En que Selvago con su cuñado Flerinardo va al concierto; llegados
al jardin, Selvago canta un soneto. Despues de lo qual, entrado,
su señora lo está esperando, donde habiéndola recebido por esposa
goza de los últimos gozos del amor, de que muy gozoso del jardin
sale, y por intercesion de Flerinardo conocen la gran cobardía
de Escalion, de lo qual con mucho placer se tornan á dormir.
Introdúcense:
SELVAGO. — RISDEÑO. — CARDUEL. — FLERINARDO. — ESCALION. — ISABELA. —
CECILIA.
_Selv._ ¿Duermes, Risdeño?
_Risd._ Señor, no; ¿qué mandas?
_Selv._ Que me des mis armas y hagas aderezar esos mozos.
_Risd._ Señor, veslos aquí; los compañeros se quedan aparejando.
_Selv._ Pues tenme de ahí (que, si no me engaño, las once tocó agora
el relox), armaréme.
_Card._ Señor, señor.
_Selv._ ¿Qué dices, Carduel?
_Card._ Flerinardo con sus dos criados, Escalion y Velmonte, están á
la puerta.
_Selv._ ¡Oh, cómo la verdadera amistad siempre en las necesidades se
conoce! sin duda que le soy en mucho cargo.
_Risd._ Señor, en más te es él á tí, pues hoy le has remediado todas
sus fatigas en prometerle tu hermana por esposa.
_Selv._ Aunque lo que dices así sea, no dexo por eso de sentir lo que
por mí hace; mas acaba presto, Risdeño, darás esa escala de cuerda á
Carduel que lleve, y tú ansimesmo aquel laud.
_Risd._ ¡Cómo, señor! ¿y has de ser como el mosquito que va cantando
á robar los que duermen?
_Selv._ El símile como de quien sale; siendo tú chiquillo y ruinejo,
así hablas en tu comparacion del mosquito tu pariente.
_Risd._ Aunque chiquillo y ruinejo, como vos, señor, decis, no me
trocaria por uno que más alto que vos fuese.
_Selv._ ¿Cómo así?
_Risd._ Por las muchas virtudes y gracias que los de tal marca
tenemos.
_Selv._ Di, pues, algunas, en tanto que me acabo de aderezar.
_Risd._ En metro os las podria decir, porque así me las enseñaron á
mí; mas, por abreviar, en dos palabras concluiré. Primeramente por
la mayor parte los de esta estatura son todos muy vivos, ingeniosos
y ardidos, que, por verse los tales ser en poco tenidos, siempre
inquiren nuevas y esquisitas invenciones para ser de todos estimados;
tambien si un pequeño se desafia con un grande, si el tal pequeño
vence es más estimada su vitoria por ser más contra natura. Tienen
otro provecho, que el pequeño que fuere á la guerra armado, siendo
las armas conformes al cuerpo, no le darán con el peso mucha pena, y
si el tal fuere á caballo, le dará ménos fatiga, y con otro tendrá
ventaja en las armas defensivas, pues detras de un escudo se puede
defender, y ofender al contrario; y si fuere huyendo y los enemigos
llegaren cerca, fácilmente donde quiera se puede esconder y encubrir
su persona. Eso mesmo si en frontera ó campo se halláre, do ha de
jugar el artillería, más seguro estará de las pelotas que el grande;
y si acaso le hurtaren sus armas ó vestidos, allende de medrar poco
el ladron con ellos por ser chicos, donde quiera los podrá conocer;
tambien es gracia que si entráre por puertas ó ventanas pequeñas,
no tendrá necesidad de se abajar ni se hará mal en la cabeza. Es
escelencia de los tales que con poco dinero se pulen y atavian, y si
hecho lo mercáren, aunque sea mayor, fácilmente lo pueden tornar
á su medida; esles tambien provecho, que si fueren á dormir en
cama angosta, el pequeño dormirá más á su talante que el que no lo
fuere. Son ansimesmo los de tal estatura pulidos, que por estirarse
y ser mayores andan muy del tempe, y tienen bien otra gracia, que
sin pena se visten y calzan por tener los brazos más llegados á los
piés, donde si algo se les cayere de las manos, sin que se sienta,
lo tornan á recoger, y por lo dicho éstos son muy buenos danzantes.
