IV.

A la primera noche que el rey vió esta vision, despertó encendido de

amor y transido de terror.

Túvolo al fin por delirio de su pensamiento, y volvió á reclinarse en

los almohadones de su divan.

Pero no logró dormirse.

Veia fijos en él los ojos de la doncella soñada; aquellos ojos que le

brindaban amor, y su boca, aquella boca que le prometia delicias.

Al alba se levantó, y ansioso de olvidar aquel sueño que le atormentaba,

salió de caza: pero en el monte y en el valle, en la selva y en el

altozano, en las márgenes del rio y en el arenoso fondo de los

barrancos, en el fondo melancólico de las espesuras, y en el oscuro

antro de las grutas, allí, en todas partes veía á la hermosa doncella

flotando delante de él; y cuando irritado por la vision tendia hácia

ella su arco en el furor de su delirio, la vision de amores desaparecia

y quedaba en su lugar una cruz de sangre y fuego.

Durante siete noches el rey vió en sueños á la doncella misteriosa cada

vez mas pura, cada vez mas enamorada, cada vez mas resplandeciente.

Durante siete dias que salió á caza pretendiendo borrar la impresion de

su sueño en medio de la luz y del aire de los campos y de las montañas,

vió en la luz á la doncella enamorada, en la sombra la cruz de fuego, y

el aire le trajo el perfume suavísimo, que como emanacion de la doncella

misteriosa, respiraba en sus sueños.

La alhambra; leyendas árabes · 第 78 / 311 题