Abul-Walid fué á visitar aquella noche al viejo astrólogo que de una
manera tan estraña, y sin pedirle licencia, se habia aposentado en la
mejor cámara de la torre de la puerta de su castillo real, y que tan á
su gusto habia transformado el interior de aquella cámara.
Abu-Jacub-Al-Hakem habia prometido en una y otra entrevista al rey
levantarle figura y descifrarle su horóscopo: pero con el pretesto de
que las conjunciones planetarias no eran propicias, alegando otras veces
escusas plausibles, el rey no habia logrado saber ni una sola palabra
acerca de su destino por boca de Abu-Jacub.
Pero cuando se vió afligido por la ardiente vision, que tentadora y
misteriosa se habia repetido para él siete noches consecutivas, el rey,
no pudiendo resistir mas, se trasladó una noche á la torre de las Siete
bóvedas, y se entró resueltamente en la vivienda de Abu-Jacub.
--Sé á lo que vienes, dijo este.
--Pues bien, puesto que te he honrado en mi córte, que todos te
reverencian y que te llamas mi astrólogo, descíframe mi sueño.
--Ese sueño es una tentacion, rey Abul-Walid; una tentacion que pone á
prueba tu nobleza y tu caridad.
--No te comprendo.
--Vas á comprenderme.
Y el sabio abrió uno de los ajimeces.
--Ven acá, dijo al rey.
El rey fué al ajimez.
--Mira hácia el poniente.
--Nada veo, es la noche muy oscura.
Abu-Jacub tocó los ojos del rey.
--Vuelve á mirar, dijo.
--Veo las fronteras de mi reino y la villa fronteriza de Martos.
--Mira aun.
--Veo una casa de solar cristiana: sobre su puerta, en un blason, hay
una cruz roja.
--¿No has visto una cruz roja en tu sueño?
--Sí.
--¿Y no crees que esa cruz roja que se vé sobre el blason de la casa del
corregidor Sancho de Arias tiene relacion con tu sueño?
--Sí; ¿pero qué quiere decir esa cruz?
--Esa cruz quiere decir que una cristiana causará tu muerte, poderoso
rey Abul-Walid.
--¿Es acaso esa cristiana la doncella que yo he visto en sueños?
--Sí.
--Quiero verla.
--Vas á verla en una ocasion solemne: mira.
El rey miró.
--Veo un ancho dormitorio: en aquel dormitorio un enorme lecho; en aquel
lecho un caballero anciano, con la cabeza cubierta por un vendaje
sangriento, y espirante.
A un lado del lecho hay un faqui cristiano leyendo en una Biblia; al
otro lado una muger sencillamente vestida, vuelta de espaldas, que
parece orar y tener asidas las manos del herido.
--No veo á la muger de mi sueño; dijo el rey.
--Si por cierto: es esa que está vuelta de espaldas; como se encuentra
replegada sobre el lecho no puedes admirar su gentileza; pero tiempo
tendrás de verla.
--¿Y qué significa lo que allí sucede?
--Significa que el buen corregidor Sancho de Arias muere á consecuencia
de heridas.
--¡Heridas!
--Sí, heridas recibidas hace tres dias en las fronteras de tu reino.
--No tengo noticia de ningun encuentro con los cristianos.
--Tu alcaide de Loja, que intentó una algara sobre la frontera, ha sido
vencido, y como prudente no te ha dado noticia de su desastre: ha dejado
sobre la frontera cristiana la flor de sus caballeros muertos á manos de
los vecinos de Martos, á quienes acaudillaba su corregidor; pero el
desdichado no gozó el triunfo; recibió algunos hachazos en la cabeza de
manos del tremendo Alí-Athar, tu alcaide en Loja, y hélo ahí espirante.
Escucha lo que se habla en esa habitacion.
--Nada oigo; dijo el rey: la vega y las montañas están envueltas en el
mas profundo silencio.
Tocó Abu-Jacub los oidos del rey y repitió:
--Escucha.
--Oigo al faqui cristiano rezar en rumy[79]; oigo el sobrealiento y la
fatiga del herido que está dominado por un letargo.
--Escucha aun.
--La muger llora.
--Y el herido despierta y parece que cobra aliento, como si le ayudára
la mano de Dios.
El rey siguió escuchando.
Hé aquí lo que el rey oyó:
--Padre, dijo el herido: sé que voy á morir, y que necesito de vuestro
auxilio y de vuestra presencia: pero veo á mi lado á mi hija; siento su
mano sobre mis manos, y recuerdo que antes de morir necesito confiarla
un importante secreto, que solo sabe Dios... y yo; y que solo ella debe
saber. Dejadnos solos, padre mio, que cuando haya concluido con este
último deber que me prescribe mi conciencia, volveré á ampararme de vos.
El fraile salió.
Quedaron solos el anciano que moria, y la jóven que de verle morir
lloraba.