_Isabela._ ¡Oh soberano Criador de todas las cosas, debaxo cuyo poder
y mando las virtudes de los cielos en su propio oficio permanecen,
rodeando á su voluntad las operantes influencias, signos y planetas
celestes con maravilloso artificio, sin en un punto de su debido
límite y sendero desviar, no todas de una operacion y medida por
causa que chaos ó confusion no hubiese en ellas, sino unas en su
apariencia mayores que otras, para que por su exemplo los mortales,
no con igualdad de estados más diferentes, su siglo pasasen! Asimesmo
criaste con maravilloso saber los cuatro elementos, de los cuales
el fuego, que es el más ligero, careciendo de cuerpo, el más alto y
cercano lugar de los cielos ocupa, teniendo debaxo de sí el aire,
que es el segundo en ligereza y asiento, el qual predomina y señorea
sobre las aguas señaladas por tercer elemento, estando éstas asimismo
sobre el último y más pesado, que es la tierra. Todo lo qual, en la
creacion del soma ó cuerpo humano pone tasada parte, acudiendo tú
con lo mejor y más noble, que es el ánima racional, que le aparta
y divide de los brutos terrestres, siendo la más apta y aparejada
obra para que, loándote, tus soberanas maravillas en alguna manera
conozcamos, ¡Oh, pues, poderoso Dios, que de nada á tu imágen y
semejanza me criaste y ansimesmo con tu sangre y muerte redemiste
para que tu gloria á mi voluntad gozase! ¿Qué será, oh Dios? ¿qué
novedad es esta que ansina tan repentinamente yo otra me hallo, de
mí sin apartarme apartada, sin me trocar vuelta, sin vida muriendo,
con vida sin la tener? Lloro, espántome; gimo, maravíllome; rio,
tengo pena; hablo, desahógome; callo, consúmome; compañía me da
pena, soledad me congoxa, placer me destruye, pesar me acaba,
descontento no quiero, contento me da muerte. ¡Oh, pues, Dios bueno,
qué contrariedades tan diversas en mí de tan poco espacio acá he
sentido, que la vida me mata y la muerte me sería saludable medicina
y provechoso remedio! ¡Oh desventurada doncella, en fuerte hora
nascida, en contrario planeta engendrada! ¿qué es de tu presuncion?
¿qué es de tu fantasía? ¿qué es de tu gravedad? ¿qué es de tu tan
amada limpieza, tu grande recatamiento, tu amada libertad, tu claro
linaje, tu soberano valor, tu descanso, tu placer, tu alegría, tu
contento, y finalmente, tu fresca mocedad, deleitosa juventud y
muy alabada hermosura? ¡Ay de mí, que todo lo veo trabucado, todo
muerto, todo perdido, sin que esperanza alguna de recuperarlo me
quede! ¡Oh amor, amor, que he entendido ser éstos tus juegos, tus
tratos y tus perdidos devaneos! Tú á los grandes señores abates, á
los medianos atormentas y á los pequeños lastimas. Al emperador,
al rey, al magnífico, al noble, al caballero, al ciudadano con el
rústico labrador señoreas; en todos mandas, á todos debaxo tu yugo
pones, á todos con mil géneros de penas atormentas. A unos ensalzas,
á otros pierdes, á otros abates, á otros das dolor, á otros descanso,
á otros sospechas, á otros enemistades, á otros confianza, á otros
guerra, á otros paz y á otros, finalmente, das amargoso fin. Tú
asuelas los reinos, pierdes las ciudades, tramas civílicas batallas
en los ciudadanos, destruyes todo género de personas, y maldad no
se comete en el mundo que por tí no sea tramada y por tu causa
concluida. Yo, doncella noble, de muy generosos padres recreada, no
sólo porque sienta tu violento poder, me quisiste lastimar, mas áun
con muy cruel muerte me fuerzas á que mi vida, llena de angustias
y dolores, en dolores angustiada perezca. ¡Oh Selvago, caballero
illustre, el más apuesto que mis ojos vieron! vida por quien la mia
del todo no perece, yo te pido que si aquella mesura que para todos
tienes, comigo no te falta, que no desprecies mis piadosas lágrimas
y humildosas plegarias, porque mi vida del todo no se consuma. Mas
¿qué digo yo, mal afortunada doncella, y estas razones convienen á
tal persona como yo soy, y no paso ántes por mil géneros de muertes,
que tambien tengo merecidas, queriendo así destruir mi honestidad y
honra? No, no, no será así, que primero conviene que mi trabajosa
vida perezca, que tal deshonra dé á mi famosa prosapia y linaje; mas
¡ay de mí! que el amor que en mis entrañas encerrado tengo, es tan
grande que no consiente que por istinto razonal me rija, forzando mi
fuerza á que del todo se fuerce en amar al que forzosamente debe ser
amado.
_Cecilia._ Señora, señora.
_Isab._ ¿Qué me quieres, Cecilia?
