FLERINARDO. — SELVAGO. — RISDEÑO. — ESCALION.

_Flerinardo._ Resuenen ya mis enormes y rabiosas querellas, rompiendo

el velo del sufrimiento con que hasta hoy forzosamente han sido

detenidas. Penetren los encumbrados cielos mis fuertes y congojosos

clamores, forzando su fuerza sin ella por haber sido forzada con

acaescimiento tan desastrado y fuerte. Maticen los delicados aires

mis muchas y dolorosas lágrimas, de miserables y profundos sospiros

esmaltadas. Descúbranse los furibundos alaridos, quebrantando los

claustros y encerramientos que tanto tiempo han tenido, esparzan con

su ligero ímpetu las delicadas exhalaciones de que el no domable

corazon solie ser cercado. Apártese de mí todo contento, pues gloria

sin ella, por haberla tenido, mis míseros sentidos han gozado. Dolor,

angustia y pena procuren de hoy más mi compañía, quieran con querer

lo que mi contraria ventura no queriendo quiso. Apercíbase mi pequeña

fortaleza para tan horrenda batalla como comenzar quiere; descubra

sus insignias y estandartes de clemencia, poniéndose los soldados de

servicios en alarde de rompimiento. Resuenen los roncos atambores

con querellosos zumbidos, los tiros mensajeros penetren con fuertes

dislates los túrbidos vientos y municiones de majestad contraria; los

ligeros dardos y tajantes espadas con desvíos consuman los míseros

combatientes, inquira el fuerte caudillo del ingenio nuevas y

exquisitas maneras de combates para que pueda venir en algun próspero

suceso su fluctuoso partido. ¡Ay de mí, en quánto dolor y tormento el

inhumano Cupido mi no subjetado corazon tan súbitamente pudo someter!

¡Oh amor, amor, cómo jamas creyera que tanta fuerza en forzar los

no forzados alcançabas, perdiendo sin perder al no perdido para que

del todo recuperar se pueda! ¡Ay de tí, Flerinardo, el más mísero

de los míseros, sin que causa en tí se halle para que tal nombre te

convenga! considera en qué estado tu contraria fortuna te ha traido

despues de te haber libertado de muy muchos y grandes peligros,

porque más agora, vuelta su rueda, su contrariedad en tu daño

experimentases. ¡Oh, cómo mi tan amada libertad sin alguna se halla

por haber sido tocada de la pestilencial ponzoña del inconstante

Cupido, donde otra cosa no se espera suceder, sino que la vida junto

con el ánima satisfagan al inviolable precepto de natura, si la

causadora de tanto daño no pone la triaca saludable en la infistolada

y encurable herida! Mas, ¡ay de mí! que primero las veloces

influencias celestes dexarán su acostumbrado camino, que tal medicina

en mi crecido mal sea aplicada, pues mi flaco merescimiento, con

el grande de mi seráfica dea, en ello no da lugar, por lo cual soy

forzado á que mi vida, llena de contrarias miserias, en miserias

miserablemente perezca; y áun si esto con brevedad fuese, no pequeña

gloria se me seguiria porque mi mal de todo punto se acabase. ¡Oh

Cupido, tirano y crudelísimo juez! pídote, pues soy impotente para

tan crudo tormento como, sin te ofender, en mí pusiste, ó me dés

manera como le pueda sustentar, ó del todo exagerando tu injusticia,

consuma ya mi trabajosa y triste vida. ¡Oh cruda y desastrada suerte

de amadores, que cresciendo cada dia más sus fatigas, las fuerzas

para sustentallas se disminuyen, y el sentido para más sentillas

se aumenta, y la muerte, por dar más pena, huye de la penosa vida!

¡Oh vida sin vida, pues viviendo paso vida de muerte! ¡Oh muerte

sin muerte, pues muriendo no muere mi pena! ¡Oh pena sin pena, pues

penando no pena mi dolor! ¡Oh dolor sin dolor, pues doliendo su dolor

es descanso! ¡Oh descanso de mi pena, remedio de mi cuita, amparo de

mi tribulacion, auxilio de mi desconsuelo, vida por quien la mia se

conserva, deja ya de atormentar á quien delante tu clarífico aspeto

misericordia postrado demanda!

