III.

Tenia además el rey Abul-Walid otra razon para estar triste y apenado.

Esta razon era un sueño.

Un sueño tenaz de amores.

Durante siete noches consecutivas, y despues de un letargo profundo,

habia visto brillar un punto rojo en medio de las tinieblas de su

letargo, ensancharse aquel punto, estenderse como un velo de sangre, y

luego aquel velo ir cambiando de color hasta volverse de color de rosa,

y trocarse al fin en un espacio diáfano circundado de una luz blanca,

radiante y dulce.

En medio de aquel espacio habia visto cada una de las siete noches

aparecer una figura muy pequeñita, y apenas perceptible, acercarse,

crecer, mostrar al fin las formas de una doncella jóven y hermosa que se

acercaba con la túnica flotante como una nube impelida por el viento, al

divan donde reposaba el rey.

A medida que la doncella se acercaba, el rey sentia ir creciendo un

delicado y fresco perfume que parecia emanado de ella, y luego veia

claramente sus ojos negros amorosamente fijos en los suyos y sus

flotantes cabellos que semejaban ebras de oro, y su frente blanca como

el marfil, y cándida y pura como la mirada de la jóven tortolilla que

aun no ha amado: veia sus hombros y su garganta desnudos, nacarados,

palpitantes, sus manos y sus brazos cruzados en una actitud de pudor

sobre su seno, y sus pequeños pies que cubria y descubria

caprichosamente la flotante halda de la túnica.

Luego el semblante de la doncella, con los ojos nublados de amor y la

fresca y fragante boca entreabierta en un leve suspiro, se acercaba al

semblante del rey; pero cuando el rey iba á besarla, la virgen

desaparecia y solo quedaba ante el rey, brillando entre las mas densas

tinieblas, una cruz de sangre y fuego.

La alhambra; leyendas árabes · 第 77 / 311 题