X.

--¡Guárdete Allah, mi valiente primo! dice el rey acercándose. ¿A dónde

llevas á esa cristiana?

--Es mi esclava, dice Ebn-Ismail: el apoderarme de ella me ha costado

mucha sangre de mis escuadrones, y la pérdida de mi amigo Aben-Osmin,

que se cuenta entre los mártires de la victoria. ¿Acaso pretendes,

señor, que yo no tenga potestad sobre esta esclava?

María calla y tiembla.

--¡Mio es el quinto de las presas! esclamó con voz temblorosa el rey:

¡mia la potestad de elegir entre la presa lo que mejor quiera! ¡Yo soy

el señor y tú eres el esclavo! ¿Te atreverás á oponerte á mi voluntad?

--Tu siervo soy y lo confieso, dice Ebn-Ismail conteniéndose á duras

penas, porque por el lado por donde habia venido el rey empezaban á

asomar esclavos de su guardia africana: tu siervo soy; ¿pero no merecen

mí valor y la sangre que por Dios y por tí he vertido en una y otra

batalla, que me concedas esta esclava?

El rey entonces adelanta hácia María y la levanta de sobre el rostro el

velo; y al verla tan hermosa, con el semblante cubierto de rubor,

inclinado á la tierra, y temblando de espanto, la reconoce; su corazon

se abrasa en un fuego impuro, y grita fuera de sí:

--¡Esta es mia!

--¡Tuya! esclama el infante en el colmo de su furor.

Pero los esclavos africanos llegan; el infante está solo; medita que una

resistencia inútil solo servirá para privar á María de un defensor

generoso, y contesta:

--Tuyo es, señor, cuanto es de tu siervo: llévate á la cristiana, y si

en ello crees que hay un sacrificio por mi parte, sirva para aumentar en

uno los sacrificios que por tí he hecho.

Y sin decir mas palabra se vuelve desesperado, se aleja dejando en poder

del rey á María, llega á sus abencerrages, y,

--¡A caballo! les grita; ¡á caballo y á Granada!

Y el valiente escuadron de los abencerrages, plega las tiendas, cabalga

y parte en silencio y á la carrera tras de su caudillo, que lleva un

infierno en el alma.

[imagen no disponible: ¡Esta es mia!.]

La alhambra; leyendas árabes · 第 84 / 311 题