_Selvago._ ¿Qué es esto, señor Flerinardo, que tan súbito mudamiento

al presente en vuestra figura se muestra? ¿por ventura habeis sabido

alguna desastrada nueva de vuestra patria, que tales extremos os

fuerza á demostrar, ó sentisos fatigado con alguna enfermedad

inopinada? Por Dios, señor, no me lo tengais más celado, que bien

sé ser algun arduo caso nuevamente en vos acaescido, pues siendo

tamaña vuestra amistad, áun no soy desto sabidor; pídoos, mi señor,

en quanto puedo, que más con el anhelo del callar vuestras pasiones y

penas, por vos no me sean escondidas, pues que os es manifiesto que

siendo vos triste no puedo yo ser alegre, y que teniendo vos pena no

tendré yo placer, y finalmente, que vuestro mal y bien (como en la

verdadera amistad conviene) ha de ser por mí igualmente rescebido;

aliende lo dicho, como el sabio declara, diciendo que en los amigos

todas las cosas han de ser comunes, y pues por tales yo y vos nos

tenemos, justo es que de vuestro dolor me deis parte, porque en ello,

si pudiere ser, os dé el remedio más conveniente, con que vuestros

afanes algun tanto se disminuyan.

_Fler._ Si fuerça en la mia hubiese para él alguna manera

demostraros, señor Selvago, el grave dolor que mis sentidos

atormenta, ni vos dello seríades ajeno, ni yo dexarie de rescebir

soberano consuelo en manifestar mis cuitas á quien sé que por suyas

las tendria; mas, ¡ay de mí! que no solamente para declarar mi pena

me falta poder, mas áun yo mesmo (lo que más en la enfermedad ha

de tener) la causa del todo ignoro, de que se sigue un tan grave

detrimento en mi penosa fatiga, que la muerte, en todo mal fin y

cabo, en el mio para mayor gloria deseo ya que viniese, donde con

ella se podrie ganar lo que en la vida por tan perdido tengo.

_Selv._ Aunque vuestras oscuras razones se muestran tales á mi flaco

entendimiento, no por eso dexo de conjeturar de qué pié, como dicen,

os sentis, por causa de tantos y tan diversos circunloquios y rodeos

como en vuestra plática habeis usado, lo que siempre se les dió á

los hermanos de semejante cofradía, como en la que vos, á lo que

veo, quereis entrar, pagando la luminaria de muchas y muy diversas

pasiones adelantada; mas aunque esto así pase, no por eso dexeis de

manifestarme si vuestro mal es de amor, porque de semejantes criados

y familiares que vos en vuestro transfigurado rostro demostrais, este

perverso señor suele siempre acompañarse.

_Fler._ Quereros yo, señor, encubrir lo que vos tan fácilmente habeis

entendido, poco ménos sería que locura; por tanto habeis de saber que

ruando yo este dia, despues de vísperas, por la ciudad, la fortuna

que lo ordenó, mis hados que lo quisieron, y mis ojos que fueron la

causa, vi en una fenestra una dama de tanto valor y hermosura, que

ni las pasadas la igualaron, ni las presentes la llegan, ni áun las

por venir la podrán en alguna cosa hacer ventaja. Pues yo de tal

vision espantado, no ménos fuera de mí que los tocados de Circes, ó

los que tocaron sus labrios en el rio Lecteo, viéndome en otro mundo,

nuevas costumbres y nueva manera de vivir desde entónces en mí se ha

hallado; de que mi mísero espíritu de tal manera se siente afligido,

que la vida tiene por muerte, y la muerte le sería dichosa vida.

