En que Valera, muy gozosa con las joyas que lleva, á su casa
llegada, manda á Cecilia que á la puerta la aguarde, donde
fingidamente en una pieza alta hace grande estrépito y ruido
porque Cecilia piense que entiende en el conjuro; la qual,
estando á la puerta, á su requebrado Carduel vido pasar, con
quien tiene graciosas pláticas. Siendo, pues, despedida y por
Valera despachada, á su señora da el recaudo, y como acaso
Selvago por allí en aquel instante pasase, de Isabela, que á la
fenestra estaba, escesivamente fué enamorado, donde habiéndole
manifestado su propósito, á su posada muy cuidadoso y pensativo
vuelve. Introdúcense: