Los peloponesios entran en tierra de Atenas y cercan la villa de
Decelia. -- Socorros que envían a Sicilia, así los atenienses como los
peloponesios.
Después que los atenienses ordenaron lo que convenía hacer para
Sicilia, enviaron veinte trirremes a la costa de Peloponeso para
impedir que nave alguna pasase de allí ni de Corinto a Sicilia. Porque
los de Corinto cuando los embajadores de los siracusanos que habían ido
a demandar nuevo socorro llegaron, entendiendo que las cosas de Sicilia
estaban en mejor estado, cobraron más ánimo y les pareció que la armada
que habían enviado antes llegó a buen tiempo. Por esta causa aparejaron
nuevo socorro de naves de carga, y lo mismo hacían los lacedemonios con
los otros peloponesios.
Los corintios armaron veinticinco trirremes para acompañar a sus barcos
mercantes cargados de gente y defenderlos contra los de los atenienses
que los estaban esperando en el paso de Naupacto.
Los lacedemonios que estaban preparando el socorro por la prisa que
les daban los siracusanos y los corintios, cuando entendieron que los
atenienses enviaban nuevo socorro a Sicilia, así para estorbar esto
como también por consejo de Alcibíades, determinaron entrar en tierra
de Atenas, y ante todas cosas cercar la villa de Decelia.
Emprendieron esto los lacedemonios con más gusto, porque les parecía
que los atenienses, manteniendo guerra en dos partes, a saber, en
Sicilia y en su misma tierra, estarían más expuestos a ser deshechos,
y también por la justa querella que tenían a causa de haber estos
empezado la guerra los primeros, cosa totalmente contraria a los tratos
precedentes, cuyo rompimiento comenzó de parte de los lacedemonios,
pues los tebanos invadieron la ciudad de Platea, sin estar rotos los
tratos.
Y aunque estos determinaban que no se pudiese mover guerra a la parte
que se sometiese a juicio de las otras ciudades confederadas, y los
atenienses ofrecían pasar por ello, los lacedemonios no quisieron
aceptar esta oferta, teniendo en cuenta, con justa razón, que les
habían sobrevenido muchas adversidades en la guerra anterior, y
mayormente en Pilos.
Además, después del último tratado de paz, los atenienses habían
enviado treinta naves y destruido y talado parte de la tierra de
Epidauro, de Prasias y de algunas otras, y tenían gente de guerra en
Pilos que robaban y destruían a menudo las tierras, bienes y haciendas
de los confederados. Y cuando los lacedemonios enviaban mensaje a
Atenas para pedir restitución de los bienes y haciendas que les habían
tomado, y que pusiesen la cosa en tela de juicio, según se determinaba
en los artículos del tratado de paz, jamás lo habían querido hacer.
Por todo esto parecía a los lacedemonios que la culpa del rompimiento
de la paz, que había sido en la guerra precedente de su parte, era
ahora de la de los atenienses, y por ello iban de mejor gana contra
ellos.
Ordenaron a los demás peloponesios que hiciesen provisión de
herramienta, y los otros materiales convenientes para combatir los
muros de Decelia, mientras ellos aparejaban las otras cosas necesarias.
Además les obligaron a proveer de dinero para el socorro que enviaban
a Sicilia por la parte que les tocaba, según hacían los mismos
lacedemonios.
En esto pasó aquel invierno que fue el fin del decimoctavo año de la
guerra que escribió Tucídides.
Al principio de la primavera[13] los lacedemonios con sus aliados,
invadieron súbitamente la tierra de los atenienses al mando de Agis,
hijo de Arquidamo, rey de Lacedemonia, y poco después talaron y robaron
las tierras bajas que están en los confines.
De allí pasaron a cercar de muro la villa de Decelia, y dieron cargo a
cada cual de las ciudades confederadas según su posibilidad para que
hiciesen a su costa una parte del muro.
Estaba Decelia lejos de Atenas cerca de ciento veinte estadios[14],
y casi otros tantos apartada de Beocia, y por esta causa, estando
amurallada, y teniendo gente de guarnición dentro, podían desde ella, a
su salvo, recorrer y robar las tierras bajas hasta la ciudad de Atenas.
Mientras hacían el muro de Decelia, los peloponesios que habían quedado
en su tierra, enviaron socorro a Sicilia en sus naves, a saber: los
lacedemonios seiscientos hombres de los más escogidos de sus hilotas
o siervos y de los emancipados, al mando del espartano Écrito; los
beocios trescientos, mandados por los tebanos Jenón y Nicón y el tespio
Hegesandro. Estos fueron los primeros que al partir del puerto de
Ténaro, en Laconia, hicieron vela y se metieron en alta mar.
Poco después los corintios enviaron quinientos hombres de guerra,
así de su gente como de los arcadios, que habían tomado a sueldo, de
los cuales iba por capitán el corintio Alexarco, y con ellos fueron
doscientos soldados sicionios a las órdenes del sición Sargeo.
Por otra parte, los veinticinco trirremes que los corintios habían
enviado el invierno anterior contra los veinte de los atenienses, que
estaban en Naupacto para guardar el paso, se hallaron frente a Naupacto
mientras pasaban las naves de carga que llevaban los soldados.
En este mismo principio de la primavera, a la sazón que se hacía el
muro junto a Decelia, los atenienses enviaron treinta trirremes a la
costa del Peloponeso al mando de Caricles, y le ordenaron que fuese
a los argivos y les pidieran de su parte gente de guerra para estos
trirremes, conforme al tratado de alianza.
Por otra parte, conforme a lo determinado para proveer en las cosas
de Sicilia, enviaron a Demóstenes con sesenta naves de las suyas y
cinco de las de Quíos, en las cuales había mil doscientos soldados
atenienses, y de los isleños tantos cuantos pudieron hallar que fuesen
para tomar armas. Mandaron a Demóstenes que al paso se juntase con
Caricles y ambos recorriesen y robasen la costa marítima de Laconia.
Con esta orden partió Demóstenes derechamente al puerto de Egina,
donde esperaba las otras naves de su armada que no habían llegado aún,
y también el regreso de Caricles que había ido con la misión a los
argivos.