de pronunciar el infante estas palabras, cuando
de detrás de una breña salta un moro cubierto el rostro con la toca, y
le pone al pecho una ballesta armada y le dice:
--Detente sino quieres morir.
Y el infante se detiene y se alegra, porque en aquel hombre que le
amenaza, vé un indicio de la conspiracion.
--¿Quién eres? le pregunta el moro encubierto.
--Soy el infante Ebn-Ismail, que busco á los caballeros que conspiran
contra el wazir Masud-Almoharaví.
--¿Sabes los nombres de esos caballeros, ó siquiera el de uno solo de
ellos?
--No lo sé.
--Pues entonces debes morir.
--No; mas bien llévame entre ellos: vengo solo, nadie me sigue: si soy
traidor mas seguro estaré entre los conjurados, y si me matas, la
conjuracion no tendrá efecto, porque yo soy el que la ha de alentar y
hacer posible.
Parecian contener al moro estas palabras, dá un silvido y acuden otros
moros; habla con ellos algunas palabras en voz baja el primero, y los
otros van á reconocer los alrededores. Cuando se convencen que nadie hay
en ellos, que el infante viene solo, vuelven, asen del infante, le
vendan los ojos, le levantan en alto y le llevan: el infante siente
abrir una puerta, bajar despues á los que le conducen unas escaleras,
atravesar un largo espacio pendiente, detenerse y adelantarse uno de
ellos solo. Poco despues escucha los pasos de aquel hombre que llega á
los otros, habla en voz baja con ellos y siguen con el infante y le
dejan en tierra y se retiran.
Entonces oye una voz que le dice:
--¿Eres tú el infante Mohammet-Ebn-Ismail, hijo del walí de Algeciras y
primo del rey?
--Sí, contesta el infante.
--¿Quién te ha dado noticias de que estábamos aquí reunidos?
--Un astrólogo á quien he consultado.
--Has sido imprudente.
--El astrólogo no nos hará traicion.
--¿Y te conjuras tú contra el rey?
--Sí, quiero matarle.
--¿Por qué razon?
--Me ha quitado una cautiva en la toma de Martos.
--Y crees tú que se pueda matar al rey.
--Yo, si me ayudais le mataré mañana.
--¡Mañana!
--Sí, yo mismo, por mi mano.
--¿Será preciso que se amotine el pueblo?
--Se le amotina.
--No tenemos bastante dinero para ello.
--Le tengo yo, dice el infante: y se arranca la venda de los ojos.