_Cec._ Risdeño está aquí, que te quiere hablar de parte de su señora
Rosiana.
_Isab._ Di que éntre. ¡Oh Dios mio, y quán dichosa y bienaventurada
sería yo si de parte de aquel caballero su señor viniese!
_Risd._ Fermosa señora, tu gran amiga Rosiana te manda comigo besar
las manos y te envia este prendedero, de dos que su hermano le
dió, que porque le parecieron buenos y galanes, dedicó el uno á tu
servicio.
_Isab._ Risdeño hermano, cada dia me quiere tu señora hacer mercedes
sin querer recibir los pequeños servicios que de mi parte le son
ofrecidos; mas hágote saber que el prendedero no querria que por
dármele de tu parte dixeses venir de tu señora.
_Risd._ Puesto caso que ansí fuese, mi señora, ¿perdia algo vuestro
valor por ello? ¿No os parece que soy yo persona para dar empresa, y
ser querido y amado de la más hermosa dama de todo el mundo?
_Isab._ Por cierto, Risdeño, así lo digo, especialmente considerando
bien tu buena dispusicion y gentileza.
_Risd._ De verdad, señora, que precio más esa palabra que si me
hicieran marqués del Perú, porque me podré alabar que me llamó
gentilhombre la más apuesta y hermosa dama que jamas nació; que
aunque yo veo no ser así, todavía por venir de tal cabo, me gozo;
mas, dexado agora esto, tomad esta carta que me dió Rosiana para vos.
_Isab._ ¿No digo yo que todo viene lleno de sospechas tu mensaje? mas
dime, ¿qué novedad es ésta, que me escriba Rosiana no lo habiendo
acostumbrado?
_Risd._ Cada dia hay novedades en el mundo; por tanto ved qué me
mandais.
_Isab._ Al presente no otra cosa sino que des mis besamanos á tu
señora y que con mi Cecilia enviaré mi recaudo.
_Risd._ Yo vendré por él, si fuéredes servida.
_Isab._ No quiero que tomes tanto trabajo, pues será escusado.
_Risd._ Pues, señora, así lo quereis, así sea; el Señor, que tan
hermosa os hizo, en vuestra compañía quede.
_Isab._ El ángel bueno te acompañe, Risdeño, que siempre me das
placer con tus palabras.
_Risd._ Por obra quisiera yo que fuera eso, señora; mas, pues no
puede ser, recebid la voluntad del pobre gentilhombre.
_Cec._ Señor Risdeño, aunque no os haya hecho ningun servicio,
recebiré merced de vos que deis mis encomiendas á Carduel, y llevarle
heis este par de escofias y paños de manos que le mandé estotro dia,
por señas que son labrados por mi mano.
_Risd._ Señora Cecilia, por dichoso tengo á Carduel por ser de tal
persona como vos favorecido; mas yo os prometo, á fe de gentilhombre,
que otro galan hay en el pueblo de quien muy mejor que dél fuérades
servida.
_Cec._ Con él estoy muy contenta, señor Risdeño; mas pídoos que me
digais quién es ese galan que me decis.
_Risd._ Yo; que os juro, por vida de mi amiga, que os sirviera mejor
que Roldan, y en ello no perderíades cosa.
_Cec._ ¿Sabeis que pienso, señor Risdeño? que estais burlando de mí.
_Risd._ ¿Burlar ó qué? Burlado me vea á las cañas, aunque fuese
almorzando con un par de perdices, si tal hago, sino que os aconsejo
lo que os cumple que dexeis á Carduel, que es rapaz y pelado, por mí,
que aunque no soy muy grande de cuerpo, en fin, soy hombre bienquisto
donde quiera, y más que tengo un pariente del padrastro de la suegra
de mi abuela en Indias, que fué agora treinta años allá y nunca dél
han sabido, que no puede dexar de venir presto con mucho dinero para
todos nosotros; pues mira que mal librarás tú desto, señora Cecilia.
_Cec._ Agora quédese para otro dia, señor, que haya más tiempo,
porque me llama mi señora, y dime si quieres hacer esto que digo.
_Risd._ Por haceros placer, aunque sea contra mi mesmo, hasta la
muerte lo cumpliré.
_Cec._ Pues Dios os pague, señor Risdeño.
_Risd._ Él quede con vos, mi señora.
_Isab._ ¡Cecilia, Cecilia!
_Cec._ Señora.
_Isab._ Entorna tras tí esa puerta, y si mis padres aquí por ventura
vinieren, házmelo saber; á los demas védales la entrada.
_Cec._ Así será, señora.
_Isab._ Agora que estoy sola quiero ver lo que en la carta viene, que
no puedo creer que de Rosiana sea; cierto que mi esperanza salió
verdadera, que esta letra de varon parece; ¡oh señor Dios, si fuese
de mi verdadero amigo, quán por dichosa me tendria! mas, en fin, con
leella quitaré todas estas dubdas.