_Selv._ De gana, señor Flerinardo, si no sintiese que os daba pena

de la vuestra, me reiria viendo la noble condicion que teneis y

soberano valor, puesto en una tamaña vanidad como en la que poneros

quereis ó del todo estais metido; verdaderamente no pudiera pensar

que así vuestro buen entendimiento y templado juicio tan de presto

perdiésedes en os dar, las manos atadas y tan de ligero, á este

valiente robador, cuyo engañoso poderío los vanos sentidos de los

simples y soeces hombres de contino señorear procura, dándoles en

el fin aquel galardon que su locura tiene merecido. Por vuestra

fe, señor, mirá bien lo que hacés; no querais así someteros, de

señor, á ser por vuestra voluntad siervo y muy abatido. Considerad

los daños y desventuras que desde el principio del mundo hasta en

nuestros tiempos ha cimentado, engañando con su apacible cara y

fingidos regalos y caricias los que en alguna manera á su voluntad

halla conformes. Si bien considerais, todos los que han escripto,

veréis que por un sendero los más contra éste sus obras enderezan,

contando los desastrosos acaescimientos que por él fueron urdidos y

cimentados. Homero, el principal de los griegos escriptores y poetas,

aunque en el proseguir de su historia muy ajeno, por eso no dexa de

le dar sus toques, demostrando por su _Ulixea_ la engañosa vida y

costumbres de la luxuriosa Circes. Tambien Maron, entre los latinos

poetas fénix único, todo el quarto libro de su _Eneida_ en decir

sus inicuos hechos ocupó; lo mesmo de Ovidio en su _Metamorfoseos_

pareciendo. Salomon le llama pestilencia y lazo en que los ánimos

ociosos como en liga se prenden. Tulio dice que ciega los ojos del

entendimiento y causa en el cuerpo senetud sin tiempo, ansimesmo

que de todos deben ser aborrecidos los que del todo se le dan. El

divino Platon dice que torna locos y sin sentido á los en quien mora.

Valerio Máximo le baptiza por raíz y principio de todos los males.

Petrarca con diversos contrarios le blasona, diciendo ser un fuego

intrínseco, una herida deleitosa, un sabroso veneno, una deleitable

dolencia, que causa suave y dulce muerte. Hablando en lo mismo

un autor de nuestros tiempos, dice que los enamorados impúdicos,

como leprosos, deben ser excluidos de todo poblado y conversacion

humana, queriendo demostrar ser el amor deshonesto una lepra, que

no solamente á sus señores destruye, mas áun á sus familiares y

alegados inficiona. Pues si los males que por él de hecho han sido

tramados de palabra los quisiese demostrar, ántes el tiempo que la

materia tendria fin determinado; mas aunque esto ansí sea, no dexaré

de particularizar algunos para más vuestro propósito confundir y mi

razon aprobar. Digo, pues, que las mayores guerras que en el mundo

fueron ni serán, si á los autores creemos, que fueron las de los

griegos y troyanos, por este sacrílego fueron cimentadas, donde

tanta gente ilustre pereció, quanta el mundo hasta entónces habia

criado. No fueron, empero, menores las que los romanos y sabinos en

uno truxeron, donde por este cruel, hermano con hermano y padre con

hijo atrozmente se mataban. Pues si queremos decir lo que en nuestra

España, por intercesion de la Cava, discípula de este cruel malvado,

pasó, bien creo yo que no faltaria qué, si las grandes y mortales

llagas que de ello áun tenemos, del todo siendo guarecidas, en ello

nos diesen lugar. En personas particulares es cosa espantosa de ver

los daños que hasta hoy tiene hechos, pues David por él ofendió

á Dios, á quien tanto amaba, tan gravemente, haciendo matar al

inocente capitan suyo Urías. Salomon por él, pues, fué idólatra. Su

hermano Amon por su causa murió muy desastradamente. Lo mesmo fué

del fortísimo Sanson. El padre de Oréstes por él fué privado de la

vida á manos de su mujer Clitenestra. Tolomeo, rey de Siria, por su

causa recibió otra semejante pena que Agamenon. Por éste el famoso

reino de Persia perdió el renombre de invencible, que por largos

tiempos habia adquirido, siendo sucesor Sardanapalo, el cual perdió

la dignidad de rey en traje femenino. Medea y Prógnes por él mataron

á sus hijos. Semíramis, habiendo en hábito de varon regido á la

gran Babilonia, por ella edificada, grande tiempo con mucho saber,

el mesmo dia que tal vestido dexó, ganó para sí la muerte, dada por

su hijo, á quien ella en mala parte amaba. Aníbal dexó de señorear

la gran ciudad de Roma por él. Xérxes, á quien los vientos con las

mares temian, por viciarse en este pecado perdió su reino y señorío.

Por causa de éste se han cometido muy malos y nefandos pecados,

como fué el de Passipha con el toro; Pigmalion, con una estatua de

piedra; Cratis, pastor, con una cabra, donde por esta causa por un

cabron de mala muerte fué muerto; Estello, con una yegua; Aristeo,

con una asna; Calígula y Commodo, siendo emperadores romanos en un

dia nascidos, pecaron gravemente con dos hermanas carnales suyas;

tambien Hemon con Rodope, su propia hija; Thereo, rey de Tracia, con

su cuñada Filomena; Thicthes, con Europa, mujer de su mesmo hermano;

Sother, rey de Sicia, con su madrastra Stratonice; Ayax Oileo, con la

profetisa Casandra; Dionisio el tirano, con las vírgenes Locrenses.

Por éste, Tarquino el superbo, no tan solamente fué homicida, mas la

muy hermosa y casta Lucrecia se dió con sus propias manos la cruel

muerte, y por esta causa él, con todos los más de su linaje, fué

afrentosamente de su reino y estado desterrado. Por éste, nuestro

leal enamorado Macías miserablemente fué muerto. Por el mesmo, Dante

y Petrarca, muy famosísimos y discretos toscanos, tambien padecieron

mil cuitas y mortales deseos. Y finalmente, por esta pestilencial

ponzoña, la más que matrona romana doña María Coronel, con un tizon

de fuego, por no faltar la fe á su D. Alonso, cruelmente se mató.

¡Oh pues! ¿quién será tan de poco juicio, que así de su voluntad se

ponga á padecer semejantes afanes como este tirano de contino á sus

súbditos ofrece? Mirad, pues, señor Flerinardo, no tan solamente

lo que he dicho, mas lo que pudiera decir, y veréis muy á la clara

quánto mal será para vos poneros en mar, donde la salida es incierta

y los peligros muy ciertos. Juicio tenés no tal que el mio haya

menester; mirad con ojos de lince lo que de aquí habeis de sacar, y

no solamente seguiréis mi parecer, mas á vos libraréis de muy cierto

peligro y rigurosa muerte.

_Fler._ Por verdad, señor Selvago, que nunca hallé aquel dicho del

cómico tan verdadero como al presente tengo en vos experimentado,

que dice que fácilmente cuando estamos sanos y fuertes damos

saludables consejos al doliente. Cierto si vos fuésedes herido con la

hierba que yo estoy emponzoñado, de otra manera mudaríades vuestra

plática; mas empero, porque no penseis que contra todo derecho

servimos este poderoso señor, por vuestros mesmos exemplos probaré

ser sus hechos rectos y justos. Decis primeramente que los griegos y

troyanos, por el robo de Elena, tuvieron entre sí tantas batallas;

digo que por ello deben mucho á la mesma Elena, pues fué causa á que

sus famosos hechos en memoria hasta la fin del mundo quedasen, lo que

de otra manera, pasando aquellos fortísimos capitanes su siglo en

paz, de ninguna gloria fueran dignos; eso mesmo sus hechos y memorias

perecieran con sus vidas, lo que es muy al contrario. Decis que los

sabinos y romanos tuvieron ansimesmo entre sí grandes batallas; si

bien mirais en ello, más fué por el robo que los siervos de Rómulo

cometieron, que por causa de Cupido; y si dixésedes que lo uno se

siguió de lo otro, digo que si por las doncellas y matronas que

los romanos tomaron, se cimentó batalla en los que siempre habian

sido enemigos, por ellas mismas se ordenó la paz, siendo dende en

adelante buenos amigos y juntados en un pueblo, lo que Rómulo con

buenas razones ni grandes poderes jamas habia podido acabar. A lo que

replicais de la destruycion de España, revolved los historiadores y

verés si todos se concuerdan en que lo tal subcedió por los pecados

de los mesmos españoles, y no tanto por lo que la Cava cometió.

Decis que David fué adúltero homicida; mirad lo que dello se siguió,

que fué su mucha contricion, por donde fué perdonado, quedando por

muy puro amigo de Dios, que tanto como entónces nunca se habia

demostrado; siguióse tambien dello el nascimiento de aquel, que

sabio de sabios fué llamado, que fué el grande y sapientísimo rey

Salomon. Por consiguiente, todos vuestros exemplos podrie volverlos

en contra vuestra opinion, sino por evitar fastidio se dexára,

demostrándoos brevemente los muchos y soberanos provechos que del

amor se siguen á los que con fidelidad servir le procuran. Lo primero

es que el amor engendra en él forma ó cuerpo humano, noble y cortés

condicion, suave y dulce policía, mucha afabilidad en los poderosos,

mediana estimacion en los no tales, grande curiosidad en todas sus

cosas, convenible estimacion y gravedad en sus tratos, vida pura

y limpia de toda mácula, deseo de ser sabios y virtuosos, grande

aborrecimiento de cualquiera liviandad, templada medida en sus

pasatiempos, gran recato en lo que mano ponen, mucha habilidad en

cualquier cosa, voluntad entera de servir á Dios, tanto por lo que

les conviene, cuanto porque digan delante de quien aman bien dellos,

de donde se sigue la pureza del ánima, que es guía de la verdadera

beatitud. Allende desto, al que es torpe le vuelve avisado, al tosco

polido, al superbo humilde, al presuntuoso afable, al avaro liberal,

al luxurioso casto, al gloton templado, y finalmente, al amador de

todos los vicios le torna siervo de todas las virtudes. Éste hace

que los reyes, uno con otro, tengan paces; pacifica esto mismo los

reinos, engrandece los linajes, hace nobles á muchos, convierte dos

almas y cuerpos en uno, aplaca los robustos, vence los fuertes,

doma los superbos, al cobarde da osadía, al temeroso esfuerzo, al

inconstante firmeza; entre los reyes reina, entre los caballeros

señorea, entre los cibdadanos manda, y entre cualquier otra gente

es por señor tenido. De todos es amado, de todos acatado, de todos

querido, de todos, finalmente, por señor tenido. Mirad pues, señor,

qué es lo que de él siento en lo poco que le he servido, y conocerés

qué podrá dél manifestar el que largo tiempo le contrató. Una cosa

sola os quiero decir, y es que más querria morir con amor que vivir

sin él, porque así la muerte sería dichosa, y por el contrario, la

vida del todo desventurada. Y por tanto, pues claro habeis visto cómo

tan bien he demostrado mi intencion, y sabeis ser lo que digo verdad,

pídoos, por el amistad firme que entre nosotros está, que más mal

no digais del amor en mi presencia, porque no será en mí sufrirlo;

solamente, si mi vida quereis, me dad algun medio para que la amorosa

pasion que me atormenta, del todo no me consuma, disminuyendo la pena

á mi trabajosa vida.

_Selv._ Por verdad que no me faltaban evidentes razones para del todo

confundir las vuestras si no mirase vuestro expreso mandamiento, y

que todavía, si vos razonais en favor del amor casto y honesto, no

tengo yo por qué vituperalle, por ser en sí loable y bueno. Mas, si

esto es así, no sé cómo pedís remedio á vuestra pena, puniéndola tal

nombre, salvo si es alguno de los que vuestro maestro Ovidio y otros

tales han instituido; en lo cual, porque creais que en todo hago

vuestro ruego, no dexaré de señalar algunos á vuestra pasion más

convenibles; es pues uno de ellos, que todo amador debe, como capital

enemigo, huir la ociosidad, poniéndose en arduos y grandes negocios,

con que poco á poco pierdan la memoria de lo que aman. Asimismo leer

libros sanctos y buenos, darse á los estudios, usar la caça, ya con

canes, ya con volatería, porque estando el cuerpo cansado el dia

en semejantes cosas, la noche en dormir gastará sin de más tener

memoria. Tambien dicen ser cosa provechosa partirse á otras tierras,

desviarse de su vista en quanto ser pueda, pues vemos claramente

por experiencia, que miéntras más léxos se hallan del fuego, más

seguridad se tiene dél. Tambien es provechoso abstenerse del vino y

manjares espléndidos, macerando el cuerpo con ayunos y abstinencias,

con que mucho se refrena y resiste la luxuria. Eso mismo, quando se

sintieron muy penados, deben de tomar pláticas con otras mujeres,

mas no de tal manera que por huir de un peligro caigan en otro

mayor. Deben tambien procurar de despedir de sí todas las señales de

enamorado, porque de lo fingido suelen venir á lo verdadero. Dicen

tambien ser cosa provechosa no estar mucho tiempo empleados en un

cabo, porque el árbol de dos dias puesto, más fácil se destruye

que el de muchos años. Debe tambien el que desea ser libre de esta

pasion desechar de sí á los tales como él que cumplieron sus deseos.