Sobre las dichas gracias, si el de tal estatura fuere mercadante de
cosa que se ha de medir á brazas, ganarán más, porque le dan á él
grande brazada, y él dala pequeña. Tienen tambien sobre lo dicho otra
escelencia, que si dieren alguna caida de lugar alto, el de ménos
estatura dará ménos golpe; y si acaso fuere camino en la fiesta,
siendo avisado, á la sombra del compañero se defenderá del sol; y
finalmente, todas las veces que con otro habla, le hacen acatamiento,
porque para bien entendelle, se acorvan estando él muy entonado. Esto
es, señor, lo que yo hallo más en el de mi estatura que en el de la
vuestra, sin otras muchas cosas que sobre el caso pudiera decir y por
prolixidad dexo.
_Selv._ Cierto que he tomado gran deletacion con tus palabras, que
las debes tener de coro para semejantes tiempos; mas, pues ya estoy
del todo á punto, vamos fuera; tú, Carduel, véte adelante, como ayer
hiciste, camino del huerto.
_Card._ Ya voy, señor.
_Selv._ ¿Tomaste el laud, Risdeño?
_Risd._ Bueno está eso, señor, ¿y no le ves, que hace más bulto que
yo?
_Selv._ Pues si no le quieres llevar, dásele á Sagredo que le lleve.
_Risd._ Agora, señor, que yo le llevaré; porque si acaso hubiere
alguna refriega me pueda tan en tanto esconder en él.
_Selv._ ¿Pues cómo, así nos habies de ayudar? ¿no te mostrabas anoche
más fuerte de eso?
_Risd._ No, señor, que ayer no iba allá Escalion, y yo tenía sus
veces, y siendo él presente, no podria ser más de como quien soy,
aunque todavía pondria el laud en medio de la batalla para que allí
se descarguen los golpes y quebrante la furia de las partes.
_Selv._ Agora bien, vamos fuera, ¿es mi señor hermano Flerinardo?
_Fler._ Él, que aunque indigno dese nombre, mucho os desea servir.
_Selv._ ¡Oh señor, y no reposárades esta noche! que para en esto de
hoy mi gente bastara.
_Fler._ Ora, señor, dexad esas razones por escusadas, y vamos nuestro
camino, que yo recibo la merced en que de mí acepteis algun servicio.
_Risd._ Señor Flerinardo, ¿no venía en vuestra compañía Escalion?
¿dónde está?
_Fler._ No sé cierto, mas de quanto agora estaba comigo, y tras de
nosotros debe venir, si no ha tomado las de villadiego y dádonos
cantonada.
_Risd._ Vesle allí dó viene; anda, Escalion, no te quedes tanto atras.
_Esc._ ¡Oh pesar de quien me parió, Risdeño! ¿y para qué me das
voces? que venía ahí echando mano pensando que los enemigos parecian,
y dado caso que así fuera, nos quedáramos burlados, porque oyendo tal
nombre, si ellos eran naturales de Europa, no pongas dubda que me
pararan delante.
_Risd._ Pues ¿cómo es verdad lo que dices, pues que cada dia nos
cuentas nuevas questiones que has tenido?
_Esc._ Eso es verdad, que no me conociendo toman esa presuncion;
mas si despues, por aventura, de mis manos salen sin herida mortal,
quando el caso cuentan á quien me conoce, les dice que ese dia
nacieron.
_Selv._ Señor Flerinardo, una palabra al oido.
_Fler._ ¿Qué decis, señor?
_Selv._ Que deseo conocer en estremo dó llega su lanza de Escalion,
porque verdaderamente creo ser todas sus blasonerías fingidas, y si
os parece, lo podrémos probar esta noche.
_Fler._ Señor, haced como vos quisiéredes; mas no sea de manera que
nos cueste caro la burla si él hace algun desvarío.
_Selv._ No, que en eso primero se proveerá; mas agora, pues al huerto
hemos llegado, entendamos en lo que conviene, que despues habrá
tiempo para todo.
_Fler._ Haced como os pareciere.
_Selv._ Muestra, Risdeño, ese laud miéntras viene la hora, descubrirá
este gozoso corazon alguna parte del gran contentamiento que en sí
tiene.
_Risd._ Vesle aquí, señor.
_Selv._ Pues di á Velmonte y á Escalion que se detengan en la boca de
aquella calle, Sagredo y Rubino se pondrán en aquella encrucijada que
allí baxo parece, y que á todo el mundo defiendan el pasaje.
_Risd._ Señor, ya se ha hecho, y Escalion dice que si álguien por
su pertenencia quisiere pasar, que le ha primero de engastonar su
espada en el cuerpo y facelle volver sin cabeza ni piernas, porque no
tenga necesidad de caperuza ni zapatos.
_Selv._ Anda, déxale, que del dicho al fato hay gran rato; y oye, que
quiero comenzar un nuevo soneto, nuevamente en mi pecho concebido y
por mi soberano gozo fabricado.