Asimismo deben huir la compañía do hay copia de mujeres, y sobre

todo no las ver bailar ó tañer, porque entónces tienen la propiedad

del basilisco; despues, si acaso la dexáre, debe no tener memoria

de los pasatiempos y placeres que con ella tuvo, que es cierto la

recaida peor que la caida. Dice despues desto el mismo Ovidio, alguno

dirá estos preceptos ser duros y no de sufrir, pero ha de mirar

que ninguna cosa grande costó poco, y que quien algo quiere, algo

ha de hacer; porque muchas veces vemos al enfermo tomar cosas muy

agras y malas, y que lo que pide no se lo dan, y que le constriñen

á que tome lo que no querria por ventura ver, y todo lo sufre por

ser sano; por lo mismo consiente barrenar su cuerpo con hierros

abrasados y otras cosas semejantes. Otro remedio cuenta para el amor

el magnífico caballero Pero Mexía en su _Silva_, con el cual sanó

Faustina, mujer de Marco Aurelio; la cual, como excesivamente amase

á un esgrimidor de los que hacian los regocijos públicos, y viéndose

en peligro de muerte, por esta causa los médicos mandaron matar y

quemar al esgrimidor, y los polvos bebidos en vino por Faustina, fué

libre de su amor inhonesto; él mismo da otro remedio, á mi ver el

más provechoso que se puede hallar, el qual es que quando uno está

de amor muy penado, que le casen y junten con quien ama y ansí será

libre. Vos, mi buen señor, mirad si alguno destos os hacen al caso,

y luégo por obra se ponga: catad que con la brevedad podria haber

remedio en lo que de otra manera sería escusado. Asimismo os suplico

que me digais qué sentís de mis palabras, y si os he con ellas dado

la pena que en mi porfía verdadera poco há recebistes.

_Fler._ Son tan diversas vuestras razones, señor Selvago, que bien

en ellas se muestra lo mucho que de mi propósito estais ajeno,

porque si muy bien mis palabras entendiérades el trabaxo que con tan

larga plática habeis rescebido, fuera escusado; mas porque del todo

no creais que habeis dado palabras al viento, sabed que el remedio

postrimero que señalastes, ó la muerte, lo puede ser de mi pena, que

en lo demas no os pido yo cómo del amor fuese apartado, que, como

otra vez he dicho, tendrie por mejor la muerte, sino manera alguna

para en él largo tiempo permanecer.

_Selv._ Tampoco yo quiero que penseis, señor Flerinardo, que por

falta de inteligencia repliqué no á vuestro propósito, porque sabed

que todavía por veros fuera de semejante pena (aunque más gloria

por vos sea llamada), os truxe á la memoria la doctrina de Nason,

deseando que, siendo de vos seguida, saliésedes de la tenebregura

y oscuridad en que puesto estais, porque claramente pudiésedes ver

la diferencia, que de mis buenos consejos á vuestras escusas no

justas se señala. Mas, pues tan duro y tenaz en vuestro propósito os

mostrais, y veo ser por demas la citola en el molino si el molinero

es sordo, no con poca pena habré de seguir vuestra voluntad, poniendo

por obra vuestro querer. Una cosa os pido eficazmente, que me señalés

quién ansí fué bastante tan repentinamente á subjetar vuestro corazon

nunca domado, para del todo ver si la tal pena con razon sustentais.

_Fler._ Pláceme, señor, en que os he convencido á lo que tanto

deseaba, y por el auxilio que me prometeis, os doy soberanas gracias,

quedando en deuda para quando en semejante negocio esteis puesto.

_Selv._ En otra cosa me lo podeis pagar si algo fuere, que en eso á

buen seguro estoy de no os haber menester. Y porque veais en qué lo

estimo, os prometo que tomarie quantos juros y rentas me trujesen

pagados á cien mil el millar para quando fueseis enamorado y yo

fiador, que no se cumpliese tan presto el término como el del otro

que mercó el sayo de seda en Granada por gran precio, pagando un

real por cada azotado que sacase la justicia hasta que la postura se

cumpliese. Mas dexado agora esto, decidme ya, si querés, quién la

señora sea, que lo deseo en estremo saber.

_Fler._ Primero os quiero traer á la memoria una historia antigua

para que más asegurado satisfaga á vuestra peticion. Sabed, pues,

que, como recita Bocacio y ántes dél Valerio, Candaulo, rey de los

lidos, demostrando su mujer, que muy hermosa dama era, á un gran

amigo suyo llamado Gigés por habérselo rogado mucho, vino que aquel

Gigés, muy enamorado de su hermosura, buscó manera para cumplir sus

deseos, y viendo ser imposible en vida del Rey, le mató alevosamente,

y siendo él poderoso señor, alcanzó lo que tanto deseaba juntamente

con el reino. Bien veo ser esto para con vos escusado, mas, porque

es de sabios prevenir con tiempo á lo que acaescer puede, lo digo.

La señora que de sola su vista me captivó, sabed que quién sea áun

yo lo ignoro por causa que lugar para sabello me faltó; mas di el

cuidado desto á mi criado Escalion, que acaso comigo entónces, como

suelo, lo llevaba, y como él sea un hombre que en este caso ó para

una quistion, en el reino dubdo que se halle otro tal, muy confiado

en su buena industria, por no dar causa de sospecha á los que

pasasen, á mi posada me vine, dexándole á él allá, donde no ha vuelto.

_Selv._ Pues así es, envia un paje á saber en qué se detiene, y sea

Risdeño mi enano, que muy entendido en cualquier cosa le hallo.

_Fler._ Muy bien me parece; hacedle venir aquí.

_Selv._ Risdeño, Risdeño.

_Risdeño._ Señor.

_Selv._ Mira dó te manda que vayas el señor Flerinardo.

_Risd._ ¿Es para matar á álguien, por ventura? sea, que mi buena

disposicion á más que eso me convida.

_Fler._ Vén acá, amigo Risdeño; tú has de ir por el monesterio de la

Trinidad y adelante, á do este dia estuvo el que volteó en la maroma,

mira acaso si ves á mi criado Escalion por allí, y dirásle que mucho

espacio es el suyo para en la priesa que estoy puesto.

_Risd._ No más, señor, que yo se lo diré, y si fuese necesario le

daré una fraterna; que sin dubda en algun bodegon con alguna dama

quintañona se debe haber detenido, como suele.

_Fler._ Anda, que no es de los que piensas; mas escusado es, que ves,

allí viene.

_Risd._ ¡Oh hi de puta, y qué color trae el gentil odre; parece que

entró á matar el fuego de Sant Francisco, segun viene de sudando y

tiznado! ¿Qué es esto, Escalion? ¿habeis andado á moxinetes y más

ruin sois vos con alguna legion de sartenes ó calderas, que por

cierto que pareceis poco ménos que moharrache con vuestra cara de

membrillo asado en horno de pastelero?

_Escalion._ Ea, peonzuelo de axedres, calla, que por el terrible

baladro de Merlin hé de os dar un puntapié por esos vientos, que

cuando acordeis á caer no valga el real de á cuatro en el reino.

_Selv._ Tente, Escalion, ¿no ves que es mi criado?

_Esc._ ¡Oh pesar de la gruta de Hércules! ¿y no mirais las afrentas

que en la cara me ha dicho el ratoncillo de monja, que juro por el

acerado mazafrusto de Sócrates, por ménos que esto suelo yo poblar un

nuevo ciminterio, y dar un mes qué hacer á todos los clérigos de un

arzobispado?

_Fler._ No haya más, Escalion, que bien se ve lo que tú vales; mas

dime, yo te ruego, lo que concluido dexas, y si conociste á la

causadora de mi pena.

_Esc._ ¡Oh pesar de las que en la cara tengo y tal decis! pues ¿era

yo por ventura algun niño, que una no nada que me mandábades, no

habia de cumplir? Sabed que supe quién eran sus padres y cómo la

doncella se llama, y antejuro por la fantasma de la reorpada de una

su familiar, que no poco obligada á mi servicio queda.

_Fler._ Dime ya ¡oh! por tu fe, mi buen amigo Escalion, lo que tanto

deseo, en dos palabras; no uses de tantas circunferencias con quien

la soga en la garganta la nueva está esperando.

_Esc._ Pues así lo quieres, así sea: sabrás que como de tí me aparté,

yo me lancé en su posada de un vuelo, y sin haber quien cuenta me

pidiese, yo me voy en la cocina, donde aguardando tiempo, detras de

una artesa un rato estuve escondido.

_Risd._ ¡Oh, cómo miente el panfarronazo; y aquí el quarto viene todo

tiznado, y dice que estuvo tras una artesa!

_Esc._ Landrezuela, ¿áun no querés callar? ¿qué estais murmurando

entre dientes?

_Fler._ Déxale, hermano: prosigue en tu plática.

_Esc._ Pues sabréis, señor, que no mucho despues que allí entré,

vino á la cocina una dueña honrada, con quien yo otro tiempo tuve

conocimiento, que, como yo la vi, salgo á raso, donde despues de

muchas pláticas la pregunto quién allí vivie, y quién era una hermosa

doncella que á la fenestra que salie á la plazuela habrie una hora

estaba en ella puesta; entónces con muy buena voluntad me respondió

que la casa era de Polibio.

_Selv._ Ya, ya, ya, no más, por vida de todo el mundo, señor

Flerinardo, que sois enamorado de Isabela, hija del mismo Polibio,

que mi hermana Rosiana muchas veces me ha dicho que es la más gentil

dama de este pueblo, con quien ella tiene mucha conversacion y

amistad.

_Esc._ Voto á rus, bien se ha ordenado, que juro á mi vida sólo pude

saber que vive allí Polibio, y lo demas era compuesto.

_Fler._ ¿Qué es lo que estás diciendo contigo, Escalion?

_Esc._ Digo, señor, que así es como el señor Selvago dice.

_Selv._ Pues más os hago saber que tiene muy gran patrimonio para

ella, que otro hermano que tiene de muy niño con un tio suyo que le

prohijó fué en unas naos á cierta provincia de la Nueva España, donde

iba por Gobernador, y nunca del uno ni del otro hasta hoy se supo;

mas de su mucho recogimiento, os hago saber que, segun de mi hermana

sé, es muy grande, por lo qual este negocio pongo en grandísima dubda.

_Fler._ ¡Oh alto y poderoso Dios, cómo son grandes tus maravillas!

que yo deseaba en estremo esta nueva, pensando que algun descanso

en mi afligido corazon pondria, y á lo que veo ha ser para mi mayor

tormento, sabiendo del soberano valor de mi seráfica dea, de mucha

castidad adornado, y mi baxo merecimiento de inmensas pasiones

esmaltado: ¡ay de mí sin mí! pues lo soy de quien teniéndome en sí

convertido, memoria de mí ninguna tiene, ni en mí poder se halla, por

su crescido merescimiento, para que mi trabajosa fatiga manifestada

le sea.

_Risd._ Señor Flerinardo, por el amor que mi señor os tiene haré por

vos lo que por otro que él no hiciera, esto es, que yo voy algunas

veces con recaudos de mi señora Rosiana para ella, yo os manifestaré

la primera vez que haga este camino, y podréis comigo envialla á

decir vuestro propósito, que yo me profiero, atento á lo ya dicho,

de por obra ponello, y esto ha de ser con que hagais á Escalion

alguna afrenta ó le nalgueis bien, porque me quiso denántes tragar, y

me llamó peon de axedres, raton de monja y otras mil sabandijas; sino

de otra manera será escusado.

_Selv._ Juro de verdad que mi Risdeño ha dado el mejor camino que en

esto puede haber; no resta sino que así se determine, que yo seré en

que presto se haga.

_Fler._ Tan usado soy toda mi vida á sufrir desventuras, que dubdo

si soy yo á quien tanto bien se le concede; á vos, señor Selvago,

doy las gracias por las mercedes que sin yo merecello de contino

me haceis, y á tí, hermano Risdeño, prometo que de mí no vayas

descontento.

_Risd._ No quiero otra cosa sino lo que he dicho.

_Selv._ Por mi fe, Risdeño, que la afrenta que le harán ha de ser

hacelle amigo tuyo.

_Risd._ Amigo sea él de Barrabás, que mio no por agora.

_Selv._ Cierto que lo has de hacer.

_Fler._ Ea, Risdeño, haced lo que vuestro señor os manda y yo mucho

os ruego.

_Risd._ Agora, pues todos me lo rogais, sea, con tal condicion que

me pida perdon de lo pasado.

_Fler._ Cumple con él, Escalion, por tu fe, que bien sabes lo que en

ello me va.

_Esc._ Áun él piensa que lo tiene todo acabado.

_Fler._ Dexa eso, haz lo que te digo, que ninguna honra pierdes.

_Esc._ Quiero pues: señor Risdeño, yo os pido perdon de las

descortesías que os dixe.

_Risd._ Levantaos, hijo, Dios os dexe lograr.

_Esc._ Hi, hi, hi, gracioso está por mi vida, y la mano me da que le

bese; quita, Risdeño, que eso no quedó en la postura.

_Risd._ Anda, que bien la puedes besar, que una vez llevé el acetre

al cura quando un domingo echaba agua bendita, y áun os promete que

esta mano os vengue de quien os enojáre.

_Selv._ ¿Estás ya contento, Risdeño?

_Risd._ Sí, y muy pagado.

_Selv._ Alto pues, bien será que yo me vaya á mi posada, que se hace

hora de acostar; por la mañana nos juntarémos en la iglesia, señor

Flerinardo, y darémos una vuelta cabalgando por esa calle, que gran

deseo tengo de á vuestra señora ver, por las nuevas que della tengo.

_Fler._ Si poder para salir fuera tuviere, así se hará.

_Selv._ Haceos al trabajo, que no es tiempo de regalo, y á Dios

quedeis.

_Fler._ Con él vais, mi señor.

_Risd._ ¿No me hablais, amigo Escalion, que me voy?

_Esc._ San Cristóbal os acompañe, gentil hombre.

_Risd._ El pajecito de Sant Bartolomé con vos quede.

Comedia llamada Selvagia, Comedia Serafina · 第 15 / 85 题